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miércoles, 11 de mayo de 2016

Una terapia experimental detiene los tumores cerebrales resistentes al tratamiento

Un equipo de investigadores del Centro Médico del Hospital Infantl de Cincinnati, en Estados Unidos, informa este lunes en la revista 'Cancer Cell' sobre una terapia experimental que en pruebas de laboratorio sobre células humanas y modelos de ratón detiene agresivos cánceres cerebrales mortales llamados glioblastomas resistentes al tratamiento y gliomas de alto grado.

  Al probar una estrategia terapéutica de varios pasos, los científicos han encontrado una manera de utilizar una terapia génica para apagar un gen implicado en la formación de gliomas de alto grado llamado Olig2. La proteína codificada por Olig2 se expresa en la mayoría de los gliomas y la extracción del gen Olig2 detiene el crecimiento del tumor, mientras la elimina de las células productoras de Olig2 bloquea la formación de tumores.

  "Encontramos que la eliminación de la división de las células que expresan Olig2 bloquea el inicio y la progresión del glioma en modelos animales y muestran que Olig2 es el árbitro molecular de la adaptabilidad genética que hace de los gliomas de alto grado agresivos y resistentes al tratamiento", explica el doctor Qing Richard, investigador principal y director científico del Centro de Tumores Cerebrales en el Hospital Infantil de Cincinnati.

  "Al encontrar una manera de inhibir Olig2 en las células que forman tumores, hemos sido capaces de cambiar la formación de las células tumorales y sensibilizarlas al tratamiento molecular. Esto sugiere una prueba de principio para la terapia estratificada en distintos subtipos de gliomas malignos", añade.

  El estudio actual se puede aplicar a los gliomas cerebrales de alto grado y un tumor fatal del tronco cerebral llamado DIPG (glioma pontino intrínseco difuso), que expresa Olig2 y es inoperable debido a su ubicación en una región del cerebro que controla las funciones vitales. Incluso si estos tipos de cáncer responden inicialmente a un tratamiento específico, se adaptan mediante la búsqueda de soluciones genéticas/moleculares, evaden el tratamiento y continúan creciendo.

  Los investigadores advierten que el enfoque terapéutico experimental que describen requiere una amplia investigación adicional y sigue estando lejos de posibles pruebas clínicas, pero el doctor Lu dice que los datos son un avance importante en la investigación. El estudio actual ha detectado una potencial grieta en la armadura molecular de estos tipos de cáncer que --incluso después de una ronda inicial de un tratamiento exitoso-- casi siempre provocan recaída y matan a los pacientes que los reciben.

  Los cánceres se forman a partir de precursores de células de soporte del cerebro llamadas oligodendrocitos, que ayudan a generar el aislamiento de las conexiones neuronales. Olig2 aparece en las primeras etapas de desarrollo de las células del cerebro. A través de un extenso análisis de células cancerosas del cerebro humano y modelos de ratones, los científicos observaron la expresión Olig2 en la etapa inicial de la división y la reproducción de las células en los tumores.

  Olig2 contribuye a la transformación de las células precursoras normales en células malignas anormales que se dividen incontrolablemente. En el contexto de la formación de células de cáncer, los autores vieron procesos moleculares de accionamiento de Olig2 que permiten que la formación de células de glioma sea altamente adaptable y susceptible a los efectos promotores de tumor de cambios genéticos adicionales.

  Luego, los investigadores decidieron eliminar la división celular de células OLIG2-positivas durante la formación de tumores. Para utilizar un enfoque que se traduzca más rápido del laboratorio a la clínica, probaron con éxito una terapia génica que utiliza un virus del herpes simple (vector viral) diseñado para entregar un gen suicida en la replicación de las células cancerosas OLIG2 positivas. Lo administraron junto a un fármaco anti-herpes ya en uso clínico, ganciclovir (GCV). Los tumores en los que se eliminó OLIG2 no fueron capaces de crecer.

  Los investigadores también encontraron que después de la inhibición de Olig2, la formación de células cancerosas del cerebro cambió de dirección y composición molecular, desde células similares a los precursores de oligodendrocitos a asumir características de las células del cerebro similares a astrocitos. Continuaron formando tumores a pesar de que estas nuevas células de cáncer de cerebro como astrocitos producen el gen del receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR) a altos niveles.

  El EGFR es un objetivo común y eficaz para los medicamentos de quimioterapia usados clínicamente para el tratamiento de tumores como el cáncer de mama. En repetidas pruebas en modelos de ratón, la inhibición de Olig2 impulsó las células formadoras de glioma a transformarse en células de similares a astrocitos que expresan EGFR.

  Luego, en pruebas posteriores y repetidas en células de cáncer como astrocitos en modelo de ratón y humanas transformadas, los investigadores trataron las células con un fármaco de quimioterapia dirigido a EGFR llamado gefitinib. El tratamiento detuvo el crecimiento de nuevas células tumorales y la expansión tumoral.

  Según Lu, con pruebas adicionales, la verificación y el refinamiento de la terapia experimental podría ser especialmente útil en la prevención de la recurrencia de cáncer cerebral en pacientes que han sido sometidos a una ronda inicial de un tratamiento exitoso. Añade que el nuevo enfoque de tratamiento es probable que se emplee en combinación con otras terapias existentes, como la radiación, la cirugía, otras quimioterapias y tratamientos moleculares específicos.


FUENTE: canarias7.es

viernes, 22 de abril de 2016

El sueño de transformar un virus del resfriado para que destruya el cáncer

La teoría suena a música celestial. Hace más de un siglo, unos pocos médicos observaron que la leucemia de algunos de sus pacientes desaparecía después de que fueran infectados de manera natural por algún virus. Estas remisiones espontáneas, desgraciadamente anecdóticas en un planeta con 14 millones de nuevos casos de cáncer al año, engordaron un sueño a lo largo del siglo XX: modificar genéticamente virus para que atacaran y destruyeran solo a las células tumorales, multiplicándose en ellas y, por lo tanto, realimentando el tratamiento hasta acabar por completo con el cáncer.

La realidad está siendo mucho menos hermosa, como ha quedado claro en el primer congreso de la recién creada Red Española de Adenovirus, celebrado esta semana en Madrid. Los adenovirus están por todas partes: causan resfriados y diarreas, pero sus características los hacen versátiles para el sueño de destruir el cáncer. “Son relativamente fáciles de producir en grandes cantidades y su genoma es grande, con sitio para introducir los genes que te interesen”, explica Carmen San Martín, investigadora del Centro Nacional de Biotecnología y coordinadora de esta red con 10 grupos científicos independientes. “Podemos modificar los adenovirus para que actúen como biomedicinas contra algunas enfermedades”, subraya.

La bióloga Marta Alonso explora esa estrategia, todavía muy experimental. Trabaja en un frente implacable, el de los tumores cerebrales infantiles, los más letales en niños. A finales de año comenzará un ensayo clínico con adenovirus modificados para atacar el glioma difuso de tronco encefálico. “Son casos muy desgarradores. Actualmente, los niños con estos tumores se mueren en nueve meses”, lamenta.

Sus primeras pruebas son moderadamente esperanzadoras. Otro ensayo con 30 adultos con gliomas ha ofrecido algunos resultados positivos. “No hemos detectado ninguna toxicidad, como mucho un poco de fiebre. Hay que coger los datos con pinzas, porque todavía es muy pronto, pero hemos observado que el 10% de los pacientes responde al tratamiento con adenovirus modificados. Parece poco, pero es mucho. El pronóstico de los gliomas normalmente es la muerte. La esperanza de vida de los adultos con glioma es de 14 meses”, detalla la bióloga, de la Clínica Universidad de Navarra.

En algunos casos, anecdóticos, los tumores cerebrales se han reducido “considerablemente”. El equipo de Alonso trabaja para iluminar estas batallas victoriosas a nivel molecular. Una de sus hipótesis es que, en ocasiones, “el virus cae como una bomba y hace que el propio sistema inmune del paciente empiece a reconocer el tumor”.

El biólogo Ramón Alemany lleva 20 años intentando materializar el sueño de los adenovirus contra el cáncer. Tiene los pies en el suelo. Recuerda que, pese a décadas de investigación, en todo el mundo solo se ha aprobado un tratamiento con adenovirus y fue en China, en 2005, contra el cáncer de cabeza y cuello, causado principalmente por el consumo de tabaco y alcohol. Desde entonces, nada. “Y la eficacia de ese fármaco ni siquiera está demostrada según los criterios europeos y estadounidenses”, apunta Alemany, del Instituto Catalán de Oncología, en Barcelona.

El investigador enumera los obstáculos: los adenovirus muchas veces no llegan al tumor de manera eficiente y, a menudo, las defensas del organismo neutralizan al virus antes de que dispare una respuesta contra el cáncer. El enemigo es gigantesco. Sin embargo, Alemany obtiene buenas noticias de vez en cuando. Su adenovirus modificado Icovir-5 ha servido desde 2005 para tratar de manera experimental a 20 niños con neuroblastoma, el segundo tumor sólido infantil más común. Utilizando células de la médula ósea de los propios niños extraídas e infectadas con el adenovirus, como un caballo de Troya, el tratamiento ha obtenido una respuesta positiva en cinco de los chavales. Uno de ellos lleva 10 años sin cáncer.
Alemany pide frenar el optimismo. Otro de sus adenovirus modificados, el Icovir-17K, se ha probado en 24 pacientes adultos, la mitad con cáncer de colon y la otra mitad con tumores en el páncreas. Se trata de virus solo, sin caballos de Troya, pinchado en vena. “Vemos respuestas parciales, pero ninguna remisión, como sí ocurrió con los niños. A día de hoy no podemos concluir que nuestro virus esté aportando beneficio clínico”, admite. “El 99% de los fármacos experimentales contra el cáncer de páncreas han fallado”, advierte.

La bioquímica Cristina Fillat, que investiga en ratones algunos adenovirus modificados con potencial contra el cáncer de páncreas, es más optimista. Fillat, del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer de Barcelona, destaca que hace solo unos meses la UE y EE UU aprobaron el primer virus oncolítico, el T-VEC. No es un adenovirus, sino un virus del herpes labial modificado genéticamente para detener la progresión del cáncer de piel más agresivo, el melanoma. El virus penetra y se multiplica en las células tumorales, que explotan y liberan sustancias que activan las defensas del organismo. Los pacientes con melanoma avanzado que reciben T-VEC viven una media de 41 meses, frente a los 21 meses de los que reciben un tratamiento de control.

Fillat cree que la aprobación del T-VEC es un espaldarazo a los investigadores del adenovirus. Para Alemany, el futuro pasa por combinar la acción de los virus oncolíticos con la inmunoterapia, como los anticuerpos monoclonales, creados en laboratorio, que se adhieren a las células tumorales y atraen la atención de las defensas del organismo.


FUENTE: El País

jueves, 4 de febrero de 2016

Yo he sobrevivido al cáncer

Óscar Prieto todavía recuerda cómo fue solo a recoger los resultados de la resonancia. Con el traje de abogado todavía puesto, al salir de su despacho, pensó que sería un trámite rápido. Veinte minutos y listo. Tenía sólo 29 años. Hacía seis meses que había fundado su propio bufete con otros socios, pero poco sospechaba aquella tarde de octubre que estaba a punto de cambiar su vida.Los veinte minutos previstos se alargaron lo suficiente para que el médico le dijese que sus fuertes dolores de cabeza estaban causados por «dos bolitas» en el cerebelo. «Tenemos que intervenirte. Ingresas mañana». Boom.La siguiente escena de esta película con final feliz muestra a Óscar recorriendo en camilla los pasillos del Hospital Clínico de Madrid rumbo al quirófano. «Siempre he sido bastante optimista, así que a pesar del shock inicial pensaba que, después de todo, tenía suerte de que me pudiesen tratar», cuenta a EL MUNDO.Y eso que todo lo que había leído en internet sobre el cáncer cerebral «tenía una pinta malísima». El problema, como admite el doctor Juan Manuel Sepúlveda, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), es que el cáncer cerebral agrupa varias enfermedades diferentes, en función del tejido y las células donde se le origina, y hacer generalizaciones es difícil.Los apellidos del tumorCuando Óscar se operó, su enfermedad aún no tenía esos apellidos que permiten afinar mejor el pronóstico de cada paciente. En su caso, los resultados de Anatomía Patológica hablaban de un meduloblastoma que, como explica el doctor Sepúlveda, son tumores más habituales en la infancia. Sólo el 20% de los pacientes diagnosticados con este tipo de cáncer cerebral son adultos.De hecho, admite el especialista del Hospital 12 de Octubre de Madrid, aunque se trata con una combinación de quimio y radioterapia después de la cirugía, «conocemos menos el tratamiento que en el caso de los niños». Eso sí, añade a continuación, es un tumor con mejor pronóstico que otros tipos de cáncer cerebral y hasta el 75% de los pacientes puede llegar a alcanzar la curación.Es el caso de Óscar. A la cirugía siguieron, varios días en la UCI, dos semanas ingresado y, poco después, varios meses de quimio y radioterapia. «Esto último fue casi peor que la quimioterapia, porque la radioterapia craneal es muy compleja, tiene que ser muy precisa, para que no se radien los tejidos vecinos», explica. «Te ponen una máscara especial, tienes que estar muy quieto, sin respirar apenas... Todo ello me exigió una gran fortaleza mental».Hablar de cáncer cerebral supone en realidad hablar de varias enfermedades diferentes; en función del área del cerebro en la que aparezca el tumor o el tipo de células en las que se origina la enfermedad. Como explica el doctor Sepúlveda, el más frecuente (y también el más agresivo) de todos ellos es el glioblastoma, que representa el 40% de todos los tumores cerebrales.
Este tipo de tumor cerebral tiene una incidencia de siete casos por 100.000 habitantes al año y, a pesar de lo mucho que ha avanzado el conocimiento sobre su comportamiento, la supervivencia no ha logrado superar en los últimos años los 14 meses de media.Como explica el doctor Sepúlveda, sólo el 20% de estos pacientes se puede operar completamente en el momento del diagnóstico de la enfermedad, normalmente tras la aparición de algunos síntomas neurológicos sospechosos (cefaleas, parálisis facial...). «Otro 60% sólo se puede operar parcialmente y en el 20% de los casos sólo es posible hacer una biopsia». Y como ocurre en la mayor parte de tumores, cuanto más y mejor se puede operar, mejores son las perspectivas para el paciente.Hace unos años, la quimioterapia y la radioterapia se administraban una a continuación de la otra, pero los ensayos clínicos han ido demostrando que cuando ambas se aplican conjuntamente el resultado mejora. Aún así, desgraciadamente, como explica el especialista español, estas terapias apenas logran retrasar unos meses una nueva recaída «porque las células del glioblastoma suelen infiltrar los tejidos y no es posible eliminarlas completamente en el momento de la cirugía».A pesar de que cada día se conocen mejor sus mecanismos de señalización y vías genéticas, los distintos ensayos clínicos que se han llevado a cabo (bloqueando proteínas, cortando el suministro de nutrientes, utilizando virus a modo de taxi...) acaban en fracaso. En los próximos meses, explica el doctor Sepúlveda, se conocerán los resultados de un ensayo internacional que trata de utilizar una vacuna a modo de inmunoterapia.Otro tipo de tumores cerebrales, diferentes del glioblastoma, tienen un pronóstico un poco más esperanzador. Es el caso del oligodendroglioma, «muy bien conocido a nivel molecular» y que responde bien a la combinación de quimio y radioterapia. Y finalmente, después del ya mencionado meduloblastoma, el que le tocó a Oscar, (que ocuparía el tercer lugar en incidencia), el doctor Sepúlveda menciona el astrocitoma de bajo grado, «un tumor de crecimiento lento y que la neurocirugía consigue extirpar cada vez de manera más precisa».Durante todo el tiempo transcurrido desde que le diagnosticaron el cáncer hasta el momento actual, incluidas las difíciles curas de las dos cicatrices que todavía pueden verse en su cabeza, Óscar destaca el papel fundamental de su familia. «Tú estás alterado psicológicamente, te cambia el carácter, estás irascible... Ellos tienen que tener mucha mano izquierda», reconoce.En este largo viaje de ocho años, Óscar ha dejado aparcada su carrera como abogado y algo de memoria («a veces me tienen que repetir las cosas porque no me entero»), pero a cambio ha ganado una carrera como activista. Al año de terminar los tratamientos, entró por primera vez en una reunión de pacientes con cáncer y salió como presidente de ASATE, la Asociación de Afectados por Tumores Cerebrales en España. Desde ASATE son conscientes de que tienen una misión difícil, atraer a pacientes que, en su mayoría, tiene un mal pronóstico y, si logran superarlo, no quieren saber nada más de ese mal sueño llamado cáncer. Pero como dice Óscar, «si quieres cocinar, lo mejor es que te enseñe un cocinero», y por eso centran todos sus esfuerzos «en que los pacientes cuenten con un sitio donde alguien que ha pasado por lo mismo que ellos les pueda explicar lo que les va a suceder». Atención psicológica, información sobre ensayos clínicos, rehabilitación neurológica para las secuelas de los tratamientos... «A veces, tan encantados como los propios pacientes lo están sus familias».Óscar es consciente de que es un privilegiado, «híper afortunado», pero atribuye su fortaleza mental a su carácter optimista: «Creo que en el cáncer es muy importante cómo enfoques tu enfermedad».


FUENTE: El Mundo

Descubren mecanismo que provoca tumores infantiles por la fusión de dos genes

Científicos en EE.UU. han identificado los mecanismos genéticos que causan un tipo de tumor cerebral infantil, lo que representa un avance para su diagnóstico y tratamiento, reveló un estudio que publica hoy la revista británica "Nature".

Una inusual anormalidad del ADN en menores es la responsable de la aparición del "glioma angiocéntrico", un tipo de tumor perteneciente al grupo de gliomas pediátricos de bajo grado (PLGG, sus siglas en inglés) y, hasta la fecha, no se le había podido señalar como su origen.

El estudio, liderado por expertos en el Hospital Infantil de Filadelfia (CHOP) y el Instituto sobre el Cáncer Dana-Farber (DFCI) de Boston, demostró que un gen que causa tumores cerebrales en menores presenta una "triple amenaza" al operar simultáneamente a través de tres mecanismos biológicos distintos, el primer ejemplo de este tipo que se conoce en la investigación oncológica.

Según sus autores, este hallazgo presenta, a su vez, "beneficios triples", pues mejorará la precisión de los diagnósticos, ofrecerá "pistas" para crear tratamientos más eficaces y ampliará el conocimiento de los proceso moleculares que provocan otros tipos de cáncer.

Hasta ahora, recuerdan los expertos, no existían pruebas patológicas definitivas para ayudar a identificar los "gliomas angiocéntricos", cuyo nombre refleja la tendencia de sus células cancerígenas a alinearse en torno a los vasos sanguíneos del cerebro.

Entre los primeros síntomas que propician su diagnóstico figuran convulsiones y, aunque están clasificados como tumores, no son malignos y no desarrollan metástasis, por lo que, normalmente, son tratados con cirugía y, en la mayoría de los casos, no es necesario recurrir a la radio o quimioterapia.

Sin embargo, dado que han sido descubiertos hace apenas una década y que resulta difícil identificarlos con total precisión, algunos pacientes reciben terapia adicional para evitar su reaparición, lo que, a menudo, afecta al crecimiento cerebral.

"Ahora sabemos que estos gliomas angiocéntricos tienen una biología diferente y ahora conocemos la manera exacta de identificarlos", explicó en un comunicado el investigador del DFCI Rameen Beroukhim, coautor principal del estudio junto a Keith Ligon (DFCI) y Adam Resnick (CHOP).

Para esta investigación analizaron datos de 249 tumores PLGG, entre ellos 19 gliomas angiocéntricos, y descubrieron que su causante es la reordenación de segmentos de ADN que unen o fusionan dos genes distintos, el MYB y el QKI.

El MYB es un "proto-oncogen" -un gen normal que, no obstante, puede convertirse en un gen cancerígeno- y el QKI es un gen supresor de tumores cuya función es evitar que las células se tornen malignas.

Cuando ambos genes se juntan, los científicos constataron que el nuevo MYB-QKI desencadena no solo uno, sino tres mecanismos que convergen para crear un tumor.

"Esta es la primera vez que se demuestra que el reordenamiento de un único factor causante transforma simultáneamente las células a través de tres mecanismos genéticos y epigenéticos en un cáncer", apunta Beroukhim.

Como consecuencia de este hallazgo, agrega, los gliomas angiocéntricos deben de ser clasificados como una entidad biológica independiente, extremo confirmado por la presencia de una fusión de genes.

"Esto -dice- podrá ayudar a distinguir a los gliomas angiocéntricos de los tumores con un alto índice de recurrencia, los cuales pueden necesitar tratamientos adicionales".


FUENTE: eldia.es

martes, 15 de diciembre de 2015

Los tumores cerebrales se desarrollan formando hebras, remolinos y esferas


La imagen generalmente asociada al cáncer es la de un tumor que crece anárquicamente, sin ningún tipo de orden establecido, y que se expande sin ton ni son por todos los órganos a los que consigue acceder. Pero en realidad no sucede así. Cuando menos en el caso del glioma, tipo de cáncer cerebral en el que las células tumorales se organizan formando hebras de 10 a 20 células de grosor e, incluso, esferas. Así lo muestra un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Michigan y de la Universidad de Arizona (EE.UU.) presentado este lunes en la Reunión Anual de la Sociedad Americana de Biología Celular (ASCB) que se está celebrando en San Diego.

Es más; el tumor puede organizarse en remolinos alrededor de un eje central en el que se disponen las células madre del glioma, protegiéndolas así del sistema inmune. Y es que es a partir de estas células madre de las que crece el propio tumor.

Como explica el doctor Pedro Lowenstein, director de la investigación, «nuestros resultados muestran signos indiscutibles de la autoorganización de los tumores cerebrales, en los que no hay lugar para estructuras aleatorias».

Esferas ‘invasoras’
Con objeto de observar la estructura de los gliomas, los investigadores analizaron dos modelos: uno biológico, en el que se emplearon ratones con células tumorales humanas; y uno matemático.

En el modelo animal –o biológico–, los investigadores observaron el movimiento y distribución de las células tumorales, organizadas en hebras –o como indican los propios autores «en arroyos»– y formando una elipse en torno a un eje central en el que se encontrarían las células madre cancerosas. Y en este contexto, apunta el doctor Lowenstein, «pudimos predecir la distribución y el movimiento que iba a seguir el tumor con nuestro modelo matemático».

Asimismo, el estudio posibilitó observar cómo algunas células del glioma se organizaron formando esferas, algunas de las cuales dejaron la masa tumoral principal para introducirse en el fluido cerebroespinal que rodea los ventrículos cerebrales. Unas esferas, en consecuencia y como concluyen los autores, «que podrían mediar la dispersión del tumor por todo el cerebro».


FUENTE: ABC

jueves, 15 de octubre de 2015

Prometedor hallazgo científico sobre el cáncer de cerebro

Puerto Rico es el escenario científico donde un diestro grupo de investigadores han logrado evitar la recurrencia de células cancerosas del gioblastoma multiforme y la reducción del tumor, indicaron en exclusiva a la Revista Puertorriqueña de Medicina y Salud Pública (MSP) Kimberleve Rolón-Reyes y la doctora Lilia Kucheryavykh, catedráticas del Departamento de Bioquímica de la Universidad Central del Caribe (UCC) de Bayamón.

El gioblastoma multiforme es uno de los cánceres cerebral más agresivos con una probabilidad de vida de 14 a 18 meses. Actualmente el tratamiento para esta población consiste en la remoción total del tumor en el área del cerebro, pero lamentablemente la recurrencia del tumor es muy alta y por tal razón, el estudio constituye una nueva esperanza para estos pacientes.

La investigación se enfoca en la búsqueda de nuevas alternativas de tratamientos para este tipo de cáncer buscando cómo la microglía (células del sistema inmune del cerebro) promueven la dispersión de las células cancerosas y trabajan para bloquear el ambiente molecular que permite la recurrencia de estas a través un agente farmacológico denominado PF-562271, que reduce la migración de las células gliomas en modelos de animales.

“En modelos animales hemos encontrado que una proteína llamada Pyk2 (proline rich tyrosine kinase) es la proteína responsable de la interacción entre las células del glioma y las células inmunes. En condiciones de laboratorio logramos inhibir la proteína Pyk2 con el agente farmacológico PF-562271 y reducir la migración de las células glioma pero los modelos animales pueden variar significativamente en comparación a condiciones humanas”, explicó la doctora Kucheryavykh.

Además, ambas científicas recalcaron que aunque su hipótesis deberá continuar siendo corroborada en sus laboratorios, estos hallazgos podrían en un futuro mejorar significativamente la calidad de vida de estos pacientes, pues este tipo de tumor aún constituye uno de los grandes retos a nivel científico por su manera agresiva de atacar la masa del cerebro.

“Es muy importante verificar nuestra hipótesis e investigar la efectividad de la aplicación de PF-562271 en tejido glioma humano. Es por esta razón que actualmente nuestro laboratorio ha establecido una estrecha colaboración con el Dr. Luis Almodovar del Hospital HIMA San Pablo de Caguas y con el laboratorio del Dr. Alfredo Quiñones-Hinojosa, en Johns Hopkins School of Medicine en Baltimore”, detalló.

No obstante, Rolón Reyes destacó que la combinación de la quimioterapia actual en conjunto con el compuesto farmacológico han reducido también el tamaño de los tumores haciéndolos menos invasivos. Cabe resaltar que ambas científicas utilizan también muestras reales de tumores de gioblastoma multiforme, algo que constituye un paso importante en el estudio de este cáncer pues dichas muestras no son adquiridas con facilidad.

“Esto podría permitir que el paciente viva más tiempo y que el tratamiento sea más efectivo”, celebró.


FUENTE: metro.pr

martes, 29 de septiembre de 2015

Científicos de Salamanca y Canadá colaboran para avanzar contra los tumores cerebrales

Arantxa Tabernero y Christian Naus

Investigadores del Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCYL) de la Universidad de Salamanca estudian desde hace tiempo los gliomas, los tumores cerebrales más frecuentes, y han llegado a desarrollar una molécula que podría frenar su proliferación, un péptido que ya han patentado. Hasta ahora, los científicos han realizado sus experimentos principalmente con cultivos celulares, pero la investigación puede dar un salto hacia adelante gracias a una colaboración con la University of British Columbia de Vancouver (Canadá). El grupo de investigación de Christian Naus, que ha visitado hoy Salamanca, dispone de un modelo animal con el que realizar experimentos.

Naus es uno de los mayores expertos en el estudio de la comunicación intercelular y sus consecuencias en el sistema nervioso y hoy ha ofrecido una conferencia en el INCYL para explicar parte de su trabajo. Sus investigaciones abarcan enfermedades muy diferentes, desde el alzhéimer a los infartos cerebrales, pero el denominador común en todas ellas es que no centra su atención en las neuronas, las principales células del sistema nervioso, sino en las células de la glía, que les sirven de soporte.

“Muchas enfermedades pueden tener su origen en las neuronas, pero un mal funcionamiento de las células gliales tiene consecuencias más graves y, viceversa, si las células de la glía pueden ofrecer un mejor papel de protección, las enfermedades se verán atenuadas”, explica en declaraciones a DiCYT Christian Naus.

Infartos cerebrales

Los principales resultados de su trabajo se están aplicando a los infartos cerebrales, asunto que ha tratado en un seminario de investigación. “Durante muchos años hemos estudiado los canales de comunicación entre las células gliales y hemos comprobado que participan en la protección de las neuronas cuando ocurre un infarto cerebral”, afirma. En colaboración con otros grupos de investigación y con compañías farmacéuticas, su equipo ha desarrollado péptidos capaces de regular estos canales de comunicación para proteger a las neuronas, algo que está probando en modelos animales modificados genéticamente.

“La mayor parte de los estudios sobre infartos cerebrales se centran en las neuronas, así que la particularidad de nuestro trabajo es estudiar los astrocitos [células de la glía] y creemos que una combinación de ambos enfoques es la mejor forma de aproximarse a las terapias y a la protección tras un infarto cerebral”, comenta. Naus confía en que estas investigaciones se apliquen muy pronto, porque trabaja con una farmacéutica que ya ha realizado ensayos clínicos con las mismas moléculas como tratamiento para isquemias cardiacas, de manera que se podrían ahorrar algunas fases iniciales en posibles ensayos clínicos.

Gliomas

En el caso de los gliomas o tumores cerebrales, la aproximación es muy similar. En lugar de atacar directamente las células tumorales con cirugía y quimioterapia, los científicos canadienses se han fijado en el papel que pueden tener otras células del entorno, como los astrocitos. “Las células tumorales se comunican con los astrocitos y los utilizan para migrar”, explica, extendiéndose así el cáncer. Por eso, su objetivo es controlar esta comunicación y evitar la migración de las células del glioma.

En este aspecto, el trabajo de Naus coincide con las investigaciones del grupo de Arantxa Tabernero en el INCYL, que ha patentado un péptido que podría ser eficaz para frenar estos tumores cerebrales, según los experimentos realizados con cultivos celulares. Los científicos de la University of British Columbia han desarrollado un modelo animal para estudiar los gliomas que replica la patología humana con gran fidelidad. “Es un buen modelo para ver si los resultados que hemos observado en nuestro laboratorio se pueden reproducir in vivo”, destaca la investigadora de la Universidad de Salamanca responsable del desarrollo de la molécula.

A largo plazo, si los resultados son satisfactorios, los investigadores pasarían a realizar ensayos con pacientes. La combinación de este posible nuevo tratamiento con la cirugía y la quimioterapia actuales podría tener un efecto muy positivo para combatir los tumores cerebrales más frecuentes.


FUENTE: dicyt.com

martes, 15 de septiembre de 2015

La función inmune experimenta cambios mucho antes del diagnóstico de un tumor cerebral

Un nuevo estudio sugiere que se producen cambios en la función inmune hasta 5 años antes del diagnóstico de un tumor cerebral, que normalmente produce síntomas sólo tres meses antes de que se detecte. Mediante el uso de muestras de sangre recogidas en promedio 15 años antes del diagnóstico de tumor cerebral para analizar las interacciones entre 12 proteínas relacionadas con las alergias, los científicos observaron cómo esas relaciones difieren entre las personas más tarde diagnosticadas con tumores cerebrales y los individuos de control sin cáncer.

Un nuevo estudio sugiere que se producen cambios en la función inmune hasta 5 años antes del diagnóstico de un tumor cerebral, que normalmente produce síntomas sólo tres meses antes de que se detecte. Mediante el uso de muestras de sangre recogidas en promedio 15 años antes del diagnóstico de tumor cerebral para analizar las interacciones entre 12 proteínas relacionadas con las alergias, los científicos observaron cómo esas relaciones difieren entre las personas más tarde diagnosticadas con tumores cerebrales y los individuos de control sin cáncer.

Entre las personas que fueron diagnosticadas posteriormente con el tumor cerebral llamado glioma, el análisis de muestras de sangre mostró que estas proteínas del sistema inmune se habían enviado un menor número de señales entre sí hasta cinco años antes del diagnóstico. Por el contrario, las interacciones se mantuvieron fuertes entre los controles sanos.

"Ahora, los médicos no tienen ninguna manera de detectar los tumores hasta que los pacientes sufren síntomas, que suelen ser tres meses antes del diagnóstico. Yo ví algo cinco años antes", afirma la directora del estudio, Judith Schwartzbaum, profesora asociada de Epidemiología en la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos.
Las proteínas analizadas, llamadas citoquinas, son las que se activan durante una respuesta inmune relacionada con la alergia y se seleccionaron para este estudio debido a su implicación con las alergias, que se han vinculado con un menor riesgo de glioma y su forma más grave, el glioblastoma.

Los glioblastomas constituyen hasta el 60 por ciento de los tumores de adultos en el cerebro en Estados Unidos, afectando a un estimado de 5 de cada 100.000 personas. Los pacientes que se someten a cirugía, radiación y quimioterapia sobreviven, en promedio, alrededor de un año después del diagnóstico, con menos de una cuarta parte de los pacientes que sobreviven hasta dos años y menos del 10 por ciento que sigien vivos pasados cinco años.

Estos tumores tienen el poder de suprimir el sistema inmunológico, lo que les permite crecer, y los hallazgos, que se describen en un artículo que se publica en 'Plos One', sugieren que el desarrollo temprano del tumor podría conducir a cambios en la función inmune detectables años antes del diagnóstico de cáncer.

"Los cambios que vemos en la función inmune sugieren que hay alteraciones localizadas mucho antes del momento normal del diagnóstico del tumor", señala Schwartzbaum, también investigador en el Centro Integral del Cáncer de Ohio. "No puedo decir cuáles son las citoquinas más importantes porque están todas relacionados entre sí y no actúan solas. Pero veo a un debilitamiento en la totalidad de sus relaciones en pacientes con glioma dentro de los cinco años anteriores al diagnóstico y nada igual que entre los controles", detalla.

El equipo tuvo acceso al 'Janus Serum Bank' de Noruega, un banco que contiene muestras obtenidas de ciudadanos durante sus evaluaciones médicas anuales o de donantes voluntarios de sangre durante los últimos 40 años. Noruega también ha registrado todos los nuevos casos de cáncer en el país desde 1953 y los números de identificación personal permitirán hacer referencias cruzadas de aquellos casos con muestras de sangre tomadas con anterioridad.

Para este estudio, los científicos analizaron citoquinas en muestras de suero sanguíneo de 487 personas diagnosticadas con glioma (315 de los cuales eran glioblastoma) y 487 controles que permanecieron libres de cáncer cerebral. Las muestras de sangre se habían tomado un promedio de 15 años antes de que los individuos que desarrollaron tumores recibieron el diagnóstico.

Cuando Schwartzbaum investigó las correlaciones entre las proteínas relacionadas con la alergia en toda la muestra, encontró diferencias significativas entre las personas posteriormente diagnosticados con tumor cerebral y los controles. Sin embargo, cuando se redujo el análisis a 55 muestras de pacientes cuya sangre se tomaron cinco o menos años antes de un diagnóstico de glioma o glioblastoma, surgió claramente la interacción entre la disminución de citoquinas en las personas que desarrollaron tumores.

"Los matemáticos que modelaron los cambios en la función inmune en pacientes con glioma sugieren que esto significa que el tumor está empezando a dirigir o suprimir la activación inmune local. Y eso tiene sentido", subraya esta experta. Aunque esta muestra de casos representa extracciones de sangre dentro de los cinco años hasta el diagnóstico, el tiempo medio de diagnóstico fue de tres años.

LAS ALERGIAS, ESCUDOS CONTRA ESTOS TUMORES

Entre todo el grupo de muestras de sangre, los autores hallaron otra relación de las citoquinas que sugiere que las alergias protegen contra este tipo específico de tumor. Hasta 20 años antes del diagnóstico, el análisis mostró que los niveles altos de la proteína IL-4, que se produce en exceso en las personas con alergias, se vinculó con una menor probabilidad de desarrollar un glioma en el futuro.

La asociación se mantuvo cuando se tuvo en cuenta otra proteína y las interacciones entre los dos. "Esto podría significar esta interacción de citoquinas tiene un efecto preventivo 20 años antes de que un tumor fuera propenso a desarrollarse", sugiere Schwartzbaum.

Este hallazgo apoya resultados previos que sugieren que las alergias reducen el riesgo de glioma. Como estos tumores influyen en el sistema inmune, los investigadores todavía no están seguros de si las alergias disminuyen el riesgo de cáncer o si, antes del diagnóstico, estos tumores interfieren con la respuesta inmunitaria hipersensible a los alérgenos.

El grupo de Schwartzbaum había informado anteriormente de que los hombres y las mujeres cuya sangre muestras contenían anticuerpos relacionados con alergias presentaban un riesgo casi un 50 por ciento menor de desarrollar glioma 20 años más tarde en comparación con individuos sin síntomas de alergias.


FUENTE: noticias.lainformacion.com

lunes, 7 de septiembre de 2015

Nuevo proyecto de investigación en radiodiagnóstico para tumores cerebrales


El despacho de Beatriz Asenjo pega prácticamente pared con pared con la sala de resonancias del Hospital Regional de Málaga (Carlos Haya). Allí, su equipo de la Unidad de Gestión Clínica (UGC) de Diagnóstico por la Imagen (que abarca rayos y medicina nuclear) escanea a pacientes a diario y trata con compañeros médicos del resto de especialidades. Todos confían en su criterio como especialista en radiodiagnóstico a la hora de analizar las imágenes y fijar qué tipo de protocolo o tratamiento seguir con el enfermo.

Es por ello que, a sus 52 años, esta granadina afincada en Málaga desde hace ya más de dos décadas ha participado en numerosos proyectos de investigación como asociada, pero es ahora cuando va a dirigir uno por primera vez, pensado para tratar a personas con gliomas, el tipo de tumor cerebral maligno más frecuente.

La iniciativa, concebida junto a Félix Navarro, radiofísico del Hospital, pasa por «exprimir» al máximo todos los datos e información que puede aportar una resonancia magnética y determinar así el tratamiento de un enfermo con un glioma que sigue en progresión, pese a haber pasado ya por el protocolo inicial de radioterapia y quimioterapia.

«La idea es que no todos los progresos de los tumores se puedan tratar igual», explica Beatriz Asenjo, que ha visto cómo muchos de estos pacientes tampoco responden a los fármacos antiangiogénicos y se ven obligados a pasar por sus efectos secundarios para nada. Para evitarlo, en el proyecto se analizará si la llamada imagen potenciada en difusión (un tipo de secuencia de resonancia magnética) y los datos que se obtengan de ella pueden actuar como factor de pronóstico, y saber así si el enfermo puede responder o no a la terapia antiangiogénica.

La línea de trabajo

Se trata de una investigación pionera, para convertir la imagen del escáner en valores numéricos fiables en los que los médicos puedan confiar a la hora de diagnosticar. El trabajo va en la línea de la tesis que Beatriz Asenjo sostiene desde que empezó a practicar la medicina como residente en oncología: las posibilidades que ofrece la radiología son enormes y muchas están por explorar a pesar de los avances tecnológicos.

«El potencial de la imagen como biomarcador es cada vez mayor. La resonancia es ya un arma poderosa, porque lleva tiempo siendo una parte fundamental para la toma de decisiones pero cada vez lo va a ser más», afirma la directora de la UGC, quien se muestra especialmente ilusionada con este proyecto, dado que no es «nada frecuente» que un servicio de rayos lidere una investigación y que esta sea financiada por la Junta de Andalucía.

Durante el proyecto, con una duración de dos años y a lo largo del cual se pretende trabajar con una muestra de entre 80 y 90 pacientes (todos desde Málaga), contará con la colaboración de los físicos Pedro Galán y Félix Navarro y de la empresa Brain Dynamics, con sede en el Parque Tecnológico y especializada precisamente en gestión de datos en el ámbito de la neurociencia.

Este trabajo liderado por malagueños vendría a dar una vuelta de tuerca más a la secuencia en difusión
Sus técnicos serán los encargados de estudiar y desarrollar un ‘software’ informático que será el que convierta en números las imágenes salidas del escáner. No en vano, Beatriz Asenjo resalta que de una resonancia magnética pueden salir hasta 3.000 imágenes que suponen una «potente» carga de información que hay que simplificar a través de las matemáticas.

Este trabajo liderado por malagueños vendría a dar una vuelta de tuerca más a la secuencia en difusión, abriendo la puerta a la mejora en el diagnóstico y tratamiento de otro tipo de tumores y enfermedades a través de esta técnica. Aunque la financiación no la recibieron hasta el verano, llevan tiempo trabajando y ya han recogido los datos de casi un tercio de los pacientes.

Para esta investigadora, el proyecto va en la línea de huir cada vez más de los tratamientos estándar y apostar por los «tratamientos personalizados, casi como un traje», especialmente para los enfermos de cáncer.


FUENTE: Diario Sur