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miércoles, 22 de junio de 2016

El ‘cortapega’ genético llega a los humanos: un comité de EE UU da luz verde al primer ensayo de CRISPR para tratar tres tipos de cáncer

La revolucionaria técnica de edición genética conocida como CRISPR está a punto de ser aprobada para usarse en humanos por primera vez. El panel de los Institutos de Salud de EE UU (NIH) que supervisa todos los proyectos que pretenden modificar el ADN humano aprobó ayer un ensayo clínico que probará un tratamiento contra el cáncer basado en esta técnica.

El CRISPR es equiparable a un editor de textos que se aplica sobre el genoma y permite cortar y pegar varios genes a la vez. La tecnología que ha revolucionado la investigación biomédica y se piensa que ahora puede tener un importante potencial terapéutico.

El objetivo de este primer ensayo clínico será probar si CRISPR es seguro para usarse en humanos. Participarán 18 pacientes con mieloma, sarcoma y melanoma. Primero se extraerán linfocitos T, un tipo de glóbulos blancos, de cada paciente. Después se usará CRISPR para modificar tres genes en cada linfocito. Esas modificaciones permitirán que estas células del sistema inmune sepan identificar y atacar selectivamente a las células del cáncer de forma más efectiva que tratamientos similares como la inmunoterapia.

Esta no es la primera vez que se prueba una nueva técnica de edición genética en humanos, pero sí es el estreno de CRISPR, considerado el sistema de copiapega genético por antonomasia por su facilidad de uso y su capacidad de modificar varios genes de una vez.

La técnica se usa ya en laboratorios de investigación básica de todo el mundo pero aún no están claros sus posibles efectos secundarios. Uno de los que se estudiarán en este primer ensayo es si las tijeras que usa CRISPR para modificar el genoma hacen cambios no deseados en el genoma, lo que podría causar serias reacciones inmunitarias en los pacientes. Tras la luz verde del NIH, el ensayo debe ser aprobado por la agencia del medicamento de EE UU, la FDA, y por paneles en los tres centros de investigación que lo llevarán a cabo: la Universidad de Pensilvania, el Centro de Cáncer MD Anderson de Houston y la Universidad de California en San Francisco.

El ensayo será financiado por el expresidente de Facebook Sean Parker a través de la fundación que ha creado para promover el desarrollo de inmunoterapia contra el cáncer, a la que ha dedicado 220 millones de euros. Este antiguo hacker y cofundador del programa Napster para compartir archivos de música cree que estas nuevas terapias basadas en modificar el propio sistema inmune del paciente son muy prometedoras y que posiblemente los linfocitos se pueden reprogramar como si fueran ordenadores.

Muchas de las mayores compañías farmacéuticas del mundo están desarrollando nuevos fármacos basados en la inmunoterapia. El principal problema de estos nuevos fármacos es que no funcionan en parte de los pacientes. El equipo responsable del nuevo ensayo piensa que CRISPR puede marcar la diferencia ya que permite añadir cambios adicionales en el genoma de los linfocitos que aumentan su efectividad antitumoral.


FUENTE: El País

lunes, 22 de febrero de 2016

Una alteración bioquímica, responsable de la resistencia de tumores cerebrales agresivos

Científicos de la Universidad Autónoma de Barcelona han identificado la alteración bioquímica y molecular que provoca la resistencia a la radioterapia y la quimioterapia en el glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo. El hallazgo podría permitir, en un futuro, diseñar nuevas terapias más eficaces.
El glioblastoma es la manifestación más agresiva de los tumores cerebrales. Debido a la elevada capacidad invasiva y su crecimiento descontrolado infiltrativo, es un tumor especialmente difícil de tratar. Actualmente, el tratamiento establecido para los pacientes con estos tumores consiste en la combinación de cirugía (cuando es posible), radiación y quimioterapia.

Esta terapia combinada ha resultado ser parcialmente eficaz, aumentando la supervivencia global de los pacientes alrededor de 15 meses. Sin embargo, esta aproximación sigue siendo ineficaz para erradicar completamente las células malignas y, por desgracia, las recurrencias son otro de los hechos característicos de este cáncer.

Un equipo de investigadores del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), junto con el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, la Universidad de Barcelona, ​​el Hospital Universitario de Bellvitge y el Instituto Catalán de Oncología, ha identificado una alteración molecular común en el glioblastoma.

Los científicos han observado que las células de este tipo de tumor albergan un defecto intrínseco común que consiste en una incapacidad para degradar su material genético durante la apoptosis, la forma más importante de muerte celular programada inducida por la radioterapia y por agentes quimioterapéuticos. Los resultados se publican en la revista Neuro-Oncology.

Este defecto está relacionado con una enzima: la endonucleasa activada por caspasas, DFF40 / CAD. Esta enzima, esencial para que la célula degrade su ADN durante la apoptosis, aparece disminuida y localizada de manera incorrecta dentro de las células tumorales en comparación con las no tumorales.
Los investigadores han observado que la sobreexpresión de la enzima permite a las células de glioblastoma degradar correctamente su contenido genómico, de acuerdo a lo que se espera de una muerte celular apoptótica.

La degradación del ADN durante la apoptosis es esencial para que la posterior eliminación de los restos celulares se produzca de forma correcta. De hecho, la falta de degradación y eliminación del material genético proveniente de células malignas podría acarrear consecuencias perjudiciales para el organismo, como el rebrote de nuevos procesos tumorales, a menudo más agresivos que el original.

Diseñar terapias más eficaces

A pesar de los esfuerzos realizados durante la última década, hasta ahora no se había encontrado ningún defecto genético ni bioquímico común en células de glioblastoma. El descubrimiento, los bajos niveles de expresión de la enzima endonucleasa DFF40 / CAD observados y la deficiencia para degradar y compactar de forma adecuada su material genético, constituyen un potencial marcador molecular en este tumor.

Además, el hecho de que esta alteración se haya observado en todos los casos estudiados hace pensar en su posible relevancia de cara a entender la agresividad de este cáncer. Los investigadores esperan que estos nuevos resultados ayuden a entender mejor lo que está pasando en el interior del tumor y, tal vez, permitan diseñar en un futuro nuevas terapias más eficaces para esta enfermedad letal.

Este hallazgo es el resultado de una estrecha colaboración entre la investigación básica y la clínica. El doctor Víctor J. Yuste, investigador del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UAB y del Instituto de Neurociencias de la UAB, ha liderado un equipo multidisciplinar de investigadores de investigación básica, neurooncólogos, patólogos y neurocirujanos del mismo la Instituto de Neurociencias, del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED), del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, la Universidad de Barcelona, ​​el Hospital Universitario de Bellvitge y el Instituto Catalán de Oncología.


FUENTE: Agencia SINC

jueves, 4 de febrero de 2016

Descubren mecanismo que provoca tumores infantiles por la fusión de dos genes

Científicos en EE.UU. han identificado los mecanismos genéticos que causan un tipo de tumor cerebral infantil, lo que representa un avance para su diagnóstico y tratamiento, reveló un estudio que publica hoy la revista británica "Nature".

Una inusual anormalidad del ADN en menores es la responsable de la aparición del "glioma angiocéntrico", un tipo de tumor perteneciente al grupo de gliomas pediátricos de bajo grado (PLGG, sus siglas en inglés) y, hasta la fecha, no se le había podido señalar como su origen.

El estudio, liderado por expertos en el Hospital Infantil de Filadelfia (CHOP) y el Instituto sobre el Cáncer Dana-Farber (DFCI) de Boston, demostró que un gen que causa tumores cerebrales en menores presenta una "triple amenaza" al operar simultáneamente a través de tres mecanismos biológicos distintos, el primer ejemplo de este tipo que se conoce en la investigación oncológica.

Según sus autores, este hallazgo presenta, a su vez, "beneficios triples", pues mejorará la precisión de los diagnósticos, ofrecerá "pistas" para crear tratamientos más eficaces y ampliará el conocimiento de los proceso moleculares que provocan otros tipos de cáncer.

Hasta ahora, recuerdan los expertos, no existían pruebas patológicas definitivas para ayudar a identificar los "gliomas angiocéntricos", cuyo nombre refleja la tendencia de sus células cancerígenas a alinearse en torno a los vasos sanguíneos del cerebro.

Entre los primeros síntomas que propician su diagnóstico figuran convulsiones y, aunque están clasificados como tumores, no son malignos y no desarrollan metástasis, por lo que, normalmente, son tratados con cirugía y, en la mayoría de los casos, no es necesario recurrir a la radio o quimioterapia.

Sin embargo, dado que han sido descubiertos hace apenas una década y que resulta difícil identificarlos con total precisión, algunos pacientes reciben terapia adicional para evitar su reaparición, lo que, a menudo, afecta al crecimiento cerebral.

"Ahora sabemos que estos gliomas angiocéntricos tienen una biología diferente y ahora conocemos la manera exacta de identificarlos", explicó en un comunicado el investigador del DFCI Rameen Beroukhim, coautor principal del estudio junto a Keith Ligon (DFCI) y Adam Resnick (CHOP).

Para esta investigación analizaron datos de 249 tumores PLGG, entre ellos 19 gliomas angiocéntricos, y descubrieron que su causante es la reordenación de segmentos de ADN que unen o fusionan dos genes distintos, el MYB y el QKI.

El MYB es un "proto-oncogen" -un gen normal que, no obstante, puede convertirse en un gen cancerígeno- y el QKI es un gen supresor de tumores cuya función es evitar que las células se tornen malignas.

Cuando ambos genes se juntan, los científicos constataron que el nuevo MYB-QKI desencadena no solo uno, sino tres mecanismos que convergen para crear un tumor.

"Esta es la primera vez que se demuestra que el reordenamiento de un único factor causante transforma simultáneamente las células a través de tres mecanismos genéticos y epigenéticos en un cáncer", apunta Beroukhim.

Como consecuencia de este hallazgo, agrega, los gliomas angiocéntricos deben de ser clasificados como una entidad biológica independiente, extremo confirmado por la presencia de una fusión de genes.

"Esto -dice- podrá ayudar a distinguir a los gliomas angiocéntricos de los tumores con un alto índice de recurrencia, los cuales pueden necesitar tratamientos adicionales".


FUENTE: eldia.es

martes, 10 de noviembre de 2015

Médicos españoles logran detectar el tumor cerebral con una sencilla prueba

El doctor Joan Seoane, principal autor del estudio sobre biopsia con líquido cefalorraquídeo

Investigadores del Instituto de Oncología del Vall d'Hebron han demostrado que un análisis del líquido cefalorraquídeo permite valorar el pronóstico de un tumor, al mismo tiempo que ofrece datos útiles para establecer un tratamiento más personalizado y llevar a cabo una vigilancia de la evolución del cáncer de cerebro. Este avance permitirá conocer mejor la situación del paciente y llevar a cabo un seguimiento más estrecho del mismo.

Hasta ahora las biopsias líquidas se han centrado en realizar análisis de muestras sanguíneas para evaluar diferentes tipos de tumores, que van desde el pulmón, el de mama, colorrectal o el de próstata. Sin embargo, cuando el cáncer se da en el cerebro, la barrera hematoencefálica que lo rodea hace que sean pocos los fragmentos de ADN del tumor que escapan a la sangre, por lo que un análisis sanguíneo en este sentido no es viable.

Por este motivo, lo que tenían que hacer los médicos para conocer el tipo de tumor y sus características, algo necesario para establecer un tratamiento, era hacer una biopsia del tumor, es decir, extraer tejido cerebral mediante una punción o una cirugía.

"Lo que en cáncer cada vez tenemos más clara es que para tratar bien al paciente hay que caracterizar el tipo de tumor. Hasta ahora necesitábamos una pieza de ese tumor para analizarla, esto era arriesgado y muy invasivo porque implicaba la perforación del cráneo y realizar incisiones en áreas implicadas con funciones importantes como el habla, por lo que muchas veces no se hacía", explica a EL MUNDO el doctor Joan Seoane, director del programa de Investigación Traslacional del VHIO, profesor ICREA Y profesor asociado de la Universitat Auònoma de Barcelona que ha liderado el estudio cuyos datos ha publicado la revista Nature Communications.

Los éxitos conseguidos con la biopsia líquida en sangre animaron a los investigadores del centro catalán a buscar otra manera similar de localizar ADN de los tumores cerables. "Pensamos en el líquido cefalorraquídeo porque circula por el parénquima cerebral y baja por la médula espinal. Y lo que vimos es que en él hay mucho ADN tumoral", afirma Seoane.

Y para demostrar su utilidad en diferentes tipos de tumores cerebrales, los investigadores llevaron a cabo un análisis del líquido cefalorraquídeo en 23 pacientes que o bien tenían tumores primarios (aparecen por primera vez en el cerebro) o metastásicos (tumor que viaja de una zona al cerebro) de mama o de pulmón. "Lo que hemos comprobado es que este análisis, que es poco invasivo (el líquido cefalorraquídeo se extrae con un pinchazo como el que reciben las mujeres que se ponen la epidural) y sencillo de realizar, sirve para caracterizar molecularmente al tumor, tanto si es primario como metastásico, con lo que permite aplicar un tratamiento adecuado a cada uno de ellos", afirma el investigador catalán.

La técnica podría ser especialmente útil en un tipo de tumor cerebral, el glioblastoma, el más agresivo y frecuente. El problema de este cáncer es que a pesar de la cirugía y el tratamiento con radioterapia y quimioterapia, el tumor vuelve a reaparecer al tiempo y cuando lo hace suele haber cambiado, por lo que hay que volver a realizar un estudio porque para precisar otro tratamiento. Esta prueba facilita ese seguimiento porque es más sencilla y menos agresiva para el paciente.

Pero también será especialmente útil para tratar las metástasis derivadas de un tumor de mama o de pulmón ya que normalmente son distintas al cáncer primario y el tratamiento también lo debe ser. "Si podemos caracterizar la metástasis cerebral, sabremos cómo tratarla".

Esta prueba además permitirá guiar las intervenciones quirúrgicas de una forma más precisa. En función del tipo de tumor, "los neurocirujanos tienen que realizar un tipo de cirugía u otra. El cirujano necesita saber el pronóstico del paciente, porque si su supervivencia es muy limitada tendrá que tomar más riesgos", indica Seoane que señala que este logro es fruto de un trabajo en equipo donde han participado neurocirujanos, patólogos y oncólogos."

Gracias a la suma de éxitos en la aplicación de la biopsia líquida de plasma en otros tumores, el uso del ADN tumoral circulante en el líquido cefalorraquídeo como biopsia líquida para tumores cerebrales podría ser un método mucho menos invasivo que la biopsia estándar en tejido para caracterizar las alteraciones genéticas del nuevo tumor. Esta nueva aproximación a la biopsia líquida puede ayudar a plantear, en algunas ocasiones, un nuevo tratamiento experimental pero más específico y por tanto potencialmente más adecuado, lo que además podría mejorar las respuestas clínicas a fármacos dirigidos", ha señalado el doctor Josep Tabernero, director del VHIO y jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d'Hebron, quien ha realizado numerosas aportaciones al novedoso campo de la biopsia líquida.

A diferencia de otros tumores, en los que se ha avanzado enormemente en los últimos años en nuevos tratamientos, en los de cerebro no se ha conseguido tantas mejoras. Sin embargo, lo logrado ahora por este centro permitirá marcar un antes y un después. "El conocimiento nos da la posibilidad de tratar mejor. Esta técnica abre un campo de oportunidades a muchos niveles. Por un lado, tenemos ya en marcha un proyecto para comprobar, porque eso es lo que hemos visto en algún caso, que el análisis del ADN cerebral en el líquido cefalorraquídeo es más sensible a veces que las técnicas de imagen, por lo que se podría llevar a cabo un diagnóstico precoz. Por otro lado, otro estudio intentará caracterizar los glioblastomas y los tumores en pacientes pediátricos para ver cómo de agresivo se debe ser con el tratamiento y ajustarlo a cada uno. Y por último, creo que esta prueba permitirá descubrir nuevas dianas terapéuticas, algo muy requerido en este campo de la oncología", concluye Seoane que quiere recordar que este estudio ha podido realizarse por la financiación en parte de la Asociación Española Contra el Cáncer, fruto de las aportaciones de los ciudadanos.

FUENTE: El Mundo

viernes, 11 de septiembre de 2015

LOS AVANCES EN BIOLOGÍA PROTEICA CERCAN AL CÁNCER


Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en España, desarrollaron una innovadora estrategia terapéutica para impedir el crecimiento de adenocarcinomas, concretamente de pulmón. Para ello, han bloqueado el funcionamiento de una de las proteínas (la TRF-1) que forma parte de la estructura de los telómeros.

Desde finales de los años 90, la investigación sobre los telómeros o extremos de los cromosomas ha permanecido siempre en primera línea de estudio de la biología, con una gran repercusión. Este se ha convertido así en uno de los temas de mayor impacto en el campo de los estudios clínicos.

Los telómeros son estructuras ubicadas en los extremos cromosómicos que tienen gran importancia en el buen funcionamiento del material genético. Los biólogos se han ido sorprendiendo de la inesperada complejidad de estas estructuras y de la importancia que tienen en salud humana.

Así, por ejemplo, se ha logrado saber que existe correlación entre el tamaño de éstos y el envejecimiento. Por otro lado, defectos asociados a estas pequeñas estructuras cromosómicas se están vinculando cada vez más a mayor número de enfermedades, incluyendo numerosos tipos de cáncer.

El equipo de investigación, liderado por María A. Blasco del CNIO, ha dado un gran paso en la investigación sobre el cáncer, tal y como publicaron en la revista EMBO Molecular Medicine, recientemente. Estos científicos han comprobado, en ratones, que el bloqueo o inhibición de la proteína shelterina TRF-1, es efectivo para inhibir el crecimiento de adenocarcinomas (cánceres de tipo glandular) de pulmón.

Por otro lado, y no menos importante, observaron que la toxicidad provocada para la inhibición de tal proteína no es elevada para los tejidos sanos. Por lo tanto, es perfectamente tolerable por el cuerpo humano sin que tenga que sufrir devastadores efectos secundarios.

Estos resultados demuestran por primera vez que la desprotección de los telómeros puede constituir una potencial diana terapéutica para el tratamiento del cáncer de pulmón.

¿Qué son los telómeros?

Nuestras células presentan unas estructuras altamente organizadas denominadas cromosomas que contienen la mayor parte de la información genética (ADN). Pues bien, los extremos de estos cromosomas se denominan telómeros. ¿Para qué sirven realmente estas estructuras? ¿Desempeñan un papel tan importante como para estar relacionados con enfermedades de tal envergadura como el cáncer?

Las investigaciones realizadas hasta la fecha, así lo demuestran. De hecho, tras haber sido muy importantes en los estudios sobre el envejecimiento celular, ahora han pasado a ser uno de los objetivos fundamentales de los científicos que investigan el cáncer y su posible tratamiento. Aclaremos un poco todo esto.

Los telómeros sellan, de alguna manera, los extremos de los cromosomas previniendo la fusión entre ellos y permitiendo la división celular sin problemas. Además también tienen como función evitar la pérdida de información genética cada vez que la célula se divide. Es decir, protegen la integridad del cromosoma e impiden la pérdida de genes importantes para la vida de la célula.

A medida que vamos envejeciendo, nuestras células se van dividiendo una y otra vez. En este proceso el extremo final del telómero no es copiado, lo que implica un pequeño acortamiento progresivo de estas estructuras. Sin embargo, el acortamiento de ADN sufrido con cada división celular no es, en principio, importante.

Con el paso del tiempo, la longitud telomérica de cada tipo de célula va disminuyendo, algo que nos proporciona información sobre la edad biológica de nuestros órganos y tejidos. A medida que se han llevado a cabo sucesivas divisiones, los telómeros alcanzan, finalmente, un tamaño crítico y esto conlleva inestabilidad en el cromosoma y pérdida de viabilidad celular.

Cuando es alcanzado este tamaño crítico, la célula interpreta que se ha producido un daño irreparable. ¿Cómo reacciona entonces? Simplemente deja de dividirse, y en consecuencia los tejidos no se regeneran. Una actividad que ocurre paulatinamente en nuestro cuerpo de forma progresiva y natural. De esta manera la célula se asegura que la información genética queda intacta, limitando a la vez la vida de la célula sin permitir su crecimiento incontrolado.  Hasta aquí un proceso normal en una persona sana.

Telómeros y cáncer

En las células normales existe una enzima denominada telomerasa, que tiene capacidad de alargar los telómeros de nuevo y evitar las disfunciones existentes en células potencialmente patológicas.

En este sentido, y como hemos explicado, las sucesivas divisiones celulares provocan acortamiento de los telómeros. Pues bien, paulatinamente, las células tras una serie de ciclos de división se van encaminando hacia la senescencia celular, es decir, al envejecimiento y finalmente, la muerte celular.

En las células cancerígenas esta actividad es eludida y no se produce la muerte celular. Por esta razón las células cancerígenas no paran de crecer y dividirse. Uno de los métodos que emplean para evitar esta senescencia es la activación de un complejo enzimático en el que participa la enzima telomerasa.

Si se inhibiese esta enzima, tal y como explican los autores del estudio, se podría hablar de un acercamiento al tratamiento del cáncer. Sin embargo, el tiempo necesario para obtener este acortamiento es demasiado largo y no sería un tratamiento efectivo frente a tumores de gran agresividad. De ahí que los autores del estudio hayan optado por otra estrategia.

Atacando al cáncer

La enorme importancia del trabajo de investigación realizado por el equipo de la doctora Blasco radica, precisamente, en esta nueva estrategia. En él estudian un nuevo camino para llegar a desarrollar una solución viable para el tratamiento del cáncer en humanos.

Este nuevo camino consiste en el bloqueo de otro tipo de proteína, la TRF-1, Telomeric Repeat binding Factor 1, que forma parte también de los telómeros y que es un factor de unión básico para el mantenimiento de la longitud de estos. Para lograrlo emplearon ratones a los que, previamente, les indujeron el desarrollo de un adenocarcinoma pulmonar muy agresivo.

Pues bien, los investigadores bloquearon la acción de la proteína shelterina TRF-1 en estos ratones y estudiaron también el nivel de toxicidad del procedimiento. Los biólogos observaron que la desprotección de los telómeros, mediante la inhibición de la TRF-1, implica un bloqueo del crecimiento del cáncer. Y además comprobaron que la inhibición de la unión de esta proteína a los telómeros bloquea el crecimiento de carcinomas ya establecidos, sin afectar la supervivencia del animal ni la función del tejido.

Una vez establecido que la nueva diana terapéutica era efectiva en la paralización del crecimiento de los tumores, al tiempo que no implica una gran toxicidad, el grupo de investigación buscó compuestos químicos que mostraran acción inhibitoria contra la TRF1. Comprobaron que es posible encontrar potenciales fármacos que pueden inhibir esta proteína y que tengan además un efecto terapéutico beneficioso.

Defectos en los telómeros

Las investigaciones sobre los telómeros, como hemos visto, no se limita al cáncer. Ni mucho menos. Actualmente existen muchos ejemplos en los que la investigación telomérica tiene mucho que decir.

En este sentido se ha comprobado, recientemente, que si se dañan los telómeros, y además existen una serie de factores ambientales condicionante añadidos, se pueden generar enfermedades tan relevantes como la fibrosis pulmonar.

De hecho, se sabe que muchos pacientes que padecen fibrosis pulmonar idiopática tienen telómeros más cortos de lo normal. Y precisamente, esta es una de las enfermedades más frecuentes entre aquellas personas que presentan mutaciones en los genes relacionados con el mantenimiento de los telómeros.

Por tanto, las alteraciones en la estructura y/o funcionamiento de estos capuchones constituyen una de las causas que subyacen a enfermedades asociadas con el envejecimiento y a cánceres de diverso tipo. Todo ello nos lleva a pensar que seguiremos informando de nuevos avances en estas regiones de nuestro material genético.

Referencia:

García-Beccaria M, et al. Therapeutic inhibition of TRF1 impairs the growth of p53-deficient K-RasG12V-induced lung cancer by inductin of telomeric DNA damage. EMBO Molecular Medicine (2015). DOI: 10.15252/emmm.201404497.


FUENTE: Investigación y Desarrollo

miércoles, 10 de junio de 2015

Identifican una conexión entre la longevidad de las células y el cáncer


Investigadores del IDIBAPS del Hospital Clínic y de la Universidad de Barcelona (UB) son los responsables del estudio.

Investigadores del IDIBAPS del Hospital Clínic y de la Universidad de Barcelona (UB) han liderado un estudio que ha revelado una conexión desconocida hasta ahora entre los cambios epigenéticos asociados a la maduración de los linfocitos y los observados en el cáncer.
La investigación, que publica hoy la revista Nature Genetics, ha demostrado que el proceso de envejecimiento celular y el cáncer comparten modificaciones similares en amplias regiones del genoma, lo que cuestiona los modelos actuales de la epigenética del cáncer.
El trabajo, dirigido por Iñaki Martín-Subero, investigador del Departamento de Anatomía Patológica, Farmacología y Microbiología de la UB y del IDIBAPS, ha analizado por primera vez el epigenoma durante la maduración celular de los linfocitos B, las células del sistema inmune encargadas de producir los anticuerpos, y ha proporcionado los mapas epigenéticos de cada paso de este proceso.
Martín-Subero ha explicado que en 2001, tras finalizar la secuenciación del genoma humano, los científicos vieron que conocer la secuencia completa del ADN no permitía comprender su función o cómo una misma secuencia genética podía dar lugar a los múltiples tipos celulares que componen el organismo. Por eso surgió el estudio del epigenoma, que es todo aquello que altera la expresión de los genes sin modificar la cadena de ADN.
La investigación dirigida por Martín-Subero ha profundizado en los procesos epigenéticos que tienen lugar durante la maduración de los linfocitos B de la sangre y demuestra que el epigenoma humano es mucho más dinámico de lo que se creía porque en el proceso de maduración normal de estas células cambia un 30% del epigenoma, lo que afecta a varios millones de regiones del genoma.
"Esta puede ser la clave para que un solo genoma pueda generar la gran cantidad de células con funciones diferentes que componen nuestro organismo", ha señalado Martín-Subero.
El estudio también revela que, a diferencia de lo que se creía hasta ahora respecto a la metilación del ADN, el principal mecanismo epigenético, solo una pequeña proporción de los cambios en el grado de metilación tienen que ver con la expresión de los genes.
Según Martín-Subero, "parece que la metilación es la que imprime en el ADN la historia de las células desde su origen en la célula madre hasta que están totalmente diferenciadas. Nos habla de qué regiones del genoma tienen funciones esenciales para la maduración de los linfocitos, de cuánto han proliferado durante este proceso y también de su edad celular".
Esta nueva investigación ha revelado que más de la mitad de los cambios epigenéticos que se creían específicos de las células tumorales se observan ya en células de la sangre de larga vida.
"Hemos encontrado una firma epigenética en los linfocitos de larga vida que anteriormente solo se asociaba a las células del cáncer. Este trabajo propone un nuevo modelo integrador en el cual la longevidad celular, tanto si ocurre en el contexto del cáncer, del envejecimiento o de células sanas se asocia con características epigenéticas similares", ha explicado Martín-Subero.
En este trabajo han participado laboratorios de Barcelona, Madrid y Pamplona e investigadores de instituciones de Alemania, Francia, Holanda, Reino Unido, Estados Unidos y Corea del Sur.
Para poder descifrar cómo cambia el epigenoma a medida que los linfocitos maduran, la participación del Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG) de Barcelona ha sido esencial.
Según el director del CNAG, Ivo Gut, "este estudio ha requerido la aplicación de técnicas avanzadas de secuenciación masiva y el desarrollo de nuevos métodos de análisis".
La investigadora de la UB Marta Kulis ha comentado que el análisis de los datos ha sido un auténtico desafío: "Hemos trabajado durante 3 años para realizar los experimentos y extraer toda la información contenida en la enorme cantidad de datos generados".
Según los investigadores, el estudio abre nuevos horizontes en el estudio de las células del sistema inmune, el envejecimiento y el cáncer y ofrece a la comunidad científica una nueva herramienta con implicaciones tanto en investigación básica como traslacional.
El director de Investigación del Hospital Clínic y catedrático de la UB, Elias Campo, ha subrayado que "la mayor contribución de este trabajo es que proporciona una nueva visión que relaciona la maduración celular normal y el cáncer y que cambia nuestra manera de percibir el epigenoma de esta enfermedad".

FUENTE: La Vanguardia

miércoles, 13 de mayo de 2015

Análisis de ADN en la sangre mejoran el control del cáncer

El oncólogo César Serrano, de Vall d'Hebron, recibe la Beca Fero para desarrollar la investigación | El material genético procedente de células tumorales indica si un paciente responde al tratamiento | El proyecto se centrará en un raro tipo de tumor llamado GIST, pero los resultados serán útiles en otros cánceres


Un proyecto del Institut d’Oncologia de Vall d’Hebron (VHIO) para detectar con análisis de sangre si un cáncer responde al tratamiento ha recibido la beca de investigación de la Fundación Fero, concedida en una gala celebrada en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). El resultado de estas biopsias líquidas permitirá cambiar pronto de tratamiento a partir del momento en que deje de ser eficaz. El proyecto se centrará en un raro tipo de cáncer llamado tumor del estroma gastrointestinal (también conocido por las iniciales inglesas GIST). Pero “los resultados serán útiles para otros cánceres con un comportamiento similar como algunos de mama, de pulmón o colorrectales”, declara César Serrano, director del proyecto de investigación.
El GIST se caracteriza porque un único gen explica el origen y la progresión de más del 90% de casos de la enfermedad. En la jerga de los oncólogos, se dice que el cáncer es adicto al gen KIT.
Aunque el fármaco imatinib frena la enfermedad, en algunos casos durante meses y a menudo durante años, el cáncer acaba progresando en la gran mayoría de los pacientes por la proliferación de células cancerosas resistentes al fármaco.
Cuando se da esta situación, los oncólogos disponen de dos fármacos alternativos: el sunitinib y el regorafenib. Pero estos dos fármacos no actúan exactamente del mismo modo y su eficacia depende de las mutaciones concretas que presente el gen KIT.
“Con la biopsia líquida, analizaremos el ADN de las células tumorales que circula en la sangre. Esto nos permitirá saber qué mutaciones tiene el gen KIT en cada paciente y qué fármaco es más apropiado para él”, informa César Serrano.
En el proyecto, financiado con la beca de 70.000 euros dela Fundación Fero, participarán quince pacientes de Vall d’Hebron y otros hospitales del área metropolitana de Barcelona. El estudio se centrará en pacientes que tenga metástasis y hayan sido tratados previamente con imatinib.
La biopsia líquida indicará tanto la cantidad de ADN de origen tumoral que hay en la sangre como el tipo de mutaciones concretas que presenta el gen KIT. En los casos en que un paciente requiera cirugía para extirpar una metástasis, lo cual no es infrecuente en el GIST, se compararán los resultados de la biopsia líquida con los del tejido extirpado del paciente. De este modo, se podrá comprobar hasta qué punto la biopsia líquida refleja lo que ocurre en el tumor.
También está previsto estudiar cómo evolucionan las células tumorales según el tratamiento que reciba cada paciente. “Nuestro objetivo es poder predecir con un análisis de sangre cuándo un tratamiento dejará de ser eficaz y es conveniente sustituirlo por otro”, explica Serrano.
Nacido en Salamanca en 1981, el oncólogo se incorporó al instituto VHIO de Vall d’Hebron el año pasado después de haber trabajado durante tres años en la Escuela de Medicina de Harvard en Boston (EE.UU.). En el instituto VHIO es responsable del área de investigación traslacional en sarcomas.
El GIST afecta a unas 100 personas al año en Catalunya y a unas 600 en el conjunto de España. Pero los resultados de la investigación pueden ser útiles para mejorar el tratamiento de otros cánceres adictos a un gen. Entre ellos destacan, por su frecuencia, los cánceres de mama derivados de mutaciones del gen HER2 (que representan el 20% de todos los cánceres de mama), los cánceres de pulmón y colorrectales dependientes del gen EGFR y los melanomas asociados al gen BRAF. 
La concesión de la beca Fero de investigación, que llega a su octava edición, reunió el 11 de mayo a más de 800 personas en una gala celebrada en el MNAC. El acto, presentado porla periodista Helena Garcia Melero, congregó a una nutrida representación de la sociedad civil y de la comunidad médica de Barcelona. Entre los asistentes se encontraban el alcalde (y pediatra) Xavier Trias; el conseller de Salut (y traumatólogo) Boi Ruiz; el oncólogo Josep Baselga, presidente de la Fundación Fero; la empresaria Sol Daurella, vicepresidenta de dicha fundación; Javier Godó, conde de Godó, presidente-editor de La Vanguardia; y el oncólogo Josep Tabernero, director del VHIO. 

FUENTE: La Vanguardia

jueves, 16 de abril de 2015

"Leer" el ADN para vencer al cáncer


Uno de los principales retos de la medicina es adaptar el tratamiento al perfil del paciente y su enfermedad, es decir, dar el fármaco adecuado en su dosis justa. En Oncología, los avances ocurridos en las últimas décadas han permitido desarrollar terapias con menos efectos secundarios y más eficaces. Ahora se persigue seleccionar el medicamento en función de las características de la persona y de su tumor y para ello se están estudiando cientos de mutaciones genéticas que son las que definen el proceso tumoral y su evolución. Algunas de estas investigaciones, recogidas hoy en la revista Science Translational Medicine, afinan cómo debe ser esa fotografía del genoma para vencer la batalla final contra el cáncer.
"Los análisis del genoma del cáncer probablemente tendrán una utilidad para médicos y pacientes... No podemos tener un planteamiento médico sin uno genómico", así de claro se manifestaba en una teleconferencia Victor E. Velculescu, codirector del Programa de Biología del Cáncer en la Universidad Johns Hopkins y autor de uno de los estudios publicados.
En su investigación -la mayor realizada en este sentido-, secuenciaron el genoma de tumores de 815 pacientes y lo compararon con el de tejido sano de cada uno de ellos. Se trataba dever qué mutaciones genéticas eran importantes para el desarrollo del cáncer y cuáles no. Lo que el grupo de Velculescu comprobó fue que es imprescindible hacer ese análisis comparativo porque, de lo contrario, se producirían falsos positivos, es decir, se identificarían alteraciones genéticas que se vincularían al tumor cuando en realidad están presentes en el ADN de las células sanas.
"Cada vez más, hospitales y compañías están empezando a secuenciar los tumores de los pacientes en un intento de personalizar la terapia. Sin embargo, muchos no analizan el tejido normal de la persona para filtrar aquellos cambios [en el ADN] no relacionados con el cáncer y no comprenden realmente lo que está ocurriendo en el tumor", explica este oncólogo.
"El tumor acumula cientos de mutaciones y no sabemos si tienen un papel protagonista o no. Además, en nuestro genoma constitucional, hay miles de cambios, muchos de ellos inocuos y, de hecho, son los que nos hacen un ser único. Comparando estos dos genomas, podremos clasificar algunas alteraciones como ruido de fondo, otras como constitucionales y el resto como importantes, es decir, separar el grano de la paja, algo muy relevante ya que, gracias al desarrollo tecnológico, hay millones de datos y nos cuesta interpretarlos", explica Conxi Lázaro, del Programa de Cáncer Hereditario del Instituto Catalán de Oncología (ICO) y experta en mutaciones y cáncer.
Este estudio muestra la ineficiencia actual en este campo pues, como explica José Antonio López Martín, oncólogo y responsable de la Unidad de Ensayos Clínicos en Fase Temprana, Sarcoma y Melanoma del Hospital 12 de Octubre, cuando se hacen este tipo de análisis del genoma del cáncer, se realizan en el contexto de un ensayo clínico en el que se toma "material de archivo, de otros estudios, para reanalizarlo y además vamos gen a gen y lo que están planteando estos investigadores es que los estudios deben ser multigénicos".
La secuenciación de los genomas genera una gran cantidad de información que, además de su coste -cada día más barato- supone un trabajo importante a la hora de realizar su interpretación. "Este trabajo lo tendrá que realizar equipos multidisciplinares que emitan un informe al clínico fácilmente interpretable", señala Lázaro.

En evolución

Pero no sólo hay que tener en cuenta el análisis comparativo para filtrar aquellas mutaciones vinculadas con el cáncer, sino que también es necesario saber cuáles de estos cambios aparecen antes y cuáles después para conocer su implicación en el desarrollo del tumor, en la aparición de resistencias a las terapias y en su capacidad de expansión a otros lugares del cuerpo. Esta es la conclusión de otro trabajo realizado por el grupo de Nicholas McGranahan, del Instituto de Investigación Oncológica de Londres, en el que se ha analizado el genoma de 2.500 pacientes con nueve tipos de tumores distintos.
"Uno de los principales retos de la medicina de precisión es descifrar qué mutaciones son eventos precoces, clonales, o cuáles tardías, o episodios subclonales. Estos últimos son menos robustos como dianas terapéuticas debido a su heterogénea naturaleza, porque están presentes en algunas células cancerosas, pero no en otras. Nuestra investigación ofrece un censo del estatus de mutaciones conductoras [aquellas que participan activamente en el desarrollo del tumor]", explica a EL MUNDO McGranahan.
Como apunta, Gloria Ribas, investigadora Miguel Servet del Servicio de Oncología en el Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, "un tumor no está formado por células idénticas mutadas en el mismo sitio. Hay alteraciones que aparecen antes y otras que se van adquiriendo después porque el tumor se adapta a lo que está sucediendo".
Además del catálogo de este tipo de mutaciones, el trabajo inglés aventura que, a medida que evoluciona el tumor, las mutaciones también lo hacen por lo que, en un futuro, habrá que tener en la mano el análisis genómico del tumor en varias etapas para poder ir seleccionando las terapias en aquellos pacientes con recaídas o metástasis.
"Dependiendo del tipo de tumor, algunos adquieren mutaciones en genes conductores que son los que tienen importancia porque son en los que nos basamos para hacer un tratamiento más individualizado. Lo importante es que estas alteraciones pueden aparecer en cualquier momento. También ven [McGranahan y su equipo] que ese incremento de nuevas metástasis no es uniforme en el tumor sino que hay un porcentaje de células que van a ser portadoras de estos subclones", aclara Javier Benítez, director del Programa de Genética del Cáncer Humano del Centro Nacional de Investigaciones Oncológica (CNIO).
Este investigador apunta que los dos trabajos publicados ahora generan conceptos que empiezan a emerger pero que requieren de muchos más estudios y con mayor seguimiento del paciente. "Ahora mismo hacemos un control genético en un momento puntual pero, según estos y otros trabajos, esto genera muchos interrogantes", señala Benítez.

FUENTE: El Mundo