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martes, 5 de enero de 2016

El CNIO halla una posible nueva diana farmacológica para actuar sobre uno de los más importantes, y elusivos, oncogenes

El oncogén MYC interviene en muchos tipos de cáncer, algunos de ellos muy agresivos; los investigadores sospechan que controlar su actividad podría abrir vías a nuevos tratamientos. Pero MYC es un oncogén especialmente complejo, que hasta ahora se ha resistido a la manipulación terapéutica. Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han logrado ahora identificar una proteína indispensable para que MYC produzca cáncer en modelos de ratón, y creen que podría ser una nueva diana para futuros fármacos antitumorales. El trabajo, que se publica hoy en Nature Communications, emplea técnicas de análisis masivos de datos para estudiar el comportamiento de MYC en redes formadas por centenares de genes.

MYC es una de las principales proteínas que regulan la expresión génica en las células. La mayoría de este tipo de proteínas actúan sobre menos del 1% de los genes del genoma, pero MYC regula entre 2.000 y 3.000 genes, lo que supone hasta el 15% de los genes en todo el genoma. Así pues, MYC interviene en una plétora de funciones celulares: crecimiento celular, proliferación, diferenciación y apoptosis.

Como indica Paco Real, jefe del Grupo de Carcinogénesis Epitelial del CNIO, y uno de los autores del trabajo, “MYC es realmente un controlador general de la actividad de la célula; es uno de los pocos genes que, si lo eliminas, hace inviable a la célula”.

Se sabe que, cuando está desregulado, MYC promueve la formación de múltiples tipos de cáncer —páncreas, ovario, colon, linfomas, entre otros—. El gen MYC está alterado en más de la mitad de los cánceres humanos, y a menudo se lo asocia a tumores muy agresivos.

Por eso muchos grupos buscan hace tiempo una manera de actuar sobre MYC, con la idea de que inhibirlo constituya una nueva vía para combatir el cáncer. Sin embargo, la complejidad de su funcionamiento hacen de este oncogén un objetivo difícil.

El Grupo de Carcinogénesis Epitelial del CNIO recurrió a una estrategia de análisis masivo de datos. Trabajando con células cultivadas in vitro y con técnicas de bioinformática lograron identificar un gen, llamado BPTF, como posible gen importante en cáncer.

CUANDO SE INACTIVA BPTF LAS CÉLULAS NO CRECEN

Los investigadores también detectaron mutaciones en BPTF en cáncer de vejiga, y posteriormente demostraron que cuando se inactiva BPTF las células no pueden crecer. Eso sugirió una función relacionada con MYC.

Como explica Real, “vimos que cuando eliminábamos la función de BPTF resultaban afectados muchos genes que se sabe que dependen de MYC; ello nos hizo pensar que MYC necesita a BPTF para realizar su acción biológica”.

En efecto, en un modelo de ratón de cáncer de páncreas dependiente de MYC, el Grupo de Real, en colaboración con la Unidad de Citogenética Molecular del CNIO que dirige Juan Cruz Cigudosa, han demostrado que inhibir la acción de BPTF reduce la agresividad de los tumores.

BPTF emerge por tanto como un importante eslabón en la cadena de sucesos moleculares que permiten la acción de MYC. Dado que, según muestra este trabajo, bloqueando BPTF las células tumorales no proliferan o lo hacen mucho menos, los autores consideran que este gen podría ser una nueva diana para tratar numerosos tipos de cáncer. 

“Proponemos que un abordaje valioso para tratar los tumores dependientes de MYC es usar pequeñas moléculas que interrumpan la interacción entre MYC y BPTF”, escriben Laia Richart, primera firmante del trabajo, y el resto de los autores en Nature Communications.

BUSCANDO EL ‘TALÓN DE AQUILES’ EN UN MAR DE DATOS

La estrategia seguida por los investigadores pasó por recopilar una enorme cantidad de datos (ir de pesca), de los que solo unos pocos serán relevantes. El objetivo último de este tipo de abordaje es identificar, de entre los centenares de alteraciones moleculares que se producen cuando se desarrolla un tumor, aquellas que representan un talón de Aquiles para las células cancerosas.

“A veces no sabes si lo que has pescado es zapato o trucha”, dice Real. Dilucidarlo —hallar la información relevante entre una maraña de datos de compleja interpretación— exige herramientas de análisis masivo, “intuición basada en la experiencia” y llevar a cabo experimentos bien dirigidos. Se trata de una estrategia “absolutamente necesaria” en la investigación actual, aunque para los investigadores supone un auténtico reto: “Durante años no estuvimos seguros de la relevancia de BPTF en cáncer humano”.

Los resultados que ahora se publican en Nature Communications han exigido unos siete años de trabajo. El estudio ha estado co-dirigido por Paco Real y Víctor J. Sánchez-Arévalo, que también forma parte del Grupo de Carcinogénesis Epitelial del CNIO.


FUENTE: CNIO

martes, 15 de septiembre de 2015

Logran matar células cancerígenas quitándoles la glucosa


El grupo del investigador riojano consigue que las células no tengan energía para dividirse y mejora los resultados del taxol, usado en la quimioterapia.

El punto de partida siempre tiene que ser el mismo: «Esto es un pequeño paso y para conseguir, por ejemplo, curar a un cinco por ciento más de pacientes, son necesarios cientos de pequeños pasitos». Esto es, que lo que el equipo del grupo de división celular y cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) que dirige el riojano Marcos Malumbres ha descubierto será una piedra más (quizá la primera de una nueva línea de estudio) de la lucha global contra la enfermedad. «Esto es una prueba de principio; una prueba de que esto funciona y de que puede ser usado», dice Malumbres.

¿En qué consiste el descubrimiento? El propio investigador alfareño apunta que tiene dos partes: una de ciencia básica y otra, más asumible para el común de los mortales, aplicada. Ambas giran en torno a las necesidades de glucosa de las células cancerígenas en el momento de su división.

Desde el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) explican que «las células del cáncer se vuelven adictas a la glucosa, que utilizan como fuente de energía para crecer y desarrollarse». Con ese concepto básico en mente, el equipo del riojano Malumbres fijó su hipótesis de partida: una falta de glucosa podría inducir la muerte de las células tumorales de manera específica. Y con esa idea ha estado trabajando, además del equipo del CNIO, los del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) de Madrid, del IRB de Barcelona y de las universidad Complutense de Madrid, de Santiago de Compostela y de Boston. El estudio lo acaba de publicar la prestigiosa revista Nature Cell Biology.

Y el resultado ha venido a confirmar la hipótesis de partida. Uno de los sellos característicos de las células cancerígenas es su capacidad de dividirse de manera incontrolada y casi ilimitada, recuerdan desde el CNIO. Explican que cuando la enfermedad es tratada con taxol -uno de los agentes quimioterapéuticos más frecuentes a la hora de luchar contra cánceres de mama, ovario, pulmón, vejiga, próstata o melanoma, entre otros- lo que se busca es frenar esa división celular y ese es el momento en el que dejar sin glucosa a las células puede convertirse en una de las claves para que la enfermedad remita y las células cancerosas mueran.

Desde el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas explican que cuando se está tratando con taxol un cáncer las células tumorales necesitan más glucosa, más energía para seguir dividiéndose por lo que si se evita la glicólisis -la conversión de la glucosa en energía- se refuerza la capacidad anticancerígena de los tratamientos, se mejora su capacidad de acabar con la enfermedad. «De alguna forma, sería como forzar la máquina a necesitar más glucosa y a la vez impedir que la utilicen; así, las células tumorales morirían de inanición al no poder obtener energía para hacer sus funciones vitales».

«Está demostrado que las células mueren. Combinando las drogas que se usan en clínica con inhibidores nuevos contra la glucosa que están en ensayos clínicos y que no se han usado hasta ahora porque no se había encontrado un escenario bien definido se consigue matar a las células», explica Malumbres.

El estudio desarrollado por el equipo del investigador alfareño se ha centrado en dos tipos concretos de cáncer, el de mama y el de pulmón. «Ahí es dónde hemos visto que funciona», dice Malumbres que explica que una vez que Nature Cell Biology publique el artículo que aborda su investigación «otros grupos de trabajo empezarán a trabajar y cada uno se centrará en un tipo de tumor».


FUENTE: larioja.com

viernes, 11 de septiembre de 2015

LOS AVANCES EN BIOLOGÍA PROTEICA CERCAN AL CÁNCER


Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en España, desarrollaron una innovadora estrategia terapéutica para impedir el crecimiento de adenocarcinomas, concretamente de pulmón. Para ello, han bloqueado el funcionamiento de una de las proteínas (la TRF-1) que forma parte de la estructura de los telómeros.

Desde finales de los años 90, la investigación sobre los telómeros o extremos de los cromosomas ha permanecido siempre en primera línea de estudio de la biología, con una gran repercusión. Este se ha convertido así en uno de los temas de mayor impacto en el campo de los estudios clínicos.

Los telómeros son estructuras ubicadas en los extremos cromosómicos que tienen gran importancia en el buen funcionamiento del material genético. Los biólogos se han ido sorprendiendo de la inesperada complejidad de estas estructuras y de la importancia que tienen en salud humana.

Así, por ejemplo, se ha logrado saber que existe correlación entre el tamaño de éstos y el envejecimiento. Por otro lado, defectos asociados a estas pequeñas estructuras cromosómicas se están vinculando cada vez más a mayor número de enfermedades, incluyendo numerosos tipos de cáncer.

El equipo de investigación, liderado por María A. Blasco del CNIO, ha dado un gran paso en la investigación sobre el cáncer, tal y como publicaron en la revista EMBO Molecular Medicine, recientemente. Estos científicos han comprobado, en ratones, que el bloqueo o inhibición de la proteína shelterina TRF-1, es efectivo para inhibir el crecimiento de adenocarcinomas (cánceres de tipo glandular) de pulmón.

Por otro lado, y no menos importante, observaron que la toxicidad provocada para la inhibición de tal proteína no es elevada para los tejidos sanos. Por lo tanto, es perfectamente tolerable por el cuerpo humano sin que tenga que sufrir devastadores efectos secundarios.

Estos resultados demuestran por primera vez que la desprotección de los telómeros puede constituir una potencial diana terapéutica para el tratamiento del cáncer de pulmón.

¿Qué son los telómeros?

Nuestras células presentan unas estructuras altamente organizadas denominadas cromosomas que contienen la mayor parte de la información genética (ADN). Pues bien, los extremos de estos cromosomas se denominan telómeros. ¿Para qué sirven realmente estas estructuras? ¿Desempeñan un papel tan importante como para estar relacionados con enfermedades de tal envergadura como el cáncer?

Las investigaciones realizadas hasta la fecha, así lo demuestran. De hecho, tras haber sido muy importantes en los estudios sobre el envejecimiento celular, ahora han pasado a ser uno de los objetivos fundamentales de los científicos que investigan el cáncer y su posible tratamiento. Aclaremos un poco todo esto.

Los telómeros sellan, de alguna manera, los extremos de los cromosomas previniendo la fusión entre ellos y permitiendo la división celular sin problemas. Además también tienen como función evitar la pérdida de información genética cada vez que la célula se divide. Es decir, protegen la integridad del cromosoma e impiden la pérdida de genes importantes para la vida de la célula.

A medida que vamos envejeciendo, nuestras células se van dividiendo una y otra vez. En este proceso el extremo final del telómero no es copiado, lo que implica un pequeño acortamiento progresivo de estas estructuras. Sin embargo, el acortamiento de ADN sufrido con cada división celular no es, en principio, importante.

Con el paso del tiempo, la longitud telomérica de cada tipo de célula va disminuyendo, algo que nos proporciona información sobre la edad biológica de nuestros órganos y tejidos. A medida que se han llevado a cabo sucesivas divisiones, los telómeros alcanzan, finalmente, un tamaño crítico y esto conlleva inestabilidad en el cromosoma y pérdida de viabilidad celular.

Cuando es alcanzado este tamaño crítico, la célula interpreta que se ha producido un daño irreparable. ¿Cómo reacciona entonces? Simplemente deja de dividirse, y en consecuencia los tejidos no se regeneran. Una actividad que ocurre paulatinamente en nuestro cuerpo de forma progresiva y natural. De esta manera la célula se asegura que la información genética queda intacta, limitando a la vez la vida de la célula sin permitir su crecimiento incontrolado.  Hasta aquí un proceso normal en una persona sana.

Telómeros y cáncer

En las células normales existe una enzima denominada telomerasa, que tiene capacidad de alargar los telómeros de nuevo y evitar las disfunciones existentes en células potencialmente patológicas.

En este sentido, y como hemos explicado, las sucesivas divisiones celulares provocan acortamiento de los telómeros. Pues bien, paulatinamente, las células tras una serie de ciclos de división se van encaminando hacia la senescencia celular, es decir, al envejecimiento y finalmente, la muerte celular.

En las células cancerígenas esta actividad es eludida y no se produce la muerte celular. Por esta razón las células cancerígenas no paran de crecer y dividirse. Uno de los métodos que emplean para evitar esta senescencia es la activación de un complejo enzimático en el que participa la enzima telomerasa.

Si se inhibiese esta enzima, tal y como explican los autores del estudio, se podría hablar de un acercamiento al tratamiento del cáncer. Sin embargo, el tiempo necesario para obtener este acortamiento es demasiado largo y no sería un tratamiento efectivo frente a tumores de gran agresividad. De ahí que los autores del estudio hayan optado por otra estrategia.

Atacando al cáncer

La enorme importancia del trabajo de investigación realizado por el equipo de la doctora Blasco radica, precisamente, en esta nueva estrategia. En él estudian un nuevo camino para llegar a desarrollar una solución viable para el tratamiento del cáncer en humanos.

Este nuevo camino consiste en el bloqueo de otro tipo de proteína, la TRF-1, Telomeric Repeat binding Factor 1, que forma parte también de los telómeros y que es un factor de unión básico para el mantenimiento de la longitud de estos. Para lograrlo emplearon ratones a los que, previamente, les indujeron el desarrollo de un adenocarcinoma pulmonar muy agresivo.

Pues bien, los investigadores bloquearon la acción de la proteína shelterina TRF-1 en estos ratones y estudiaron también el nivel de toxicidad del procedimiento. Los biólogos observaron que la desprotección de los telómeros, mediante la inhibición de la TRF-1, implica un bloqueo del crecimiento del cáncer. Y además comprobaron que la inhibición de la unión de esta proteína a los telómeros bloquea el crecimiento de carcinomas ya establecidos, sin afectar la supervivencia del animal ni la función del tejido.

Una vez establecido que la nueva diana terapéutica era efectiva en la paralización del crecimiento de los tumores, al tiempo que no implica una gran toxicidad, el grupo de investigación buscó compuestos químicos que mostraran acción inhibitoria contra la TRF1. Comprobaron que es posible encontrar potenciales fármacos que pueden inhibir esta proteína y que tengan además un efecto terapéutico beneficioso.

Defectos en los telómeros

Las investigaciones sobre los telómeros, como hemos visto, no se limita al cáncer. Ni mucho menos. Actualmente existen muchos ejemplos en los que la investigación telomérica tiene mucho que decir.

En este sentido se ha comprobado, recientemente, que si se dañan los telómeros, y además existen una serie de factores ambientales condicionante añadidos, se pueden generar enfermedades tan relevantes como la fibrosis pulmonar.

De hecho, se sabe que muchos pacientes que padecen fibrosis pulmonar idiopática tienen telómeros más cortos de lo normal. Y precisamente, esta es una de las enfermedades más frecuentes entre aquellas personas que presentan mutaciones en los genes relacionados con el mantenimiento de los telómeros.

Por tanto, las alteraciones en la estructura y/o funcionamiento de estos capuchones constituyen una de las causas que subyacen a enfermedades asociadas con el envejecimiento y a cánceres de diverso tipo. Todo ello nos lleva a pensar que seguiremos informando de nuevos avances en estas regiones de nuestro material genético.

Referencia:

García-Beccaria M, et al. Therapeutic inhibition of TRF1 impairs the growth of p53-deficient K-RasG12V-induced lung cancer by inductin of telomeric DNA damage. EMBO Molecular Medicine (2015). DOI: 10.15252/emmm.201404497.


FUENTE: Investigación y Desarrollo

lunes, 22 de junio de 2015

El CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) busca filántropos para investigar el cáncer


El centro más importante en España y uno de los más importantes del mundo en investigación del cáncer, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), acaba de lanzar un vídeo para promover la adhesión de benefactores del organismo con el fin de investigar el cáncer.
Ya hace seis meses que el centro de investigación público lazó una campaña filatrópica, ‘Amigos del CNIO: más investigación, menos cáncer’. Ahora han recabado testimonios de las motivaciones de algunas de las personas que han donado.
Según ha revelado el CNIO en una nota, la supervivencia de los pacientes con cáncer se acerca al 50% y en algunos casos llega ya al 90% gracias a la investigación, a pesar de que esta enfermedad sigue siendo la segunda causa de muerte en España y se calcula que la incidencia aumente en un 20% en los próximos 20 años.
En torno a seis de cada diez cánceres son consecuencia del estilo de vida y, por tanto, podrían evitarse. Entre las prioridades del CNIO están la prevención a través de estudios epidemiológicos y análisis del genoma a través de sus programas de Genética del Cáncer Humano o de Oncología Molecular.
También cuentan con un servicio de Consulta de Cáncer Familiar, ubicado en el Hospital de Fuenlabrada, en el que pacientes con historia familiar de cáncer reciben consejo genético para actuar en consecuencia, con medidas como intensificar los controles médicos o la cirugía preventiva.
Otro de los focos del CNIO es la metástasis, causa de fallecimiento en el 90% de los pacientes con cáncer. Por esta razón, el centro ha creado este 2015 dos nuevos grupos de investigación que trabajarán para desarrollar de fármacos dirigidos específicamente contra este proceso.
Además, el CNIO está consolidando a través de su Programa Clínico un consorcio con hospitales públicos y privados para desarrollar ensayos clínicos en oncología.
A través del programa, cientos de pacientes pueden ya acceder a terapias experimentales en España sin la necesidad de desplazarse a Estados Unidos u otros países de referencia.
Comunidad en torno a la investigación oncológica
El vídeo recién publicado pretende, según afirma el centro, dar voz a los ‘Amigos del CNIO’ que han contribuido desinteresadamente a la investigación del centro.
Después de seis meses de haber lanzado el proyecto, la iniciativa cuenta ya con más de 300 donantes que han decidido apostar por el proyecto y más de 13.000 seguidores en redes sociales.
Ahora el CNIO busca crear una comunidad mayor con la que hacer frente a la enfermedad. “Soy donante porque considero la investigación como un pilar fundamental en el avance de la sociedad”, es alguno de los motivos que han impulsado a los donantes a formar parte de la iniciativa.
María Blasco, directora del CNIO, explica: “La respuesta de la ciudadanía ha sido espectacular, lo que nos motiva aún más a seguir trabajando por esta importante causa que es la investigación del cáncer”.
“Aspiramos a un futuro sin cáncer, y la ciudadanía nos está dando muestras de apoyo y solidaridad incondicionales en esta labor por las que expreso mis agradecimientos más sinceros“, ha rematado.


FUENTE: RTVE

miércoles, 13 de mayo de 2015

Hallado un punto débil para anular la inmortalidad del cáncer

Un estudio con ratones elimina una protección del genoma de las células tumorales y ayuda a suprimirlas con menos efectos secundarios


Las células cancerosas tienen algo de supervillanas. Se reproducen sin control, utilizan todo tipo de triquiñuelas para evitar las defensas del organismo y los ataques de los medicamentos y son prácticamente inmortales. Este último superpoder se debe al particular funcionamiento de sus telómeros, una parte del sistema de empaquetamiento de nuestra información genética relacionada con el envejecimiento. Cada vez que una célula se divide, duplica su información genética, que está empaquetada en unos tomos llamados cromosomas. Pero el mecanismo de réplica no es tan limpio como el de una fotocopiadora. En el extremo de cada cromosoma se encuentran los telómeros, unas estructuras que impiden que se deshilachen como una goma de pelo evita que se despeluche una trenza. Esa parte final del cromosoma no se puede copiar del todo y en cada división los telómeros se acortan un poco. Cuando estas estructuras son demasiado cortas, la célula sufre, deja de replicarse y acaba eliminada por los sistemas de limpieza celular. Este proceso no afecta a las células tumorales, que pueden dividirse descontroladas sin que sus telómeros se acorten demasiado. Esto se debe a que, a diferencia de las sanas, en este tipo de células se mantiene activada la enzima telomerasa, que repara constantemente los telómeros y permite al cáncer proliferar sin freno. Un enfoque para atacar a esa capacidad del cáncer que lo convierte en casi inmortal sería apagar la telomerasa. Sin embargo, el acortamiento de los telómeros que provocaba esa medida era demasiado lento y la muerte de las células tumorales tardaba en llegar. Ahora, un equipo de investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha encontrado en los extremos de telómeros lo que puede ser una debilidad de las células del cáncer. Allí están enganchadas seis proteínas llamadas shelterinas (del inglés shelter, protección) que forman una especie de capuchón que protege el telómero. Para romper esa defensa, las investigadoras bloquearon una de las proteínas, en concreto la TRF1, una acción con la que las células cancerosas perdieron su inmortalidad. Según explican los autores del trabajo, que publican sus resultados en la revista EMBO Molecular Medicine, esta técnica, que se probó en ratones, impidió el crecimiento de tumores de pulmón. Además, se comprobó que bloquear las shelterinas con un fármaco no producía efectos tóxicos excesivos en las células sanas. María Blasco, directora del CNIO y líder del estudio, explica que la elección de la proteína TRF1 como objetivo del tratamiento se debe también a su papel esencial para la generación de células madre del cáncer. Estas células, se cree, están detrás de las recaídas de la enfermedad y convierten a la proteína en una diana con interés doble. 
Los autores del trabajo tomaron un modelo de cáncer de pulmón y observaron las consecuencias de anular el efecto protector sobre el tumor de TRF1 de dos formas diferentes. Por un lado, se hizo eliminando el gen que produce la proteína en ratones modificados y, por otro, empleando un inhibidor químico desarrollado en el CNIO y que, a largo plazo, sería la herramienta para convertir estos descubrimientos en tratamientos para humanos. En ambos casos, a diferencia de los que sucedía cuando se bloqueaba la telomerasa, “el efecto es instantáneo”, apunta Blasco. “Lo que ocurre es que se genera el daño directamente sobre el telómero, a diferencia de la quimioterapia que daña todo el genoma”, añade. Este daño, más localizado, es suficiente para desproteger a los cromosomas del cáncer y al mismo tiempo tiene una menor toxicidad. “En los tejidos que crecen más rápido, como la médula ósea, es algo mayor, pero similar a una quimioterapia suave”, concluye Blasco. Ahora, desde el CNIO están tratando de lograr aplicaciones prácticas con su conocimiento sobre este posible punto débil del cáncer de pulmón. "Estamos buscando socios en la industria farmacéutica para llevar los resultados a estadios más avanzados del desarrollo de fármacos”, afirma la directora del centro.

FUENTE: El País

lunes, 13 de abril de 2015

Entrevista a María Blasco en El País Semanal

María Blasco: “El futuro va hacia retrasar todas las enfermedades”

La investigadora y directora del CNIO protagoniza la tercera entrega de la serie de entrevistas 'Así pasen cien años', que lanza una mirada al futuro

Blasco confía en que la ciencia alargará y mejorará la vida del ser humano en un mundo más igualitario y justo, donde los ciudadanos serán habitantes de la Tierra y no de países


La investigadora y directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (Cnio), María Blasco, es la tercera protagonista de esta serie de conversaciones en torno al futuro de la humanidad, tras las entrevistas al escritor Javier Marías y al paleontólogo Juan Luis Arsuaga. De la ciencia a la literatura, les hemos pedido que imaginen cómo viviremos de aquí al siglo XXII. ¿Podemos tener esperanza? ¿Seremos más felices? ¿Estaremos más sanos? ¿Cuántos años viviremos? ¿Será el mundo más justo, más libre, más solidario?
Blasco suma a su premiada labor de investigadora la responsabilidad de dirigir una institución como el CNIO, donde trabajan cerca de 500 personas. Esa facilidad para alternar funciones, que Blasco lleva con encomiable equilibrio en una época de recortes sin cuento, debe ser una cualidad innata en esta bioquímica y bióloga molecular, que en directo sabe combinar pasión y racionalidad en una mezcla casi medida en una retorta de laboratorio: al 50%.
¿Qué mundo nos traerá más novedades en el siglo XXII? ¿Quizá la medicina? En general todo lo que sea derivado de la investigación, de la ciencia y la tecnología, y ahí está también incluida, por supuesto, la sanidad. La medicina evoluciona a gran velocidad por innovaciones que vienen a su vez de la investigación. Y es lógico que así sea, que se redoblen los esfuerzos en la curación de enfermedades porque es una exigencia de la sociedad.
¿Y en qué campos vamos a experimentar un mayor cambio en los próximos cien años, en terapia génica, en mejora de medicamentos, en cirugía? En todas. Es una realidad evidente que se está avanzando en todo a la vez. Y para el siglo XXII ya contaremos con progresos aún mayores. Hoy ya podemos observar cómo cada vez hay tecnologías más sofisticadas para cirugías, para detección precoz de enfermedades, etcétera. Todo eso va a ir avanzando sin parar. Ocurre igual con los fármacos, que día a día son más sofisticados, cada vez van más dirigidos a alteraciones muy concretas.
Actualmente, el mayor número de muertes en todo el mundo se produce por enfermedades del sistema cardiovascular, el cáncer, la diabetes, el sistema nervioso… Dentro de un siglo, ¿serán también esas las enfermedades que causarán un mayor número de muertes? Antes de contestar me gustaría insistir en una cuestión previa que los científicos tenemos muy clara, pero que me parece que no es de conocimiento popular.
Diga, diga… Pues que todas estas enfermedades son simplemente la consecuencia de una causa molecular, una causa biológica que es el proceso de envejecimiento celular. O sea, conforme van pasando los años nuestras células van perdiendo su estado de forma, van envejeciendo y eso es lo que causa la enfermedad. Ese es precisamente mi campo de investigación. Así que la forma que tenemos ahora de ver enfermedades como el cáncer y las cardiovasculares es que tienen un origen similar, que es este proceso de envejecimiento celular. Y ha habido una ciencia de altísima calidad, una ciencia muy rompedora en los últimos, yo diría, quince o veinte años que ha empezado a desvelar cuáles son estas causas moleculares, y por primera vez también hace unos pocos años se ha demostrado que alterar solo una de estas causas retrasaría todas esas enfermedades.
¿Todas, dice? Sí, sí, eso es. Ahí es hacia donde va el futuro. El futuro no va hacia tengo algo para el cáncer o voy a tener algo para cardiovascular, que es lo que ha estado ocurriendo hasta ahora. El futuro va hacia intentar realmente retrasar todas las enfermedades. ¿Y esto por qué? Porque lo que se ve que es importante realmente es estar sano, estar saludable durante el mayor tiempo posible. Es lo que se llama alargar el tiempo de vida de juventud. Ese es uno de los grandes retos, una de las grandes revoluciones en la manera de ver la enfermedad y una de las cosas que más avances nos va a dar.
Suena parecido al elixir de la eterna juventud… No, no, hablamos de avances científicos. Es muy complejo, porque el problema tiene una parte genética y una parte ambiental.
¿En qué porcentaje? Pues un 20% genético y un 80% ambiental. Esto es, de los hábitos de vida. Hay un estudio hecho en Dinamarca con gemelos univitelinos que confirma claramente lo que le estoy diciendo. En ese 80% se incluye el tipo de vida que has llevado, en qué ciudad vives, la suerte o mala suerte que hayas tenido, el estrés laboral o emocional, independientemente de la genética. Sumemos también la suerte, la suerte de la vida, el azar. Dónde has estado, qué has hecho… Son cosas que tampoco las decides tú, puede ser que hayas tenido un accidente, que se te haya muerto un hijo…, todo eso influye en ese 80%.
También cuenta, supongo, la alimentación o el sedentarismo. Claro, y por supuesto fumar o el consumo de alcohol. Hemos vivido casi de espaldas completamente al importantísimo efecto que tienen los hábitos de vida, los hábitos alimentarios, incluso el estrés, como decía antes, muchísimas cosas que ahora sabemos que están influyendo en esta capacidad para mantenernos sanos durante más tiempo y que repercuten de manera determinante en la salud de una persona.
Ya, pero eso significa tan solo retrasar las enfermedades. ¿Y acabar con ellas, olvidarnos de su existencia? Por lo directo, ¿habrá cáncer en el siglo XXII? El cáncer ya es prácticamente curable al 100% si se detecta en estadios muy tempranos. Así que lograr que el cáncer no sea una de las principales causas de muerte en el siglo XXII pasa necesariamente por que seamos capaces de desarrollar biomarcadores efectivos que nos avisen de qué individuos están en riesgo de padecer cáncer y en estos casos poder detectarlo de manera precoz, cuando es curable. Hay que evitar que los tumores pasen al estadio de metástasis, porque la curación es muy difícil… Ojalá pudiéramos llegar al siglo XXII con este reto ya resuelto. Lo que sí ocurrirá dentro de cien años es que aquellos individuos que desarrollen un cáncer tendrán tratamientos personalizados acordes con el DNI genético del paciente y del tumor. Habrá muchos más fármacos que se habrán desarrollado contra los cientos de nuevas dianas que se están encontrando ahora gracias a la secuenciación del genoma del cáncer. Sabremos, además, cómo combinarlos para que maten más eficientemente los tumores. Eso sí, estos tratamientos serán muy costosos.
No nos asegura entonces que el siglo XXII esté libre de cáncer… Es que los investigadores todavía tenemos muchas cosas que resolver antes de hacer una promesa de tal calibre… Vemos cánceres infantiles, claro, pero la verdadera incidencia del cáncer en términos estadísticos empieza a aumentar tanto en hombres como en mujeres a partir de los 40-50 años. El envejecimiento demográfico de la población predice que en 2050 en España habrá más de un 30% de la población con más de 65 años, y quizás esto sea aún mayor en el año 3000. Por lo tanto, si no hay avances significativos en nuestra capacidad para prevenir el cáncer, la predicción es que en el siglo XXII el cáncer puede ser una de las enfermedades más prevalentes. Para evitar llegar a esa situación hay que hacer un grandísimo esfuerzo hoy. Pero merece la pena.
Pues más bien asusta más que tranquiliza… No, no. Lo que digo es que tenemos que multiplicar el trabajo de manera incansable sobre esos supuestos, y emplear todos los medios que podamos para lograr, repito, esos biomarcadores. En cardiovascular ya funcionan muy bien. El nivel de colesterol, por ejemplo. Esto ha sido una revolución, porque ser capaces de ver qué personas tienen riesgo de padecer un infarto, y antes de que lo sufran, cambiar los hábitos de vida, modificar la dieta, incluso darte una pastillita que te baja el colesterol, hace que retrase o evite la enfermedad cardiovascular. Si tuviéramos unos biomarcadores tan buenos con el cáncer, se podría diagnosticar con precocidad si un individuo tiene muchas probabilidades de llegar a desarrollar un cáncer de hígado, con lo que se le podría aplicar un tratamiento especial y, al igual que pasa con el colesterol, administrarle esa pastillita para evitar los malos efectos de esa proteína rara que tienes y que le producirá, de no tratarse, ese cáncer de hígado diez años después. Con una simple pastillita le bajarían esa proteína y no tendría nunca en su vida un cáncer de hígado. Pero en el cáncer no existen esos biomarcadores para saber qué personas están en riesgo.

Algunos científicos prevén que el abaratamiento y popularización de la tecnología permitirán que todos nosotros estemos llenos de chips en el interior de nuestro cuerpo para poder autochequearnos a diario, con la misma facilidad y la misma frecuencia con que nos lavamos los dientes. Esos datos sobre el comportamiento de nuestra maquinaria y sus correspondientes fluidos pasarán automáticamente a un médico o a un centro que vigile nuestro estado de forma. A través del aliento que recoja un espejo creado para ello, por ejemplo, se podrán saber muchos datos de nuestro estado de salud… Cuando llegue ese día, y puede estar muy próximo, habremos logrado tener muchos datos para esos biomarcadores de los que ahora carecemos. Y absolutamente personalizados. Sí, será un gran avance en la detección precoz. Ese cúmulo de datos nos servirá de indicador permanente. Seguro que hay empresas trabajando en ello. Ya existen desde los modestos tensiómetros a las más sofisticadas bombas de insulina o de morfina, por no hablar de otros avances mayores… Las mejoras rapidísimas en nanotecnología también son impresionantes, y ya se pueden utilizar hoy mismo nanorrobots que realicen esa función de detección en nuestro cuerpo. Todo eso lo veo al alcance de la mano, a la vista de lo rápido que van todas las investigaciones. El objetivo final es muy sencillo: ser capaces de tener biomarcadores con la misma facilidad con la que ahora se lee el genoma humano.
¿Y por qué no los tenemos? Pues obviamente porque todavía no hemos acabado de entender cómo se desarrolla ese proceso celular que lleva al cáncer.
¿Lo habremos logrado dentro de cien años? En eso estamos todos los investigadores de todo el mundo. Hay muchos científicos implicados, muchos centros con muchos medios, muchos millones de euros y dólares en juego. Es de esperar que lo consigamos en un futuro muy próximo…
¿Viviremos hasta los 120 años, como creen muchos científicos? Yo creo que hay un límite biológico de nuestra especie que son 120 años, que es el récord que hay hasta ahora. Los más longevos suelen vivir hasta 115. Lo que presumiblemente ocurrirá en el siglo XXII es que la inmensa mayoría llegaremos –llegarán– a los 115 o 120 años sin necesidad de modificaciones genéticas. Con fármacos que van destinados a enlentecer el envejecimiento, ese límite se podría incluso superar, pero eso ya sería alterando las rutas moleculares que regulan el envejecimiento.
¿Y se podrían modificar? Sí, científicamente sí, sin problemas, pero ahí ya entramos en problemas mayores de regulaciones administrativas o políticas…
Déjeme leerle una frase de un premio Nobel de Física, Richard Feynman: “Todavía no se ha encontrado en la biología nada que indique la inevitabilidad de la muerte. Esto me sugiere que no es del todo inevitable, y que solo es cuestión de tiempo que los biólogos descubran qué es lo que nos causa ese problema, y que esta terrible enfermedad universal, la temporalidad del cuerpo humano, se curará”. Me gusta lo de la temporalidad del cuerpo humano. Y sí, es muy posible que tenga razón, encaja con lo que le estoy diciendo, pero lo que no sé es cuándo llegaremos a esa curación…
Era un tipo muy peculiar Richard Feynman. Pintaba en sus ratos libres y de mayor le dio por aprender a tocar los bongós y daba recitales a sus amigos y alumnos… Debo decirle que estas cosas son bastante comunes entre muchos científicos. Que nadie crea que somos unos tipos despistados que estamos metidos entre microscopios sin saber nada de la vida… Aquí, en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el CNIO, no me he encontrado ninguno así. Somos gente muy interesada por todo: por el arte, por la cultura. Es que, obviamente, si eres un científico, eres un intelectual. Entonces, como en cualquier otra profesión intelectual la gente es muy sofisticada. No me extraña lo de Feynman y los bongós, no…
Déjeme acabar este apartado del envejecimiento. Si en el siglo XXII todos llegarán a los 115, ¿cómo dividimos el periodo de educación, el de trabajo activo y el de jubilación? Pues dando un revolcón al modelo social de la posrevolución industrial que aún estamos viviendo. Toda esa organización que fue un enorme avance en su momento, ahora habrá que buscarle un relevo inteligente. No hay sociedad que resista cuarenta años de producción activa y setenta de vida pasiva. Los científicos que conozco no quieren jubilarse de ninguna manera. Es gente que está capacitada para seguir haciendo su trabajo igual que una persona más joven y puede ser muy útil para la sociedad. Fíjese en mi maestra Margarita Salas (76 años y en activo)… Esto supongo que cambiará en un futuro muy próximo.
¿Hay conciencia entre los investigadores de la importancia de lograr avances en la lucha contra el envejecimiento?Absolutamente. Es prioritaria en el mundo de la ciencia y es uno de los campos de investigación a los que se dedica mayores cantidades de dinero. La Comisión Europea lo ha hecho proyecto prioritario. Pero también en las empresas y en la industria farmacéutica. Eso es lo que explica que hayamos visto este año cómo una empresa tan innovadora pero tan alejada de la bioquímica como Google haya hecho una inversión brutal en su compañía Calico, que está dedicada precisamente a proyectos de investigación en este campo. Y el testigo lo ha recogido Craig Venter, el biólogo y empresario que compitió con el Gobierno americano para descubrir la secuencia del genoma humano. Ahora ha dicho que está dispuesto a competir también con Google para ser el primero en conseguir fármacos que retrasen el envejecimiento. Y es que Venter ya da por hecho que se logrará ese objetivo. La única duda es cuándo.
¿Dominará la empresa privada la investigación en los próximos cien años? Lo que es evidente es que ahora los Estados no pueden afrontar los costes de los ensayos clínicos. Son las empresas farmacéuticas – como es natural– las que están aportando los fondos para que cada día se investigue más. Aquí mismo, en el CNIO, hemos vivido casos muy interesantes. Tenemos un programa de desarrollo de fármacos, que es importantísimo para el centro, del que estamos muy orgullosos. Hacemos el desarrollo inicial, que es el que podemos hacer, porque tenemos a los investigadores, a los que tienen las ideas, a los que descubren las cosas nuevas. Pero en determinado punto necesitamos alianzas con la empresa farmacéutica para hacer la siguiente inversión, que ya es algo que el presupuesto del centro no puede atender de ninguna manera. Pero ya hemos logrado, entre otras muchas cosas, algo tan importante como acelerar el desarrollo de fármacos, porque lo que normalmente tarda veinte años, aquí ya se lo damos hecho a la empresa. O sea, que los Gobiernos deberían apostar por dotar a los centros de élite de suficiente presupuesto para conseguir esas fases iniciales de la investigación que tienen un valor incalculable. Incluso en este centro, por la licencia de uno de nuestros proyectos, ya hemos ingresado medio millón de euros, y nuestro sueño es alcanzar los 20 millones de euros. Pero sí, por supuesto que es clave la colaboración con las empresas farmacéuticas, aunque…
Acabe, acabe usted la frase que ha dejado a medias… No, no, decía que es un handicap también, porque va a depender, obviamente, de los intereses económicos de las empresas farmacéuticas. Pero bueno, al final se trata de que la obtención de rentabilidad de ese fármaco sea un acicate para lograr que la investigación llegue a buen puerto, que es lo que deseamos los investigadores: que nuestro trabajo sea útil, que llegue a revertir en beneficio de la sociedad. Lo que no evita algo evidente, que es que no todas las enfermedades se estudian por igual, porque depende del interés económico y de incidencia. Al ébola, mientras era una cosa rara que ocurría en África, en Occidente nadie le prestaba la menor atención. Pero en cuanto ha saltado a países del primer mundo… Hay muchísimas enfermedades raras que causan muchísimo dolor en no pocas personas, incluso en los países más desarrollados, pero que no tienen tratamiento porque a nadie le merece la pena económicamente ponerse a buscar el remedio. Es una tremenda injusticia que solo podría paliarse con ayuda de fundaciones privadas o apoyo directo de instituciones públicas. Será rara la enfermedad, pero estamos obligados a curarla…
¿Avanza la investigación científica? Muchísimo. Está creciendo exponencialmente en todo el mundo. Se ha producido además una importantísima novedad, y es que al numeroso grupo occidental ya conocido de vanguardia en la investigación, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Europa en general, se ha sumado China, donde cada vez hay un mayor desarrollo científico. Yo creo que todo esto es algo realmente masivo que va a cambiar radicalmente las herramientas que tenemos para ir mejorando nuestra sociedad, y eso incluye también la salud.
¿China ha crecido tanto en investigación científica?Muchísimo. Parte de los chinos que se fueron sobre todo a Estados Unidos y que se han formado allí, que han alcanzado posiciones muy punteras en universidades tan buenas como pueden ser Harvard o Stanford, están volviendo ahora a China y están montando allí centros de investigación muy potentes, con una cantidad de medios que impresiona. Es cierto que China todavía tiene una desventaja con respecto a los países llamados occidentales, con una tradición científica digamos larga, que es que suelen producir mucho, pero con una menor sofisticación en los análisis. Por ejemplo, en el caso de la secuenciación de genomas, de leer el ADN, del cáncer y de otras enfermedades, China claramente es el líder en cuanto que lo puede hacer muchísimo más rápido y más barato, pero en el análisis de todos esos resultados todavía sigue teniendo el liderazgo Occidente. Pero con el tiempo yo creo que China se pondrá a la cabeza no solo en producción, sino también en análisis o innovación. Lo veremos en el siglo XXII.
A poco que reflexionemos sobre ello, enseguida nos damos cuenta de que en realidad estamos hablando de algo que solo afecta, prácticamente, al primer mundo… Es terrible pensar que hay países tan pobres en los que la sanidad es prácticamente inexistente, como en Sierra Leona. Es duro pensar en la tremenda desigualdad, que solo una parte de la humanidad pueda beneficiarse de esos avances, mientras en otras zonas hay niños que se mueren por enfermedades aquí consideradas leves y que se curan con una simple inyección. O solo con agua. Hay que acabar como sea con las desigualdades, incluso las que hay dentro de un mismo país…
Usted ha escrito sobre el machismo. ¿Hay mucho en la ciencia? No es un mundo muy machista, no, pero la percepción empeora cuando se habla de puestos de dirección. Espero que el siglo XXII nos traiga la diversidad en todos los sentidos, entre gentes de diversos países, de sexos, de orientación sexual. Pero a las estructuras viejas les cuesta mucho ceder poder. En este terreno del machismo, por ejemplo, España ha estado y aún está muy atrasada. La política de paridad es un desastre. Y si no avanza esa igualdad, habrá una explosión de un feminismo muy beligerante.
¿Una bióloga molecular podrá ser religiosa y creyente en un Dios todopoderoso en el siglo XXII? Bueno, yo no soy religiosa. Soy una persona espiritual en el sentido de que me gusta el arte, me gustan cosas que trascienden el mero materialismo, la belleza, etcétera. Pero no podría ser religiosa, me lo impide mi intelecto. Me parece incomprensible que la ciencia y la investigación, que hoy en día es extraordinariamente avanzada y sofisticada y puede explicar muchos procesos naturales, no sea aún hegemónica y conviva de hecho con creencias mitológicas, como el creacionismo, para explicar la vida y el universo.
Me ha parecido entrever a lo largo de la entrevista que es usted una persona más bien optimista de cara al futuro…Pues sí, porque el camino que ha seguido la humanidad, con todos sus problemas y sus enormes frenazos, es el de la cultura y la racionalidad, el de la democracia y la igualdad, el del bienestar social y los avances médicos y tecnológicos para intentar acabar con el dolor y las enfermedades. Y sí creo, la verdad, que vamos hacia un futuro más igualitario, donde habrá tantas mujeres como hombres como líderes globales. Seremos ciudadanos del planeta Tierra y no de un país concreto. Confío, en definitiva, en que caminamos hacia un mundo cada vez más justo y con menos sombras.

FUENTE: El País Semanal