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lunes, 9 de noviembre de 2015

Primer ensayo con inmunoterapia en el tumor cerebral más agresivo


El glioblastoma multiforme es considerado el tumor cerebral más agresivo y es que, pese a que se logre extirpar con éxito en la cirugía, la mayor parte de los pacientes acaba sufriendo una recaída en poco tiempo. Para tratar de frenar ese curso natura de la enfermedad, 29 pacientes españoles van a iniciar en la Clínica Universidad de Navarra un ensayo clínico con un fármaco que ya se está administrando con éxito en casos de melanoma.

Por primera vez, este ensayo clínico va a tratar este agresivo cáncer cerebral con un fármaco inmunoterápico, que trata de 'emplear' las propias defensas del organismo para que sean ellas las que ataquen a las células tumorales. Nivolumab, que así se llama el medicamento, ya está autorizado para pacientes con cáncer de piel y para ciertos tipos de cáncer de pulmón.

Como explica a EL MUNDO el doctor Ignacio Melero, codirector del Servicio de Inmunología e Inmunoterapia de la clínica navarra e investigador principal de este ensayo, los primeros resultados se esperan en el plazo de "año o año y medio".

Como él mismo explica, el glioblastoma multiforme es el cáncer cerebral más frecuente y más agresivo (afecta a seis de cada 100.000 personas al año en España). "Incluso con las mejores técnicas quirúrgicas, guiadas mediante fluorescencia, sabemos que siempre quedan células tumorales ocultas más allá de los visible, porque éste es un tumor que infiltra de una manera muy particular el tejido cerebral", explica telefónicamente desde Pamplona.

En la actualidad, administrar radio y quimioterapia después de la cirugía logra retrasar unos meses esa inevitable recaída.

Lo que el nuevo ensayo con 29 pacientes tratará de demostrar es si administrando además la inmunoterapia, antes y después de la cirugía, se logra mejorar el mal pronóstico de estos pacientes. Concretamente, prosigue Melero, se administrará nivolumab (del laboratorio Bristol Myers) en pacientes recién diagnosticados (antes y después de pasar por el quirófano), así como en pacientes que ya fueron operados pero que han recaído y vuelven a ser candidatos a cirugía.

Aunque existen varios ensayos clínicos en el mundo con distintos tipos de inmuinoterapia para hacer frente a los tumores cerebrales, éste es el primero que se lleva a cabo con este fármaco ya autorizado. El hecho de que los 29 pacientes vayan a ser operados y tratados en la Clínica de Navarra, explica Melero, responde al hecho de que es importante homogeneizar la cirugía lo máximo posible, en un tumor cuyo pronóstico está muy ligado a la capacidad del cirujano de extirpar inicialmente la mayor cantidad de tumor visible posible.

Nivolumab ha sido uno de los primeros fármacos inmunoterápicos en llegar al mercado, con prometedores resultados en pacientes con melanoma, cáncer de pulmón y de riñón. Su mecanismo de acción consiste en 'desbloquear' los frenos que el tumor ha sido capaz de imponer al sistema inmune para que las células defensivas no ataquen a las tumorales. "Es como si [el medicamento] no dejase que el cáncer pise el pedal de freno", explica.


FUENTE: El Mundo

martes, 30 de junio de 2015

Un único gen permite convertir células cancerígenas en tejido sano


En la actuación sobre un solo gen podría estar la clave para un tratamiento contra el cáncer que desbancaría a métodos actuales como la quimioterapia, muy criticada por sus efectos secundarios sobre el organismo.
Eso es lo que se desprende de un estudio realizado por un equipo de investigadores del Memorial Sloan Kettering Cancer Center (MSK) de Nueva York con grupos de ratones en el laboratorio, y que publica la revista Cell.
Con la activación de un único gen supresor tumoral, estos científicos han podido frenar, hacer retroceder y finalmente eliminar por completo una variedad de cáncer de colon que padecían los ratones.

Primeras pruebas en ratones

La primera particularidad de este estudio fue la enfermedad tratada en los ratones. En la mayoría de modelos animales, los investigadores trabajan con variedades de cáncer colorrectal que producen tumores en el intestino delgado, pero en este caso la enfermedad se extendió hasta el colon, de manera similar a como sucede con los pacientes humanos.
A partir de ahí, el tratamiento se centró en un único gen, el llamado APC (Adenomatous Polyposis Coli), del que se sospecha hace tiempo que es una de las causas de la aparición del cáncer de colon, así como de la poliposis adenomatosa familiar.
Las mutaciones esporádicas en este gen, que causan variedades tumorales no hereditarias, están presentes en la mayoría de tipos de cáncer de colon, si bien se desconocía su papel en fases posteriores de la enfermedad.
Para inducir la enfermedad a los ratones, los investigadores bloquearon el gen APC. De esta manera, se activaron las vías de señalización WNT, cuyas mutaciones se cree tienen un papel importante en el desarrollo de distintos tipos de cáncer, algo que se demostró en este caso.
Cuando el gen APC fue reactivado, la actividad de las vías volvió a niveles normales, lo que llevó a la supresión de las células tumorales y el retorno de las funciones habituales de las células intestinales.
Los efectos de la reactivación del APC no se detuvieron ahí. Después de frenarse el desarrollo de los tumores, estos empezaron a retroceder o reintegrarse en el tejido normal. A las dos semanas, el proceso se había completado, y después de un seguimiento de seis meses los investigadores concluyeron que no quedaban más signos de la enfermedad en los organismos.

Potenciales aplicaciones

A pesar de los resultados tan positivos en el tratamiento, aún queda por comprobar los efectos que tendría este en seres humanos. En la mente de los investigadores está el sustituir las terapias que se vienen utilizando hasta ahora, pues “los tratamientos para cáncer de colon implican quimioterapias que son tóxicas y bastante poco efectivas”, según afirma Scott Lowe, uno de los autores del estudio.
El problema al que se enfrentan es que el tratamiento sobre el gen APC solo resulta válido para el cáncer de colon, pues las mutaciones en el gen no afectan a la enfermedad cuando se localiza en otras partes del cuerpo.
Para Lukas Dow, participante del estudio e investigador de la Facultad de Medicina Weill Cornell de la Universidad de Cornell en Nueva York, esto no supone un gran problema, ya que la investigación abre nuevas vías de estudio. “Si podemos descubrir qué tipos de mutaciones y cambios son clave en el desarrollo de tumores”, afirma, “estaremos preparados para desarrollar los tratamientos más adecuados para cada tipo concreto de cáncer”.
De momento, esta terapia ha logrado evitar la actividad genética descontrolada que suele aparecer cuando se pretende revertir la función de células tumorales, con lo que el tratamiento del cáncer de colon, el segundo más mortal a día de hoy (con 700.000 muertes al año), presenta un horizonte esperanzador.
Los autores del estudio ya investigan la manera de usar este método para tratar procesos de metástasis, y para extender estas buenas expectativas a las terapias de otras variedades de cáncer. inmunoterapia ha conseguido sus primeros éxitos contra el cáncer de pulmón. Este abordaje, consistente en activar el sistema inmunitario del paciente para que colabore en la lucha contra las células cancerosas, había fracasado hasta la fecha al intentar usarla en uno de los tumores más frecuentes y mortales, el de pulmón (más de 26.000 casos y de 21.000 muertes en España en 2012, según los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, SEOM). El avance es tan importante que el viernes mereció la primera sesión del Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) que se celebra en Chicago.
Aunque el cáncer de pulmón sea el más frecuente de los tratados, en el congreso, al que EL PAÍS ha acudido invitado por Janssen, se ha resaltado también las expectativas que este abordaje abre para otros cánceres, como el de cabeza y cuello, colon e hígado. El nexo común entre todos ellos es un juego de dos proteínas, la PD-1 y la PDL-1, la primera en los linfocitos del sistema inmunitario y la segunda en las células tumorales. Y lo que hacen los fármacos que se han ensayado (el nivolumab, de BMS, y el pembrolizumab, de Merck), en líneas generales, es asegurarse de que la PDL-1 no oculta el cáncer a las defensas del paciente.
En el caso del cáncer de pulmón, el avance es especialmente importante porque, hasta ahora, se había resistido a la inmunoterapia. Se decía que era poco sensible a esos tratamientos, “pero lo que pasaba es que no teníamos el correcto”, dijo Luis Paz-Ares, del Hospital 12 de Octubre de Madrid, que ha participado en los ensayos y fue el encargado de exponer los avances conseguidos. De los distintos tipos de cáncer de pulmón, el trabajo de Paz-Ares se ha centrado en el denominado de células no pequeñas y no escamoso.
La complejidad del nombre es una prueba de que, según avanza el conocimiento, se van acotando más los tratamientos para darles una terapia que se denomina personalizada. La importancia de trabajar con este grupo –y con el de los tumores escamosos, cuyos resultados se presentaran el domingo- es que entre ambos representan el 85% de los cánceres de pulmón, precisamente aquellos que actualmente tienen peor pronóstico. De hecho, la eficacia del nivolumab, según el estudio CheckMate057, va en paralelo a la presencia de la proteína PD-1 en las células. Si, de media, la supervivencia de los pacientes pasa de los 9,4 a los 12,2 meses frente al tratamiento actual con docetaxel, en los que tienen una mayor expresión de la PD-1 pasa de 9,4 a 18, indica Paz-Ares.
En el caso del cáncer de hígado avanzado, con el mismo fármaco se consigue pasar de un 30% de supervivencia al año a un 62%, indico Anthony B. El-Khoueiry, de la Universidad del Sur de California, frente al tratamiento con sorafenib. En el cáncer de cabeza y cuello, el 56% experimenta una reducción del tumor, dijo Tanguy Sehwert, de la Universidad de Chicago. Incluso en los casos en que la eficacia es limitada, hay otro aspecto a tener en cuenta, apunta Paz-Ares: los efectos adversos, que son mucho menores con el nuevo medicamento –aunque los tiene-, lo que puede ser otro factor a considerar.
Esta relación entre la eficacia del fármaco y la existencia de ciertas proteínas lleva a postular a la PDL-1 como un biomarcador (una señal que se puede medir del estado del organismo). En este caso, no es como la proteína PSA en el cáncer de próstata porque no es un diagnóstico. Una medición de la PD-1 en las células cancerígenas puede servir también como predictor del comportamiento el tumor ante el tratamiento.
“Costaría menos de 100 euros” y evitaría gastar miles en darle un fármaco a alguien que no se va a beneficiar”, apunta Paz-Ares. La PD-1 –una de las proteínas estrella de la inmunoterapia actual- ve reforzado su papel cuando combina con otro proceso, el de “deficiencias en la reparación” del ADN. Este es clave para las células, ya que elimina los errores en el material genético que se producen cuando la célula se divide. En el caso del cáncer; la proliferación hace que estas mutaciones se acumulen. “Es como llenar a una célula de banderas rojas para que el sistema inmunitario las identifique”, explico Lynn Schuchter, vicepresidenta de ASCO. Cuando esto sucede, es fácil de ver, señaló Le Dung T., del Johns Hopkins. Y en este caso, el tratamiento con pembrolizumab del cáncer de colon, que es el que ha estudiado Dung, es más eficaz.


FUENTE: Investigación y Desarrollo