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miércoles, 23 de marzo de 2016

Reducen más 70 % metástasis cerebral en cáncer de pulmón con la silibinina

Investigadores del Instituto Catalán de Oncología (ICO) de Girona han conseguido reducir en más de un 70 % la metástasis cerebral de pacientes con cáncer de pulmón gracias a la silibinina, una sustancia natural que se extrae del cardo borriquero, han informado fuentes del Instituto.

Los investigadores del ICO han descubierto que una sustancia natural, la silibinina, ha reducido entre un 70 y un 85 % la metástasis cerebral de dos pacientes con cáncer de pulmón avanzado y que habían recibido previamente quimioterapia y radioterapia, pero sin experimentar ninguna mejoría.

Con la silibinina, en cambio, ha mejorado su calidad de vida y han reducido sus lesiones cerebrales.

"De momento, hemos descubierto que tiene efectos paliativos pero no sabemos si aplicando el tratamiento en fases más precoces podríamos conseguir no sólo paliar, sino también curar", apunta Joaquim Bosch, oncólogo del Servicio de Oncología Médica del ICO Girona y colaborador del estudio.

La silibinina es una sustancia natural que se extrae de las semillas de la planta Silybum marianum, más conocida como cardo mariano o cardo borriquero.

Hace años que se estudian sus propiedades medicinales, pero no se conseguían resultados porque, suministrada por vía oral, el cuerpo absorbía muy poca cantidad.

Pero ahora, gracias a una nueva formulación de la farmacéutica Euromet Megafármac, los pacientes absorben más cantidad y, por lo tanto, notan sus efectos medicinales.

Los investigadores del ICO Girona -encabezados por Javier Menéndez, jefe del Laboratorio de Metabolismo y Cáncer- han probado el tratamiento en dos enfermos con metástasis cerebral de cáncer de pulmón, y en las últimas semanas han empezado con dos afectados más.

Se trata de pacientes con la enfermedad muy avanzada y a los que no se les puede ofrecer ningún otro tratamiento; y todos ellos han presentado claras muestras de mejoría, aunque los investigadores advierten de que sin más recursos ni más investigación no se pueden sacar conclusiones definitivas.

"Queremos entender cómo funciona y cómo podemos aplicarlo en otras enfermedades; y para ello necesitamos financiación", advierte Menéndez y, de hecho, el siguiente paso de su investigación está claro: elaborar un estudio clínico que permita comprobar con datos objetivos la efectividad de la silibinina en la lucha contra el cáncer.

Además, este descubrimiento abre la puerta a nuevas opciones de tratamiento para los pacientes con cáncer de pulmón, pero también podría tener aplicación en metástasis cerebrales de otros cánceres y en tumores cerebrales primarios como el glioblastoma multiforme.

El cáncer de pulmón es la primera causa de muerte por cáncer a nivel mundial. Un 30 % de los pacientes presentan metástasis en el cerebro a lo largo de su evolución, y estas metástasis son un reto médico porque los únicos tratamientos disponibles son la quimioterapia y la radioterapia, y tienen una actividad limitada.

Ahora, la silibinina se presenta como una nueva arma que podría acabar con las metástasis cerebrales.

Este descubrimiento es el fruto de varios años de trabajo, pues ya en el 2011 el ICO Girona inició una línea de investigación para explorar la actividad de la silibinina en el cáncer de pulmón, y en 2013 se presentaron varios estudios que demostraban que esta sustancia natural tenía actividad antitumoral en líneas celulares y ratones.


FUENTE: eldia.es

viernes, 11 de septiembre de 2015

LOS AVANCES EN BIOLOGÍA PROTEICA CERCAN AL CÁNCER


Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en España, desarrollaron una innovadora estrategia terapéutica para impedir el crecimiento de adenocarcinomas, concretamente de pulmón. Para ello, han bloqueado el funcionamiento de una de las proteínas (la TRF-1) que forma parte de la estructura de los telómeros.

Desde finales de los años 90, la investigación sobre los telómeros o extremos de los cromosomas ha permanecido siempre en primera línea de estudio de la biología, con una gran repercusión. Este se ha convertido así en uno de los temas de mayor impacto en el campo de los estudios clínicos.

Los telómeros son estructuras ubicadas en los extremos cromosómicos que tienen gran importancia en el buen funcionamiento del material genético. Los biólogos se han ido sorprendiendo de la inesperada complejidad de estas estructuras y de la importancia que tienen en salud humana.

Así, por ejemplo, se ha logrado saber que existe correlación entre el tamaño de éstos y el envejecimiento. Por otro lado, defectos asociados a estas pequeñas estructuras cromosómicas se están vinculando cada vez más a mayor número de enfermedades, incluyendo numerosos tipos de cáncer.

El equipo de investigación, liderado por María A. Blasco del CNIO, ha dado un gran paso en la investigación sobre el cáncer, tal y como publicaron en la revista EMBO Molecular Medicine, recientemente. Estos científicos han comprobado, en ratones, que el bloqueo o inhibición de la proteína shelterina TRF-1, es efectivo para inhibir el crecimiento de adenocarcinomas (cánceres de tipo glandular) de pulmón.

Por otro lado, y no menos importante, observaron que la toxicidad provocada para la inhibición de tal proteína no es elevada para los tejidos sanos. Por lo tanto, es perfectamente tolerable por el cuerpo humano sin que tenga que sufrir devastadores efectos secundarios.

Estos resultados demuestran por primera vez que la desprotección de los telómeros puede constituir una potencial diana terapéutica para el tratamiento del cáncer de pulmón.

¿Qué son los telómeros?

Nuestras células presentan unas estructuras altamente organizadas denominadas cromosomas que contienen la mayor parte de la información genética (ADN). Pues bien, los extremos de estos cromosomas se denominan telómeros. ¿Para qué sirven realmente estas estructuras? ¿Desempeñan un papel tan importante como para estar relacionados con enfermedades de tal envergadura como el cáncer?

Las investigaciones realizadas hasta la fecha, así lo demuestran. De hecho, tras haber sido muy importantes en los estudios sobre el envejecimiento celular, ahora han pasado a ser uno de los objetivos fundamentales de los científicos que investigan el cáncer y su posible tratamiento. Aclaremos un poco todo esto.

Los telómeros sellan, de alguna manera, los extremos de los cromosomas previniendo la fusión entre ellos y permitiendo la división celular sin problemas. Además también tienen como función evitar la pérdida de información genética cada vez que la célula se divide. Es decir, protegen la integridad del cromosoma e impiden la pérdida de genes importantes para la vida de la célula.

A medida que vamos envejeciendo, nuestras células se van dividiendo una y otra vez. En este proceso el extremo final del telómero no es copiado, lo que implica un pequeño acortamiento progresivo de estas estructuras. Sin embargo, el acortamiento de ADN sufrido con cada división celular no es, en principio, importante.

Con el paso del tiempo, la longitud telomérica de cada tipo de célula va disminuyendo, algo que nos proporciona información sobre la edad biológica de nuestros órganos y tejidos. A medida que se han llevado a cabo sucesivas divisiones, los telómeros alcanzan, finalmente, un tamaño crítico y esto conlleva inestabilidad en el cromosoma y pérdida de viabilidad celular.

Cuando es alcanzado este tamaño crítico, la célula interpreta que se ha producido un daño irreparable. ¿Cómo reacciona entonces? Simplemente deja de dividirse, y en consecuencia los tejidos no se regeneran. Una actividad que ocurre paulatinamente en nuestro cuerpo de forma progresiva y natural. De esta manera la célula se asegura que la información genética queda intacta, limitando a la vez la vida de la célula sin permitir su crecimiento incontrolado.  Hasta aquí un proceso normal en una persona sana.

Telómeros y cáncer

En las células normales existe una enzima denominada telomerasa, que tiene capacidad de alargar los telómeros de nuevo y evitar las disfunciones existentes en células potencialmente patológicas.

En este sentido, y como hemos explicado, las sucesivas divisiones celulares provocan acortamiento de los telómeros. Pues bien, paulatinamente, las células tras una serie de ciclos de división se van encaminando hacia la senescencia celular, es decir, al envejecimiento y finalmente, la muerte celular.

En las células cancerígenas esta actividad es eludida y no se produce la muerte celular. Por esta razón las células cancerígenas no paran de crecer y dividirse. Uno de los métodos que emplean para evitar esta senescencia es la activación de un complejo enzimático en el que participa la enzima telomerasa.

Si se inhibiese esta enzima, tal y como explican los autores del estudio, se podría hablar de un acercamiento al tratamiento del cáncer. Sin embargo, el tiempo necesario para obtener este acortamiento es demasiado largo y no sería un tratamiento efectivo frente a tumores de gran agresividad. De ahí que los autores del estudio hayan optado por otra estrategia.

Atacando al cáncer

La enorme importancia del trabajo de investigación realizado por el equipo de la doctora Blasco radica, precisamente, en esta nueva estrategia. En él estudian un nuevo camino para llegar a desarrollar una solución viable para el tratamiento del cáncer en humanos.

Este nuevo camino consiste en el bloqueo de otro tipo de proteína, la TRF-1, Telomeric Repeat binding Factor 1, que forma parte también de los telómeros y que es un factor de unión básico para el mantenimiento de la longitud de estos. Para lograrlo emplearon ratones a los que, previamente, les indujeron el desarrollo de un adenocarcinoma pulmonar muy agresivo.

Pues bien, los investigadores bloquearon la acción de la proteína shelterina TRF-1 en estos ratones y estudiaron también el nivel de toxicidad del procedimiento. Los biólogos observaron que la desprotección de los telómeros, mediante la inhibición de la TRF-1, implica un bloqueo del crecimiento del cáncer. Y además comprobaron que la inhibición de la unión de esta proteína a los telómeros bloquea el crecimiento de carcinomas ya establecidos, sin afectar la supervivencia del animal ni la función del tejido.

Una vez establecido que la nueva diana terapéutica era efectiva en la paralización del crecimiento de los tumores, al tiempo que no implica una gran toxicidad, el grupo de investigación buscó compuestos químicos que mostraran acción inhibitoria contra la TRF1. Comprobaron que es posible encontrar potenciales fármacos que pueden inhibir esta proteína y que tengan además un efecto terapéutico beneficioso.

Defectos en los telómeros

Las investigaciones sobre los telómeros, como hemos visto, no se limita al cáncer. Ni mucho menos. Actualmente existen muchos ejemplos en los que la investigación telomérica tiene mucho que decir.

En este sentido se ha comprobado, recientemente, que si se dañan los telómeros, y además existen una serie de factores ambientales condicionante añadidos, se pueden generar enfermedades tan relevantes como la fibrosis pulmonar.

De hecho, se sabe que muchos pacientes que padecen fibrosis pulmonar idiopática tienen telómeros más cortos de lo normal. Y precisamente, esta es una de las enfermedades más frecuentes entre aquellas personas que presentan mutaciones en los genes relacionados con el mantenimiento de los telómeros.

Por tanto, las alteraciones en la estructura y/o funcionamiento de estos capuchones constituyen una de las causas que subyacen a enfermedades asociadas con el envejecimiento y a cánceres de diverso tipo. Todo ello nos lleva a pensar que seguiremos informando de nuevos avances en estas regiones de nuestro material genético.

Referencia:

García-Beccaria M, et al. Therapeutic inhibition of TRF1 impairs the growth of p53-deficient K-RasG12V-induced lung cancer by inductin of telomeric DNA damage. EMBO Molecular Medicine (2015). DOI: 10.15252/emmm.201404497.


FUENTE: Investigación y Desarrollo

lunes, 1 de junio de 2015

La inmunoterapia prepara el asalto al cáncer de pulmón

La inmunoterapia ha conseguido sus primeros éxitos contra el cáncer de pulmón. Este abordaje, consistente en activar el sistema inmunitario del paciente para que colabore en la lucha contra las células cancerosas, había fracasado hasta la fecha al intentar usarla en uno de los tumores más frecuentes y mortales, el de pulmón (más de 26.000 casos y de 21.000 muertes en España en 2012, según los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, SEOM). El avance es tan importante que el viernes mereció la primera sesión del Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) que se celebra en Chicago.

Aunque el cáncer de pulmón sea el más frecuente de los tratados, en el congreso, al que EL PAÍS ha acudido invitado por Janssen, se ha resaltado también las expectativas que este abordaje abre para otros cánceres, como el de cabeza y cuello, colon e hígado. El nexo común entre todos ellos es un juego de dos proteínas, la PD-1 y la PDL-1, la primera en los linfocitos del sistema inmunitario y la segunda en las células tumorales. Y lo que hacen los fármacos que se han ensayado (el nivolumab, de BMS, y el pembrolizumab, de Merck), en líneas generales, es asegurarse de que la PDL-1 no oculta el cáncer a las defensas del paciente.

En el caso del cáncer de pulmón, el avance es especialmente importante porque, hasta ahora, se había resistido a la inmunoterapia. Se decía que era poco sensible a esos tratamientos, “pero lo que pasaba es que no teníamos el correcto”, dijo Luis Paz-Ares, del Hospital 12 de Octubre de Madrid, que ha participado en los ensayos y fue el encargado de exponer los avances conseguidos. De los distintos tipos de cáncer de pulmón, el trabajo de Paz-Ares se ha centrado en el denominado de células no pequeñas y no escamoso.

La complejidad del nombre es una prueba de que, según avanza el conocimiento, se van acotando más los tratamientos para darles una terapia que se denomina personalizada. La importancia de trabajar con este grupo –y con el de los tumores escamosos, cuyos resultados se presentaran el domingo- es que entre ambos representan el 85% de los cánceres de pulmón, precisamente aquellos que actualmente tienen peor pronóstico. De hecho, la eficacia del nivolumab, según el estudio CheckMate057, va en paralelo a la presencia de la proteína PD-1 en las células. Si, de media, la supervivencia de los pacientes pasa de los 9,4 a los 12,2 meses frente al tratamiento actual con docetaxel, en los que tienen una mayor expresión de la PD-1 pasa de 9,4 a 18, indica Paz-Ares.

En el caso del cáncer de hígado avanzado, con el mismo fármaco se consigue pasar de un 30% de supervivencia al año a un 62%, indico Anthony B. El-Khoueiry, de la Universidad del Sur de California, frente al tratamiento con sorafenib. En el cáncer de cabeza y cuello, el 56% experimenta una reducción del tumor, dijo Tanguy Sehwert, de la Universidad de Chicago. Incluso en los casos en que la eficacia es limitada, hay otro aspecto a tener en cuenta, apunta Paz-Ares: los efectos adversos, que son mucho menores con el nuevo medicamento –aunque los tiene-, lo que puede ser otro factor a considerar.

Esta relación entre la eficacia del fármaco y la existencia de ciertas proteínas lleva a postular a la PDL-1 como un biomarcador (una señal que se puede medir del estado del organismo). En este caso, no es como la proteína PSA en el cáncer de próstata porque no es un diagnóstico. Una medición de la PD-1 en las células cancerígenas puede servir también como predictor del comportamiento el tumor ante el tratamiento.

“Costaría menos de 100 euros” y evitaría gastar miles en darle un fármaco a alguien que no se va a beneficiar”, apunta Paz-Ares. La PD-1 –una de las proteínas estrella de la inmunoterapia actual- ve reforzado su papel cuando combina con otro proceso, el de “deficiencias en la reparación” del ADN. Este es clave para las células, ya que elimina los errores en el material genético que se producen cuando la célula se divide. En el caso del cáncer; la proliferación hace que estas mutaciones se acumulen. “Es como llenar a una célula de banderas rojas para que el sistema inmunitario las identifique”, explico Lynn Schuchter, vicepresidenta de ASCO. Cuando esto sucede, es fácil de ver, señaló Le Dung T., del Johns Hopkins. Y en este caso, el tratamiento con pembrolizumab del cáncer de colon, que es el que ha estudiado Dung, es más eficaz.

FUENTE: El País