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jueves, 10 de marzo de 2016

¿Qué es la epilepsia?

La epilepsia es un trastorno cerebral en el cual una persona tiene crisis epilépticas o convulsiones repetidas durante un tiempo. Estas crisis epilépticas se caracterizan por ser episodios de actividad descontrolada y anormal de las neuronas que puede causar cambios en la atención o el comportamiento.

Médicamente, la epilepsia ocurre cuando los cambios permanentes en el tejido cerebral hacen que el cerebro esté demasiado excitable o irritable. Como resultado de esto, el cerebro envía señales anormales, lo cual ocasiona convulsiones repetitivas e impredecibles.

La epilepsia puede deberse a un trastorno de salud o a una lesión que afecte el cerebro o la causa puede ser desconocida (idiopática). Pero dentro de las causas comunes de epilepsia podemos encontrar: por un Accidente cerebrovascular (ACV), el mal de Alzheimer, lesión cerebral traumática, infecciones, anomalías congénitas, trastornos metabólicos, tumores cerebrales y vasos sanguíneos anormales en el cerebro.

Las crisis epilépticas por lo regular empiezan entre las edades de 5 y 20, pero pueden suceder a cualquier edad.

Síntomas

Los síntomas varían de una persona a otra. Algunas personas pueden tener simples episodios de ausencias. Otras tienen pérdida del conocimiento y temblores violentos. El tipo de convulsión o crisis epiléptica depende de la parte del cerebro afectada.

La mayoría de las veces, la convulsión es similar a la anterior. Algunas personas con epilepsia tienen una sensación extraña antes de cada convulsión. Estas sensaciones pueden ser hormigueo, sentir un olor que realmente no existe o cambios emocionales. Esto se denomina aura.

Tratamiento

El tratamiento para la epilepsia incluye tomar medicinas, cambios en el estilo de vida y en ocasiones cirugía. Si la epilepsia se debe a un tumor, vasos sanguíneos anormales o sangrado en el cerebro, la cirugía para tratar estos trastornos puede detener dichas crisis.

Las medicinas para prevenir las convulsiones, llamadas anticonvulsivos, pueden reducir la cantidad de crisis futuras.

La epilepsia que no mejora después de haber probado dos o tres fármacos anticonvulsivos se denomina "epilepsia resistente al tratamiento". En este caso, el médico puede recomendar una cirugía para extirpar las células cerebrales anormales que causan las convulsiones o colocar un estimulador del nervio vago (ENV). Este dispositivo es similar a un marcapasos cardíaco. Puede ayudar a reducir la cantidad de convulsiones.

Expectativas y tratamiento

Es probable que algunas personas con epilepsia puedan reducir o incluso suspender sus medicamentos anticonvulsivos después de no tener ninguna convulsión durante varios años. Ciertos tipos de epilepsia en la niñez desaparecen o mejoran con la edad, por lo regular a finales de la adolescencia o hacia los 20 años.

Para muchas personas, la epilepsia es una afección de por vida. En estos casos, es necesario continuar con los fármacos anticonvulsivos.


FUENTE: lanacion.com.ar

domingo, 25 de octubre de 2015

Estudian las ondas cerebrales con un algoritmo de análisis sísmico


Si existe una técnica médica para explorar el cuerpo humano con el fin de hacer un diagnóstico o prescribir otras pruebas es la palpación. Y es que son muchas las enfermedades que implican cambios estructurales en los tejidos, lo cual se ve reflejado en cambios en sus propiedades mecánicas, tales como la elasticidad. Simplemente con el tacto, y un conocimiento detallado del cuerpo, el médico puede evaluar el tamaño y la rigidez de un tumor, la presencia de ganglios linfáticos inflamados, o el tamaño y la posición del feto en una mujer embarazada, por mencionar algunos ejemplos, de ahí su importancia.

Este tipo de examen se ha sustituido o complementa con técnicas modernas que proporcionan los índices de elasticidad de un tejido biológico. Para ello generan y detectan ondas que se propagan a través del cuerpo a velocidades variables dependiendo de la rigidez de los órganos; cuanto más rígido sea el tejido, más lenta es la propagación de la onda, y viceversa.

Por su naturaleza, sin embargo, es más difícil medir la elasticidad del cerebro. Al estar doblemente protegido por el cráneo y el líquido cefalorraquídeo, resulta de difícil acceso para unas ondas aplicadas externamente. La única forma sería recurriendo a procedimientos altamente invasivos como pueda ser una craneotomía, que implica abrir el cráneo, por lo que está limitado a casos excepcionales. Por tanto, es imposible palpar directa o indirectamente el cerebro, algo que complica enormemente el trabajo de los neurocirujanos, que sólo tienen información sobre la elasticidad de la superficie cerebral.

Ahora, un equipo de investigadores del Instituto Nacional francés de la Salud y la Investigación Médica (Inserm), ha desarrollado un método no invasivo de toma de imágenes cerebrales, mediante resonancia magnética, que proporciona la misma información que una palpación física. Para ello han recurrido a la adaptación de un algoritmo que normalmente se utiliza para estudiar terremotos.

Según detalla el Inserm en un comunicado, el sistema podría utilizarse en última instancia para ayudar a detectar tumores, en el diagnóstico precoz de enfermedades como el Alzheimer y otras anomalías. Los resultados del estudio acaban de publicarse en la revista científica PNAS.

Adaptación de la resonancia

El equipo dirigido por Stefan Catheline, y otros alrededor del mundo, han estado trabajando en fórmulas que permitieran adaptar escáneres de resonancia magnética para medir la elasticidad del cerebro. Estos aparatos funcionan midiendo el contenido en agua, pero con ligeras modificaciones pueden medir el movimiento de las moléculas de agua. Así son aptos para recoger movimientos de los tejidos cuando se agitan.

Sin embargo, según recoge un artículo publicado en la revista online NewScientist, tales dispositivos no han pasado del laboratorio, en parte por la dificultad para manejarlos. "Es difícil tratar de mover todo el cráneo usando un vibrador", explica el investigador. Algunos equipos lo han intentado con moldes de dientes vibratorios, pero producen dolores de cabeza entre los participantes. Otros grupos han optado más recientemente por almohadas vibratorias.

La propuesta de los investigadores franceses toma otro rumbo. En lugar de mover físicamente la cabeza, quieren aprovechar las vibraciones naturales del cerebro, que se producen por ejemplo por el pulso de la sangre en las arterias y el líquido cefalorraquídeo circulante. "Tendemos a pensar en el cerebro como un órgano estático, pero hay mucho movimiento ", destaca Catheline.

Este giro en la investigación llegó después de pasar un tiempo trabajando con sismólogos, que estudian cómo extraer información de las ondas sísmicas que se generan durante un terremoto. Catheline pidió prestado a sus colegas el algoritmo utilizado para analizar las vibraciones de la Tierra, incorporándolo a su escáner de resonancia magnética modificado. Como resultado, el equipo fue capaz de medir las vibraciones naturales en el cerebro de dos voluntarios sanos - información normalmente descartada al considerarse ruido.

Diagnóstico y control

Este tipo de exploración podrá revelar mucha más información sobre lo que está pasando en el cerebro que las imágenes de resonancia magnética tradicionales. El contenido de agua de las células no tiende a variar mucho, pero sí las propiedades mecánicas. Así, mientras puede parecer que un poco de tejido cerebral está formado por células idénticas en una resonancia magnética, una exploración con elastografía revelaría una enorme variación en elasticidad o dureza, lo cual abre un apasionante camino para el estudio y el diagnóstico.

El equipo de INSERM espera que su técnica ayude con el tiempo a diagnosticar enfermedades y controlar el éxito de su tratamiento, caso del Alzheimer, la epilepsia, la esclerosis múltiple o la hidrocefalia, pues implican cambios en la rigidez de los tejidos. Por ejemplo, en el caso de algunas formas de demencia, se sabe que las placas tienen más elasticidad que el tejido cerebral normal, por lo que la nueva técnica permitiría detectar esas diferencias. Con su uso se evitarían además las biopsias cerebrales.

Sin embargo, los investigadores auguran que la primera aplicación clínica será probablemente para evaluar la dureza de un tumor existente. El sistema sería de gran utilidad antes de la cirugía, pues mientras una masa suave puede ser succionada rápidamente, los tumores más difíciles requieren una disección cuidadosa, que a veces supone varias horas.


FUENTE: tendencias21.net

jueves, 15 de octubre de 2015

LA CLAVE DEL TRATAMIENTO DEL CÁNCER PUEDE ESTAR EN LA PLACENTA

Los científicos de la Universidad de Copenhague y la Universidad de la Columbia Británica (Canadá), en su búsqueda de un tratamiento para la malaria en las mujeres embarazadas han visto que las proteínas que produce la enfermedad son anticancerígenas. Los investigadores esperan ser capaces de iniciar los ensayos en seres humanos dentro de cuatro años.

En concreto, su trabajo que se publica en la revista Cancer Cell explica que el carbohidrato que facilita que el parásito de la malaria se una a la placenta de las mujeres embarazadas es idéntico a un carbohidrato que se encuentra en las células cancerosas.

En el laboratorio, los científicos han fabricado la proteína que el parásito de la malaria utiliza para adherirse a la placenta, pero con una toxina añadida. Esta combinación de la proteína de la malaria y la toxina busca las células cancerosas, es absorbida por ellas, liberada en su interior, y hace que las células cancerosas mueran. Este proceso no se había visto nunca en cultivos celulares y ni en ratones con cáncer.

“Durante décadas, los científicos han estado buscando similitudes entre el desarrollo de la placenta y del tumor”, explica Ali Salanti del Departamento de Inmunología y Microbiología de la Universidad de Copenhague. La placenta, continúa, “es un órgano que en pocos meses crece a partir de solamente unas pocas células y adquiere el peso de un órgano, y proporciona el embrión el oxígeno y el alimento necesario en un entorno extraño. Es –destaca- muy similar a lo que ocurre con los tumores, que crecen agresivamente en un entorno relativamente hostil”.

El equipo de Ali, que está actualmente probando actualmente una vacuna contra la malaria en seres humanos, descubrió de forma accidental que el carbohidrato de la placenta es similar al que contienen las células cancerosas. En colaboración con Mads Daugaard, de la Universidad de Vancouver, los investigadores trabajaron en el diseño de una nueva vía de tratar el cáncer y esperan que su información siente las bases de un nuevo medicamento contra el cáncer.

“Hemos examinado la función de los hidratos de carbono. En la placenta -explica Salanti-, ayuda a asegurar un crecimiento rápido y nuestros experimentos han demostrado que ocurre lo mismo en el cáncer: cuando mezclamos el parásito de la malaria con células tumorales y el parásito vimos que reaccionaba a las células cancerosas como si fuera una placenta”.
  
En animales

Los dos grupos de investigación han probado su compuesto en miles de muestras de tumores cerebrales o de leucemia y han visto que es eficaz en más de 90 por ciento de todos ellos. Además, también han testado el fármaco en ratones implantados con tres tipos de tumores humanos: linfoma no Hodgkin, cáncer de próstata y cáncer óseo metastático.

En todos ellos el fármaco fue muy eficaz, desapareciendo los tumores en muchos de los animales. “Hemos separado la proteína malaria, que se adhiere a los hidratos de carbono, y añadido una toxina y hemos visto que la combinación de proteínas y la toxina mata las células cancerosas”, destaca Daugaard.

En sus experimentos han observado que la proteína de la malaria se adhiere al tumor sin ningún apego significativo a otros tejidos y que, además, los ratones tratados mostraron tasas de supervivencia mucho más altas que los animales no tratados. “Bastaban tres dosis para detener el crecimiento en un tumor e incluso reducirlo”, subraya. Al parecer, la única pega es que el tratamiento no estaría disponible para las mujeres embarazadas.

Los expertos creen que el escenario más realista sería iniciar los ensayos clínicos dentro de cuatro años, aunque quedan muchas cuestiones por resolver: ¿funcionará en humanos? Y si lo hace, ¿puede el organismo humano tolerar las dosis necesarias sin desarrollar efectos secundarios? En cualquier caso, los expertos son optimistas, ya que la proteína aparece solo a adherirse a un carbohidrato que sólo se encuentra en la placenta y en los tumores humanos.


FUENTE: Investigación y Desarrollo

martes, 28 de julio de 2015

Llega la edición genómica del sistema inmune


No es noticia que una técnica de rabiosa modernidad (llamada crispr/cas) permite modificar cualquier genoma a gusto del consumidor, o del médico que le atienda. Menos noticia es aún que las células T que circulan por nuestra sangre son los verdaderos cerebros del sistema inmune, los que deciden qué otras células son normales o sospechosas de estar generando una infección o un cáncer. Pero si se suman las dos cosas emergen nuevas ideas para combatir el sida, la diabetes, la artritis y cualquier otra infección o enfermedad autoinmune.

Una investigación concebida y coordinada por la Universidad de California en San Francisco ha logrado modificar el genoma de las células T con la sutileza necesaria para abordar las citadas cuestiones médicas. Como prueba de principio (del principio de que su método funciona), han modificado genes (como CXCR4 y PD1) que son esenciales para la infección por el virus del sida (VIH) y para que el sistema inmune decida o no atacar a las células tumorales de su propio cuerpo. Presentan su investigación en PNAS.

La técnica CRISPR, cuyas creadoras recibieron el último premio Princesa de Asturias de las ciencias, y que probablemente viajarán a Estocolmo en algún momento del futuro próximo, según predicen casi todos sus colegas, es la herramienta de oro llamada a revolucionar la investigación biomédica en los próximos años y décadas. Su simplicidad de uso y moderación de coste la hacen accesible a cualquier laboratorio genético de una universidad o un hospital grande. CRISPR es la receta del éxito, y también de la polémica.

En ciertas condiciones, estas células se reimplantan en la médula ósea –el órgano que genera continuamente nuevas células de la sangre— y modifican establemente el repertorio de defensas del paciente.

Era predecible que las células del sistema inmune se contarían entre sus primeros objetivos. Como ya ocurrió con la terapia génica, estas células ofrecen la enorme ventaja de que circulan por la sangre: uno puede extraerlas de un paciente, editar su genoma y volvérselas a inyectar en su flujo sanguíneo. En ciertas condiciones, se reimplantan en la médula ósea –el órgano que genera continuamente nuevas células de la sangre— y modifican establemente el repertorio de defensas del paciente. Curar un hígado es mucho más difícil.

Las pruebas de principio del sida y las defensas anticáncer son solo el punto de partida. Pero los científicos de San Francisco muestran de forma convincente que la edición de genomas abre un nuevo continente al tratamiento de la infección y la lucha contra el cáncer. Que lo sepan en Estocolmo.


FUENTE: El País