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viernes, 22 de abril de 2016

El sueño de transformar un virus del resfriado para que destruya el cáncer

La teoría suena a música celestial. Hace más de un siglo, unos pocos médicos observaron que la leucemia de algunos de sus pacientes desaparecía después de que fueran infectados de manera natural por algún virus. Estas remisiones espontáneas, desgraciadamente anecdóticas en un planeta con 14 millones de nuevos casos de cáncer al año, engordaron un sueño a lo largo del siglo XX: modificar genéticamente virus para que atacaran y destruyeran solo a las células tumorales, multiplicándose en ellas y, por lo tanto, realimentando el tratamiento hasta acabar por completo con el cáncer.

La realidad está siendo mucho menos hermosa, como ha quedado claro en el primer congreso de la recién creada Red Española de Adenovirus, celebrado esta semana en Madrid. Los adenovirus están por todas partes: causan resfriados y diarreas, pero sus características los hacen versátiles para el sueño de destruir el cáncer. “Son relativamente fáciles de producir en grandes cantidades y su genoma es grande, con sitio para introducir los genes que te interesen”, explica Carmen San Martín, investigadora del Centro Nacional de Biotecnología y coordinadora de esta red con 10 grupos científicos independientes. “Podemos modificar los adenovirus para que actúen como biomedicinas contra algunas enfermedades”, subraya.

La bióloga Marta Alonso explora esa estrategia, todavía muy experimental. Trabaja en un frente implacable, el de los tumores cerebrales infantiles, los más letales en niños. A finales de año comenzará un ensayo clínico con adenovirus modificados para atacar el glioma difuso de tronco encefálico. “Son casos muy desgarradores. Actualmente, los niños con estos tumores se mueren en nueve meses”, lamenta.

Sus primeras pruebas son moderadamente esperanzadoras. Otro ensayo con 30 adultos con gliomas ha ofrecido algunos resultados positivos. “No hemos detectado ninguna toxicidad, como mucho un poco de fiebre. Hay que coger los datos con pinzas, porque todavía es muy pronto, pero hemos observado que el 10% de los pacientes responde al tratamiento con adenovirus modificados. Parece poco, pero es mucho. El pronóstico de los gliomas normalmente es la muerte. La esperanza de vida de los adultos con glioma es de 14 meses”, detalla la bióloga, de la Clínica Universidad de Navarra.

En algunos casos, anecdóticos, los tumores cerebrales se han reducido “considerablemente”. El equipo de Alonso trabaja para iluminar estas batallas victoriosas a nivel molecular. Una de sus hipótesis es que, en ocasiones, “el virus cae como una bomba y hace que el propio sistema inmune del paciente empiece a reconocer el tumor”.

El biólogo Ramón Alemany lleva 20 años intentando materializar el sueño de los adenovirus contra el cáncer. Tiene los pies en el suelo. Recuerda que, pese a décadas de investigación, en todo el mundo solo se ha aprobado un tratamiento con adenovirus y fue en China, en 2005, contra el cáncer de cabeza y cuello, causado principalmente por el consumo de tabaco y alcohol. Desde entonces, nada. “Y la eficacia de ese fármaco ni siquiera está demostrada según los criterios europeos y estadounidenses”, apunta Alemany, del Instituto Catalán de Oncología, en Barcelona.

El investigador enumera los obstáculos: los adenovirus muchas veces no llegan al tumor de manera eficiente y, a menudo, las defensas del organismo neutralizan al virus antes de que dispare una respuesta contra el cáncer. El enemigo es gigantesco. Sin embargo, Alemany obtiene buenas noticias de vez en cuando. Su adenovirus modificado Icovir-5 ha servido desde 2005 para tratar de manera experimental a 20 niños con neuroblastoma, el segundo tumor sólido infantil más común. Utilizando células de la médula ósea de los propios niños extraídas e infectadas con el adenovirus, como un caballo de Troya, el tratamiento ha obtenido una respuesta positiva en cinco de los chavales. Uno de ellos lleva 10 años sin cáncer.
Alemany pide frenar el optimismo. Otro de sus adenovirus modificados, el Icovir-17K, se ha probado en 24 pacientes adultos, la mitad con cáncer de colon y la otra mitad con tumores en el páncreas. Se trata de virus solo, sin caballos de Troya, pinchado en vena. “Vemos respuestas parciales, pero ninguna remisión, como sí ocurrió con los niños. A día de hoy no podemos concluir que nuestro virus esté aportando beneficio clínico”, admite. “El 99% de los fármacos experimentales contra el cáncer de páncreas han fallado”, advierte.

La bioquímica Cristina Fillat, que investiga en ratones algunos adenovirus modificados con potencial contra el cáncer de páncreas, es más optimista. Fillat, del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer de Barcelona, destaca que hace solo unos meses la UE y EE UU aprobaron el primer virus oncolítico, el T-VEC. No es un adenovirus, sino un virus del herpes labial modificado genéticamente para detener la progresión del cáncer de piel más agresivo, el melanoma. El virus penetra y se multiplica en las células tumorales, que explotan y liberan sustancias que activan las defensas del organismo. Los pacientes con melanoma avanzado que reciben T-VEC viven una media de 41 meses, frente a los 21 meses de los que reciben un tratamiento de control.

Fillat cree que la aprobación del T-VEC es un espaldarazo a los investigadores del adenovirus. Para Alemany, el futuro pasa por combinar la acción de los virus oncolíticos con la inmunoterapia, como los anticuerpos monoclonales, creados en laboratorio, que se adhieren a las células tumorales y atraen la atención de las defensas del organismo.


FUENTE: El País

miércoles, 23 de marzo de 2016

Reducen más 70 % metástasis cerebral en cáncer de pulmón con la silibinina

Investigadores del Instituto Catalán de Oncología (ICO) de Girona han conseguido reducir en más de un 70 % la metástasis cerebral de pacientes con cáncer de pulmón gracias a la silibinina, una sustancia natural que se extrae del cardo borriquero, han informado fuentes del Instituto.

Los investigadores del ICO han descubierto que una sustancia natural, la silibinina, ha reducido entre un 70 y un 85 % la metástasis cerebral de dos pacientes con cáncer de pulmón avanzado y que habían recibido previamente quimioterapia y radioterapia, pero sin experimentar ninguna mejoría.

Con la silibinina, en cambio, ha mejorado su calidad de vida y han reducido sus lesiones cerebrales.

"De momento, hemos descubierto que tiene efectos paliativos pero no sabemos si aplicando el tratamiento en fases más precoces podríamos conseguir no sólo paliar, sino también curar", apunta Joaquim Bosch, oncólogo del Servicio de Oncología Médica del ICO Girona y colaborador del estudio.

La silibinina es una sustancia natural que se extrae de las semillas de la planta Silybum marianum, más conocida como cardo mariano o cardo borriquero.

Hace años que se estudian sus propiedades medicinales, pero no se conseguían resultados porque, suministrada por vía oral, el cuerpo absorbía muy poca cantidad.

Pero ahora, gracias a una nueva formulación de la farmacéutica Euromet Megafármac, los pacientes absorben más cantidad y, por lo tanto, notan sus efectos medicinales.

Los investigadores del ICO Girona -encabezados por Javier Menéndez, jefe del Laboratorio de Metabolismo y Cáncer- han probado el tratamiento en dos enfermos con metástasis cerebral de cáncer de pulmón, y en las últimas semanas han empezado con dos afectados más.

Se trata de pacientes con la enfermedad muy avanzada y a los que no se les puede ofrecer ningún otro tratamiento; y todos ellos han presentado claras muestras de mejoría, aunque los investigadores advierten de que sin más recursos ni más investigación no se pueden sacar conclusiones definitivas.

"Queremos entender cómo funciona y cómo podemos aplicarlo en otras enfermedades; y para ello necesitamos financiación", advierte Menéndez y, de hecho, el siguiente paso de su investigación está claro: elaborar un estudio clínico que permita comprobar con datos objetivos la efectividad de la silibinina en la lucha contra el cáncer.

Además, este descubrimiento abre la puerta a nuevas opciones de tratamiento para los pacientes con cáncer de pulmón, pero también podría tener aplicación en metástasis cerebrales de otros cánceres y en tumores cerebrales primarios como el glioblastoma multiforme.

El cáncer de pulmón es la primera causa de muerte por cáncer a nivel mundial. Un 30 % de los pacientes presentan metástasis en el cerebro a lo largo de su evolución, y estas metástasis son un reto médico porque los únicos tratamientos disponibles son la quimioterapia y la radioterapia, y tienen una actividad limitada.

Ahora, la silibinina se presenta como una nueva arma que podría acabar con las metástasis cerebrales.

Este descubrimiento es el fruto de varios años de trabajo, pues ya en el 2011 el ICO Girona inició una línea de investigación para explorar la actividad de la silibinina en el cáncer de pulmón, y en 2013 se presentaron varios estudios que demostraban que esta sustancia natural tenía actividad antitumoral en líneas celulares y ratones.


FUENTE: eldia.es

Un ensayo clínico probará una nueva terapia contra el tumor cerebral más agresivo en progresión

Especialistas de la Clínica Universidad de Navarra han iniciado un ensayo clínico para probar la eficacia de un tratamiento combinado, dirigido a pacientes con el tumor cerebral más agresivo (glioblastoma) en progresión. La nueva terapia consiste en administrar al paciente, por vía intravenosa, un anticuerpo al que se le ha añadido un agente quimioterápico.

El anticuerpo se dirige contra las células tumorales que presentan una alteración molecular en el factor EGFR, que aproximadamente se manifiesta en la mitad de los casos de glioblastoma, según revela el doctor Jaime Gállego Pérez de Larraya, neurólogo de la Clínica Universidad de Navarra y coordinador del Área de Tumores Cerebrales del centro hospitalario.

El ensayo está impulsado por el grupo cooperativo de la EORTC (Organización Europea para la Investigación y el Tratamiento del Cáncer o European Organization for Research and Treatment of Cancer). En el trabajo participan numerosos centros europeos y un total de cuatro españoles, entre los que figura la Clínica.

Según estudios epidemiológicos, el glioblastoma tiene un impacto muy elevado en la mortalidad, con una incidencia anual entorno a 5 personas afectadas por este tumor de cada 100.000.

"El nuevo tratamiento es muy interesante -valora el neurólogo-, ya que consiste en administrar anticuerpos monoclonales que dirigen su acción contra las células tumorales con una alteración en el receptor EGFR". Hasta la fecha, se han desarrollado numerosos ensayos clínicos con anticuerpos "dirigidos contra este amplificador o receptor de factor de crecimiento epidérmico, pero ninguno ha dado un resultado eficaz", apunta el especialista.

En esta ocasión, se ha optado por una nueva vía terapéutica que tiene sus primeros antecedentes en el tratamiento del cáncer de mama. Según describe el doctor Gállego, lo que se va a hacer en este ensayo clínico es utilizar este mismo anticuerpo contra la alteración del EGFR. En este caso, se introduce la novedad de que el anticuerpo lleva asociado un agente quimioterápico (citotóxico). "De manera que, en el fondo, es como llevar selectivamente la quimioterapia a las células tumorales que presentan esta mutación genética pero sin lesionar ninguna célula sana", destaca.

El estudio es un ensayo clínico en fase II, de la EORTC, randomizado y dirigido a pacientes con glioblastoma en progresión.


FUENTE: La Vanguardia

viernes, 18 de marzo de 2016

Identifican el primer marcador bioquímico y molecular del glioblastoma


María Sánchez Osuna y Victor J. Yuste
Universitat Autònoma de Barcelona
Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED-ISCIII)

Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, en colaboración con el Hospital Universitario de Bellvitge/Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, la Universidad de Barcelona y el Instituto Catalán de Oncología han identificado un marcador bioquímico común en las células de glioblastoma, que consiste en una ausencia de degradación de su contenido genómico durante la apoptosis.

Los gliomas o tumores que afectan a las células de la glía, representan el 80% de los tumores cerebrales primarios malignos. Por desgracia, dentro de los gliomas, el glioblastoma o glioma de grado IV es el más común. Debido a su alta capacidad invasiva y su elevada tasa de crecimiento descontrolado, el glioblastoma es un tumor muy difícil de tratar. De hecho, aunque la combinación de la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia ha conseguido alargar la esperanza de vida de los pacientes hasta los 2 años aproximadamente, los tratamientos actuales son incapaces de proporcionar una cura definitiva para estos pacientes.

En el estudio, los investigadores analizaron cómo células provenientes de 11 pacientes diferentes reaccionaban a estímulos citotóxicos. Independientemente de las mutaciones particulares que exhibían las células analizadas, todas las células de glioblastoma resultaron incapaces de degradar su ADN durante la apoptosis. La apoptosis es el tipo mas conocido de muerte celular programada y, además, constituye la vía principal a través de la cual, tanto la radiación como los fármacos anticancerígenos destruyen las células tumorales. Durante la apoptosis, la correcta activación de las caspasas permite que el contenido celular sea integrado en los denominados cuerpos apoptóticos para su posterior eliminación por parte de las células del sistema inmune o de células vecinas. Para ello, el material genético necesita ser degradado en fragmentos de bajo peso molecular y empaquetarse correctamente, una tarea que depende de la acción de la enzima con actividad endonucleásica DFF40/CAD (del inglés, DNA Fragmentation Factor 40 KDa subunit / Caspase-Activated DNase). Los investigadores vieron que, a pesar de que la mayoría de las células de glioblastoma eran capaces de activar correctamente las caspasas después de ser expuestas a estímulos citotóxicos, la actividad de la endonucleasa DFF40/CAD en las células tumorales era limitada. Esto se debía no sólo a que la enzima estuviera extrañamente localizada en el núcleo y no en el citoplasma ya antes del tratamiento, sino también porque sus niveles de expresión eran muy bajos. Así, la expresión forzada de DFF40/CAD, la cual incrementaba la cantidad de proteína disponible en el citoplasma, el compartimento subcelular donde tiene lugar la activación de las caspasas, provocó que las células recuperasen su capacidad de degradar el ADN durante la apoptosis.

Una vez obtenidos estos resultados, los investigadores realizaron un estudio histológico mediante inmunohistoquímica. Después de analizar la expresión de DFF40/CAD en diferentes muestras de gliomas concluyeron que los niveles de expresión de la endonucleasa en los gliomas son inferiores a los observados en tejido cerebral de personas sanas. De hecho, estos resultados también se observaron al comparar los niveles de expresión de la proteína en tejido tumoral y no tumoral dentro de un mismo paciente, lo cual parecería indicar que la bajada de expresión de DFF40/CAD podría estar relacionada con el proceso de gliomagénesis.

A pesar de los esfuerzos realizados durante la ultima década, hasta ahora no se había encontrado ningún defecto genético ni bioquímico común en el glioblastoma. Los bajos niveles de expresión de la endonucleasa DFF40/CAD y la ausencia de degradación apoptótica del ADN, en fragmentos oligonucleosomales o de bajo peso molecular, constituyen, respectivamente, el primer marcador molecular y bioquímico de este tumor, lo que hace pensar en su posible relevancia de cara a entender su agresividad. Aunque este estudio es algo preliminar, los investigadores se encuentran esperanzados y confían que estos resultados sienten las bases de tratamientos más eficaces en el futuro.


FUENTE: revistageneticamedica.com

lunes, 22 de febrero de 2016

Una alteración bioquímica, responsable de la resistencia de tumores cerebrales agresivos

Científicos de la Universidad Autónoma de Barcelona han identificado la alteración bioquímica y molecular que provoca la resistencia a la radioterapia y la quimioterapia en el glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo. El hallazgo podría permitir, en un futuro, diseñar nuevas terapias más eficaces.
El glioblastoma es la manifestación más agresiva de los tumores cerebrales. Debido a la elevada capacidad invasiva y su crecimiento descontrolado infiltrativo, es un tumor especialmente difícil de tratar. Actualmente, el tratamiento establecido para los pacientes con estos tumores consiste en la combinación de cirugía (cuando es posible), radiación y quimioterapia.

Esta terapia combinada ha resultado ser parcialmente eficaz, aumentando la supervivencia global de los pacientes alrededor de 15 meses. Sin embargo, esta aproximación sigue siendo ineficaz para erradicar completamente las células malignas y, por desgracia, las recurrencias son otro de los hechos característicos de este cáncer.

Un equipo de investigadores del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), junto con el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, la Universidad de Barcelona, ​​el Hospital Universitario de Bellvitge y el Instituto Catalán de Oncología, ha identificado una alteración molecular común en el glioblastoma.

Los científicos han observado que las células de este tipo de tumor albergan un defecto intrínseco común que consiste en una incapacidad para degradar su material genético durante la apoptosis, la forma más importante de muerte celular programada inducida por la radioterapia y por agentes quimioterapéuticos. Los resultados se publican en la revista Neuro-Oncology.

Este defecto está relacionado con una enzima: la endonucleasa activada por caspasas, DFF40 / CAD. Esta enzima, esencial para que la célula degrade su ADN durante la apoptosis, aparece disminuida y localizada de manera incorrecta dentro de las células tumorales en comparación con las no tumorales.
Los investigadores han observado que la sobreexpresión de la enzima permite a las células de glioblastoma degradar correctamente su contenido genómico, de acuerdo a lo que se espera de una muerte celular apoptótica.

La degradación del ADN durante la apoptosis es esencial para que la posterior eliminación de los restos celulares se produzca de forma correcta. De hecho, la falta de degradación y eliminación del material genético proveniente de células malignas podría acarrear consecuencias perjudiciales para el organismo, como el rebrote de nuevos procesos tumorales, a menudo más agresivos que el original.

Diseñar terapias más eficaces

A pesar de los esfuerzos realizados durante la última década, hasta ahora no se había encontrado ningún defecto genético ni bioquímico común en células de glioblastoma. El descubrimiento, los bajos niveles de expresión de la enzima endonucleasa DFF40 / CAD observados y la deficiencia para degradar y compactar de forma adecuada su material genético, constituyen un potencial marcador molecular en este tumor.

Además, el hecho de que esta alteración se haya observado en todos los casos estudiados hace pensar en su posible relevancia de cara a entender la agresividad de este cáncer. Los investigadores esperan que estos nuevos resultados ayuden a entender mejor lo que está pasando en el interior del tumor y, tal vez, permitan diseñar en un futuro nuevas terapias más eficaces para esta enfermedad letal.

Este hallazgo es el resultado de una estrecha colaboración entre la investigación básica y la clínica. El doctor Víctor J. Yuste, investigador del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UAB y del Instituto de Neurociencias de la UAB, ha liderado un equipo multidisciplinar de investigadores de investigación básica, neurooncólogos, patólogos y neurocirujanos del mismo la Instituto de Neurociencias, del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED), del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, la Universidad de Barcelona, ​​el Hospital Universitario de Bellvitge y el Instituto Catalán de Oncología.


FUENTE: Agencia SINC

lunes, 11 de enero de 2016

Un tratamiento experimental demuestra su eficacia en el tumor cerebral más común

El glioblastoma multiforme se corresponde con uno de los tumores más prevalentes y mortales del cerebro. De hecho, la supervivencia media asociada a este tipo de tumor no supera, aun a día de hoy, los 15 meses. Y es que se trata de un tumor que se expande muy rápidamente por el cerebro. Sin embargo, y según muestra un estudio dirigido por investigadores del Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla (EE.UU.), el mecanismo que facilita esta rápida proliferación del tumor –la sobreexpresión incontrolada del factor nuclear kB (NF-kB)– podría asimismo utilizarse para tratar de manera efectiva este tipo de cáncer.

Como recuerda Inder Verma, director de esta investigación publicada en la revista «Science Advances», «el glioblastoma multiforme es un tipo de cáncer en el que no se ha logrado ninguna mejoría terapéutica en los últimos años. De hecho, y aunque con cirugía logremos extirpar el 99,99% de la masa tumoral, el 0,01% restante es capaz de crecer hasta convertirse nuevamente en un tumor».

Bloqueo de NF-Kb
En el estudio, los investigadores analizaron el papel que juega NF-kB, factor de transcripción que regula la expresión de distintos genes contenidos en nuestro ADN, en la proliferación del glioblastoma multiforme.

Para ello, los autores emplearon un modelo animal –ratón– con glioblastoma, al que bien administraron proteína IkBaM para inhibir la actividad de NF-Kb, bien eliminaron la enzima responsable del incremento de actividad de NF-Kb. En ambos casos se observó una disminución del crecimiento del tumor, lo que resultó en una prolongación de la supervivencia de los ratones.

Sea como fuere, y si bien ambos experimentos constataron el papel primordial que juega NF-kB en la proliferación de este tipo de cáncer, su aplicación en seres humanos resulta, simplemente, inviable.

Como explica Dinorah Friedmann-Morvinski, co-autora de la investigación, «nuestros experimentos confirmaron la necesidad de NF-kB para la proliferación de las células tumorales. Pero, asimismo, también hemos encontrado la manera de tratar el tumor para aumentar la esperanza de vida».

Terapias génicas y farmacológicas
Aun extirpado mediante cirugía, el glioblastoma multiforme vuelve a reproducirse rápidamente en el cerebro. Y la razón para este crecimiento viene explicada por la actividad del propio tumor, que como apunta Inder Verma, «es capaz de manipular su microentorno, esto es, los tejidos cercanos, para facilitar la proliferación de las células tumorales».

Así, y en una segunda fase del estudio, los autores evaluaron cómo tratar el tumor no mediante una terapia génica, sino con la administración de fármacos dirigidos a cambiar su microentorno. Concretamente, administraron a los ratones el péptido NBD, péptido con una elevada capacidad de penetración en las células tumorales del glioblastoma y que inhibe la actividad de NF-kB cuando es activado por las citocinas. Y gracias a la administración de NBD, los autores lograron duplicar el tiempo de supervivencia de los ratones afectados por el tumor.

Como destaca Inder Verma, «el tratamiento con NBD supuso aumentar la supervivencia de uno a tres meses. Y este es un notable incremento de la supervivencia, sobre todo cuando tenemos en cuenta que la vida media de un ratón es de solo dos años».

El problema es que el péptido NBD es altamente tóxico, muy especialmente para el hígado. Además, el bloqueo total de NF-kB también puede tener efectos nocivos en el organismo, pues el factor también regula otros mecanismos implicados en la actividad cerebral.

Como concluye Inder Verma, «el objetivo final es bloquear NF-kB, pero dado que regula la actividad de, cuando menos, 100 genes, debemos centrarnos en aquellos genes que tienen un papel directo en el crecimiento del tumor. Debemos buscar tratamientos más selectivos».

Así, y a modo de ejemplo, los autores centraron su investigación en el gen ‘Timp1’, igualmente regulado por NF-kB y que, como muestran numerosos estudios previos, también está implicado en el cáncer de pulmón. Y de acuerdo con los resultados, los tratamientos específicamente dirigidos al gen ‘Timp1’ conllevaron una ralentización del crecimiento del glioblastoma en los ratones y un aumento de su supervivencia de varios meses.


FUENTE: ABC Salud

miércoles, 28 de octubre de 2015

La inmunoterapia está revolucionando el tratamiento del cáncer


«La inmunoterapia está revolucionando el tratamiento del cáncer», subraya el doctor Ignacio Melero, especialista en Inmunología e Inmunoterapia de la Clínica Universidad de Navarra y del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA), ambas entidades integradas en el Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IDISNA). Melero es el coordinador del Simposio Internacional sobre Inmunoterapia: «Anticuerpos monoclonales inmunoestimulantes e inmunomodulación: recogiendo al fin la cosecha» que reunirá desde el 18 de octubre hasta el martes 20 a los máximos expertos científicos del mundo.

«El uso de la inmunoterapia en la lucha contra el cáncer es uno de los eventos más importantes que han ocurrido en muchos años», considera el especialista. El doctor Melero apoya su rotunda afirmación en los últimos resultados obtenidos en ensayos clínicos desarrollados en la Clínica y el CIMA y otros centros internacionales, especialmente en pacientes con melanoma metastásico, enfermedad en la que la inmunoterapia ha obtenido a día de hoy sus mejores resultados. Según las últimas evidencias científicas –afirma el experto- «más del 50% de los pacientes con melanoma metastásico tratados con un determinado fármaco inmunoterápico (anticuerpo monoclonal) siguen vivos y sin empeoramiento de la enfermedad dos años después del inicio del tratamiento». Se trata de un avance de especial relevancia, ya que hasta ahora los pacientes con esta enfermedad no superaban los pocos meses de vida.

La inmunoterapia consiste en la utilización de tratamientos farmacológicos que estimulan el sistema inmunológico del paciente para que reconozca y destruya las células tumorales de un modo más eficaz.

Líneas de investigación
Existen ya otras tipologías de tumor en los que esta línea terapéutica está cosechando ya buenos resultados. «Tras el melanoma podemos destacar el cáncer de pulmón no microcítico que presenta entre un 15 y un 30% de supervivencia a los 18 meses de empezar la inmunoterapia», detalla el Dr. José Luis Pérez Gracia, oncólogo y co director de la Unidad Central de Ensayos Clínicos de la Clínica Universidad de Navarra.

«Se sabe, -apunta el especialista- que la inmunoterapia mejora los resultados en diferentes tipos de cáncer». Si bien todavía existen lagunas respecto a la razón por la cual funciona en unos pacientes pero no en otros. Y esta es una de las cuestiones que los expertos someterán a análisis y debate.

En esta línea, el Programa de Inmunología e Inmunoterapia del CIMA, lleva años trabajando en el desarrollo de varias líneas de investigación en torno a la inmunoterapia. «Nuestros laboratorios investigan en tres grandes líneas», asegura Juan José Lasarte, del CIMA, «en el desarrollo de vacunas, la inmunomodulación y la terapia celular adaptativa».

La investigación preclínica que se realiza en el CIMA desarrolla anticuerpos «inhibidores que bloquean el freno del sistema inmunológico ante la presencia de una célula de cáncer», afirma Lasarte.


FUENTE: ABC

martes, 29 de septiembre de 2015

Una nanopartícula surgida de un virus podría ayudar a tratar el cáncer

La investigación genética y la tecnología siguen siendo buenos aliados. Científicos de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), han logrado recientemente modificar el núcleo de un virus para crear una nano partícula inteligente que podría ayuda a tratar el cáncer.

El mecanismo permitiría atacar células tumorales sin dañar el tejido sano En concreto, los investigadores modificaron el ADN del virus de la hepatitis B para rediseñar su sistema infeccioso, convirtiendo su núcleo en una partícula benigna que, en fases más desarrolladas, sería capaz de administrar fármacos de manera dirigida. Para sus creadores, esto supone un gran avance en las terapias actuales, ya que el mecanismo permitiría atacar células tumorales sin dañar el tejido sano. Es decir, funcionaría como un virus, pero sin carga infecciosa y con la posibilidad de portar pequeñas cantidades de fármacos.

"Llamamos a esto una partícula inteligente", explica James Swartz, director de la investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. La técnica es “más inteligente mediante la adición de marcadores moleculares que permiten enviar la carga terapéutica donde queremos que vaya", señala el investigador.

Swatrz advierte de que la tecnología aún está en fase inicial, y que el siguiente paso será entregar medicamentos a las células enfermas directamente. Para ello, indica, será necesario colocar etiquetas de cáncer en el exterior de esta partícula inteligente, para entrenar al sistema inmunológico a reconocer ciertos tipos de cáncer.


FUENTE: consalud.es

jueves, 10 de septiembre de 2015

Científicos proponen el bloqueo energético de las células tumorales para mejorar las terapias contra el cáncer


Las células tumorales utilizan la glucosa como fuente de energía para crecer y desarrollarse. Un estudio con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que el bloqueo de la glicólisis –mecanismo molecular que permite extraer la energía de la glucosa– influye en la división de las células tumorales. El trabajo, que se publica en la revista Nature Cell Biology, indica que este bloqueo podría ser efectivo para el tratamiento del cáncer en combinación con agentes quimioterapéuticos como el taxol.

Una de las características de las células cancerígenas es su capacidad para dividirse de manera incontrolada y casi ilimitada. Por eso, los científicos se plantearon en este estudio, dirigido por el investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas Marcos Malumbres, la forma en que las células tumorales consiguen la energía para mantener su alto ritmo de división.

El CSIC ha colaborado mediante el estudio del metabolismo energético y la demostración de la importancia de la mitofagia, proceso celular que se encarga de la degradación y del reciclaje selectivo de las mitocondrias, en la supervivencia de las células cuando estas están detenidas en mitosis, es decir, el proceso de división celular en el que se reparte el material genético de la célula madre a las hijas.

La muerte de la célula tumoral por inanición

Para frenar la división de las células cancerígenas, una de las estrategias empleadas es la detención de la mitosis. Durante la mitosis, muchos procesos celulares están detenidos y, sin embargo, se produce un importante gasto energético. "Cuando se para la mitosis hay una pérdida rápida en la producción mitocondrial de energía. Y para superar esta situación de estrés, la célula pone en marcha estrategias para su supervivencia", apuntan los investigadores del CSIC Patricia Boya y Eduardo Rial, del Centro de Investigaciones Biológicas.

Con los tratamientos de quimioterapia que detienen la mitosis, como ocurre con el taxol, las células tumorales incrementan las necesidades de glucosa. El estudio señala que si se bloquea la glicólisis se potenciaría el efecto anticancerígeno de los fármacos, ya que las células cancerígenas morirían de inanición al no poder obtener energía para realizar sus funciones vitales.

Tomando como modelos células de cáncer de mama y ratones, los autores de trabajo han demostrado que si se utiliza una terapia combinada en la que se detenga la mitosis en las células y se ataquen los procesos que permiten su supervivencia, se aumentará notablemente la eficacia del tratamiento.

Junto al CSIC, en el estudio han participado el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el Instituto de Investigación Biomédica Barcelona, la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Santiago de Compostela y la Universidad de Boston (EE. UU.).


FUENTE: ileón.com

lunes, 7 de septiembre de 2015

Trascendente investigación sobre el cáncer


La posibilidad de la reprogramación celular, hacer retroceder a las células a estados previos a su situación actual, ha revolucionado la investigación biológica por sus amplias posibles implicaciones en todos los procesos biológicos. No sería la menor de ellas tener la posibilidad de realizar una reprogramación celular sobre las células cancerosas de un tumor, consiguiendo que retornasen a su estado previo de normalidad. Ello significaría disponer de un mecanismo universal y efectivo para luchar contra todo tipo de tumores cancerosos.

¿Será ello posible? En cualquier caso el camino será arduo y largo, pero según una investigación que publica en su número del 24 de agosto de 2015 la revista Nature Cell Biology, el primer paso lo ha conseguido con éxito un grupo investigador de la célebre Clínica Mayo del campus de la Florida, que ha sido liderado por el Dr. Panos Anastasiadis. La investigación se titula “Distinct E-cadherin-based complexes regulate cell behaviour through miRNA processing or Src and p120-catenin activity” y la referencia bibliográfica es Nature Cell Biology, DOI: 10.1038/ncb3227.

El proceso tiene mucho que ver con las conocidas como como moléculas o proteínas de adhesión celulares. La adhesión celular se produce mediante diferentes mecanismos, entre ellos por la participación de moléculas específicas de adhesión celular y está relacionada con múltiples funciones celulares como: desarrollo embrionario, migración celular, inflamación,  comunicación celular, diferenciación celular y desarrollo del cáncer.

Las cadherinas, de las que existen varios tipos, son las principales moléculas de adhesión celular responsabilizándose, entre otras funciones, de las uniones célula-célula que mantienen la integridad de los tejidos animales. Las cateninas son otras proteínas presentes en las células animales involucradas en los procesos de adhesión celular mediados por cadherinas.

Pero volvamos al cáncer, donde falla el proceso de adhesión y las células malignizadas se disgregan y expanden. El grupo investigador mencionado de la clínica Mayo estaba intrigado por ciertos datos contradictorios existentes en la bibliografía sobre la relación entre cáncer y algunas moléculas de adhesión, en concreto sobre las proteínas cadherina-E y catenina-p120 que son esenciales para que se formen los tejidos epiteliales normales y que, durante mucho tiempo, se han venido considerando como factores supresores tumorales, protectores contra el cáncer.

Según Dr. Anastasiadis,  ”Sin embargo, nosotros y otros investigadores habíamos encontrado que esta hipótesis no parecía ser cierta, ya que tanto la cadherina-E y la catenina-p120 están presentes en las células tumorales y se requerían para su progresión… y eso nos llevó a creer que estas moléculas tienen dos caras – una buena, manteniendo el comportamiento normal de las células, y otra mala, la de su mal uno, que impulsa la génesis tumoral.”

La suposición ha resultado ser cierta y radica en el mecanismo de regulación o control de esas proteínas de adhesión, mecanismo que falla en el cáncer. En ese control juega un papel principal otra proteína denominada PLEKHA7, que podríamos bautizar como un microprocesador, que usualmente se asocia a las moléculas de adhesión solamente en la parte superior o parte “apical” de las células epiteliales polarizadas normales.

Gracias a esta asociación, la PLEKHA7 es capaz de mantener el estado normal de las células, y ello lo consigue a través de un conjunto de pequeñas moléculas de ARN o miRNAs, que actúan, mediante la inmovilización del microprocesador. La razón es que los miRNAs organizan completos programas celulares mediante la regulación de la expresión simultánea de un grupo de genes. En esta situación, la cadherina –E y la p120 ejercen sus efectos saludables de supresores de tumores, de mantenimiento de la integridad.

¿Qué sucede si el sistema no funciona bien? Siguiendo al Dr. Anastasiadis  “cuando este complejo de adhesión apical se interrumpe por la pérdida de PLEKHA7, se desregula el conjunto y entonces la cadherina-E y la p120 cambian de bando para convertirse en oncogénicas”. Lo más importante es que todas sus investigaciones apuntan a que la pérdida del complejo PLEKHA7-microprocesador apical es un acontecimiento temprano y algo universal en el cáncer, es decir una especie de causa primera de todas las malignizaciones, de modo que en la gran mayoría de muestras de tumores humanos que han examinado lo hallado es que esa estructura apical o microprocesador está ausente, aunque  la cadherina-E y la p120 siguen estando presentes. Como comparación práctica comprensible los investigadores señalan que el sistema es como de un automóvil cuya velocidad es regulada por la aceleración y el frenado. En las células normales funciona esa regulación, pero en las cancerosas se pierde el sistema de frenado (microprocesador) y solo resta la aceleración (p120).

Los investigadores descubrieron que cuando las células normales entran en contacto una con otra, un subconjunto específico de miRNAs suprime los genes que promueven el crecimiento celular (actúa el frenado). Sin embargo, cuando la adhesión se interrumpe en las células cancerosas, estos miRNAs son desregulados y las células crecen fuera de control (acelerador).

Como es lógico la preocupación principal del equipo investigador fue la de descubrir si las células cancerosas se podían revertir, reprogramar, para que recuperasen su microprocesador y actuasen ya como células normales.

Y el gran y prometedor descubrimiento inicial ha sido positivo. Los investigadores han demostrado, en el laboratorio, usando cultivos celulares de diversos tipos muy agresivos de cánceres, que la restauración de los niveles normales de miRNA en las células cancerosas consigue revertir el crecimiento celular aberrante, es decir, logra convertir las células cancerosas en normales. Conceptualmente éste es un descubrimiento científico de gran importancia.

Pero solo es el inicio de un largo y esperanzador camino. Estamos en la etapa de laboratorio, de cultivos celulares sobre algunos tipos de malignizaciones. La meta es conseguir actuar sobre los pacientes oncológicos. En medio habrá largos años de investigaciones y ensayos, con decepciones y éxitos, con un final no previsible,  pero, al menos, queda abierta una nueva puerta en el largo pasillo de la esperanza.


FUENTE: La Verdad