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miércoles, 22 de junio de 2016

El ‘cortapega’ genético llega a los humanos: un comité de EE UU da luz verde al primer ensayo de CRISPR para tratar tres tipos de cáncer

La revolucionaria técnica de edición genética conocida como CRISPR está a punto de ser aprobada para usarse en humanos por primera vez. El panel de los Institutos de Salud de EE UU (NIH) que supervisa todos los proyectos que pretenden modificar el ADN humano aprobó ayer un ensayo clínico que probará un tratamiento contra el cáncer basado en esta técnica.

El CRISPR es equiparable a un editor de textos que se aplica sobre el genoma y permite cortar y pegar varios genes a la vez. La tecnología que ha revolucionado la investigación biomédica y se piensa que ahora puede tener un importante potencial terapéutico.

El objetivo de este primer ensayo clínico será probar si CRISPR es seguro para usarse en humanos. Participarán 18 pacientes con mieloma, sarcoma y melanoma. Primero se extraerán linfocitos T, un tipo de glóbulos blancos, de cada paciente. Después se usará CRISPR para modificar tres genes en cada linfocito. Esas modificaciones permitirán que estas células del sistema inmune sepan identificar y atacar selectivamente a las células del cáncer de forma más efectiva que tratamientos similares como la inmunoterapia.

Esta no es la primera vez que se prueba una nueva técnica de edición genética en humanos, pero sí es el estreno de CRISPR, considerado el sistema de copiapega genético por antonomasia por su facilidad de uso y su capacidad de modificar varios genes de una vez.

La técnica se usa ya en laboratorios de investigación básica de todo el mundo pero aún no están claros sus posibles efectos secundarios. Uno de los que se estudiarán en este primer ensayo es si las tijeras que usa CRISPR para modificar el genoma hacen cambios no deseados en el genoma, lo que podría causar serias reacciones inmunitarias en los pacientes. Tras la luz verde del NIH, el ensayo debe ser aprobado por la agencia del medicamento de EE UU, la FDA, y por paneles en los tres centros de investigación que lo llevarán a cabo: la Universidad de Pensilvania, el Centro de Cáncer MD Anderson de Houston y la Universidad de California en San Francisco.

El ensayo será financiado por el expresidente de Facebook Sean Parker a través de la fundación que ha creado para promover el desarrollo de inmunoterapia contra el cáncer, a la que ha dedicado 220 millones de euros. Este antiguo hacker y cofundador del programa Napster para compartir archivos de música cree que estas nuevas terapias basadas en modificar el propio sistema inmune del paciente son muy prometedoras y que posiblemente los linfocitos se pueden reprogramar como si fueran ordenadores.

Muchas de las mayores compañías farmacéuticas del mundo están desarrollando nuevos fármacos basados en la inmunoterapia. El principal problema de estos nuevos fármacos es que no funcionan en parte de los pacientes. El equipo responsable del nuevo ensayo piensa que CRISPR puede marcar la diferencia ya que permite añadir cambios adicionales en el genoma de los linfocitos que aumentan su efectividad antitumoral.


FUENTE: El País

martes, 21 de junio de 2016

Usan “microburbujas” para llevar la quimioterapia al cerebro

Uno de los grandes problemas para llevar medicación directamente al cerebro está a punto de ser solucionado.

Ese “problema” se llama barrera o membrana hematoencefálica, una suerte de muralla biológica que impide que sustancias demasiado grandes logren llegar a nuestro órgano pensante, incluidos muchos de los fármacos que usamos actualmente (como la quimioterapia). Esto es bueno y malo a la vez, pues protege a nuestro cerebro de toxinas cerebrales, pero impide que podamos tratarlo de algunas enfermedades.

Ahora, gracias a un grupo de investigadores franceses, cuyo trabajo se ha publicado en Science Translational Medicine, es posible que el problema con el tratamiento de tumores cerebrales pueda solucionarse gracias a microburbujas de quimioterapia.

Microburbujas de quimioterapia, ¿la solución contra el cáncer cerebral?

Aunque se probó un método similar con el Parkinson, usando “burbujas celulares” para llegar medicación directamente a las neuronas y que no fuesen reconocidas como toxinas por la barrera hematoencefálica, esta vez el método es un poco distinto. No se mandarán microburbujas de quimioterapia directamente al cerebro, sino que dichas microburbujas servirán para abrir temporalmente la barrera y dejar pasar grandes dosis de fármacos.

Si los resultados de la investigación son positivos, los tumores cerebrales no serían el único objetivo de esta nueva forma de tratamiento, ya que las enfermedades neuronales como el Alzheimer, el Parkinson o incluso las secuelas de los ictus podrían recibir tratamiento gracias a este novedoso método.

¿Cómo funcionan las microburbujas de quimioterapia?

El procedimiento de estas microburbujas es un poco complejo. En primer lugar se inyectarían pequeñas burbujas de gas en la sangre envueltas por un revestimiento natural. Tan solo duran 4 minutos pero, a la vez, se aplicaría un ultrasonido directamente en un área específica del cerebro. Esto haría que las burbujas vibrasen, abriendo la barrera hematoencefálica. De momento tan solo se ha probado en 15 voluntarios afectos de un tumor llamado glioblastoma cerebral

Durante los ensayos clínicos se está usando un dispositivo llamado SonoCloud implantado dentro del cráneo de los voluntarios, haciendo la técnica más precisa, junto al uso de un medicamento quimioterápico llamado carboplatino. Con tan solo 2 minutos de uso el dispositivo consigue hacer llegar el medicamento al cerebro.

Según los primeros resultados, tras un máximo de seis tratamientos de este estilo al mes, la resonancia magnética indicaba que la cantidad de quimioterapia era cinco veces mayor en el cerebro que usando los tratamientos habituales. De momento es complicado saber los efectos de este novedoso tratamiento a largo plazo, y evidentemente será necesaria más investigación al respecto durante muchos años, con un mayor número de pacientes, para poder asegurarnos una eficacia y seguridad.


FUENTE: www.omicrono.com/

martes, 14 de junio de 2016

Un revolucionario biomarcador para pacientes con tumores cerebrales

Investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV) y la Fundación Instituto Valenciano de Oncología han obtenido un nuevo biomarcador que permite evaluar la respuesta al tratamiento de forma temprana y no invasiva en pacientes que sufren metástasis cerebrales, según ha informado la institución académica en un comunicado. 

Su utilización en la práctica clínica "ayudaría a mejorar la atención a estos pacientes, evitaría intervenciones que pueden incidir negativamente en su evolución y permitiría plantear terapias alternativas de forma temprana más adecuadas para cada caso". 

El biomarcador está basado en un parámetro que ofrece información "fundamental" para conocer el estado y evolución del tejido cerebral: la difusión del agua y su variación en una metástasis cerebral asociada a la evolución clínica de ésta. 

Según explica David Moratal, investigador del Centro de Biomateriales e Ingeniería Tisular de la UPV, "los cambios en la difusión del agua, que resultan en variaciones espaciales de los valores del coeficiente de difusión aparente en lesiones metastásicas, pueden cuantificarse mediante análisis de imagen por resonancia magnética y ser presentados en forma de mapa de difusión funcional". "Los valores extraídos de la resonancia magnética sobre la difusión del agua pueden correlacionarse directamente con la evolución clínica de la metástasis. De este modo, el biomarcador proporciona una predicción fiable de la respuesta al tratamiento de la lesión cerebral", ha añadido David Moratal. 

Obtención del biomarcador 

Para desarrollar este biomarcador, los investigadores valencianos estudiaron un total de 25 casos de metástasis de 16 pacientes: analizaron la imagen obtenida mediante resonancia magnética (IRM), tanto antes de iniciar el tratamiento por radioterapia como después del tratamiento, estudiando la variación de la difusión del agua en el área de la metástasis. "De las 25 lesiones analizadas, en siete de ellas había una parte de la lesión cerebral que progresaba de forma adecuada; en ocho se estabilizaba la enfermedad; y en diez se agravaba. 

Este corpus constituye la base para saber cómo actuar ante nuevos pacientes, disponiendo de un biomarcador de imagen que nos permite identificar la respuesta de la lesión al tratamiento sometido y pudiendo corregir éste durante su aplicación", ha descrito. Este hecho "permitiría aumentar el éxito del mismo y, con ello, la tasa de supervivencia de los pacientes que se han de ver sometidos a sesiones de radioterapia cerebral". Este trabajo fue presentado en la última edición de la Conferencia Anual de la Sociedad de Ingeniería en Medicina y Biología (Engineering in Medicine and Biology Society).

FUENTE: El Mundo

viernes, 10 de junio de 2016

Descubren un mecanismo para revertir la resistencia a antiangiogénicos

El nintedanib -un TKI con resultados hasta ahora superiores a los antiguos sorafenib o sunitinib- acaba de recibir la aprobación para el tratamiento del cáncer de pulmón avanzado por las agencias del medicamento de Estados Unidos (FDA) y Europa (EMEA).
Por eso, con el fin de prolongar el tiempo durante el cual el paciente se beneficia del tratamiento, “es importante definir los mecanismos de resistencia adquirida a los TKI”, explican los autores el trabajo.

El mecanismo de los tumores

El desarrollo de los tumores está soportado por vasos sanguíneos anormales que reducen el oxígeno (hipoxia) en estos tejidos.
Esa falta de oxígeno desencadena un cambio en el metabolismo celular, conocida como efecto Warburg, por el cual las células tumorales consumen hasta 20 veces más cantidad de glucosa que las normales, prescindiendo así de los motores habituales de las células: las mitocondrias.

El tratamiento con TKI impide el metabolismo descontrolado de glucosa en las células tumorales, según las observaciones de Miguel Quintela-Fandino, jefe de la Unidad de Investigación Clínica de Cáncer de Mama del CNIO, y su equipo.
Esto, que debería provocar la muerte por inanición de las células cancerígenas, no siempre tiene el efecto letal deseado.
Muchos tumores resisten, invirtiendo la fuente de energía y volviendo a la respiración mitocondrial.

Pero en este mecanismo adaptativo necesario para la supervivencia del tumor, los investigadores del CNIO han descubierto también una oportunidad para atacar a las células cancerígenas.

Ensayo en ratones

“Cuando una fuente energética (la glucólisis) se limita farmacológicamente, los tumores se vuelven vulnerables a la inhibición de otra (metabolismo mitocondrial)”, señalan los autores.
Los investigadores pusieron a prueba esta hipótesis en ratones con cáncer de mama a los que trataron con el TKI nintedanib.
Con ello, observaron que al añadir un antidiabético a los antiangiogénicos inhibe el crecimiento tumoral hasta en un 92 %.
En los modelos de ratón con cáncer de pulmón, el tratamiento prolongó la supervivencia media de los ratones más de un 40 %.

Lo más interesante de este proyecto es que tiene una aplicación inmediata, precisa la nota del CNIO.


FUENTE: EFE

lunes, 6 de junio de 2016

Doble trasplante de células madre evita que progrese neuroblastoma infantil

Un doble trasplante de células madre del paciente, junto a quimioterapia, logra que sigan con vida y libre de enfermedad, tres años después de tratamiento, la mayoría de los niños con neuroblastoma, un cáncer cerebral infantil de alto riesgo.

Este es el resultado de un estudio del Consorcio de Oncología Infantil de Estados Unidos seleccionado para su presentación hoy en la sesión plenaria del congreso de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO, por sus siglas en inglés), que se celebra en Chicago hasta el 7 de junio con más de 35.000 especialistas en cáncer.

Además del estudio del neuroblastoma, otros tres trabajos sobre avances en mieloma, glioblastoma y cáncer de mama han sido seleccionados para su presentación en la sesión plenaria entre más de 5.000 registrados en esta 52 edición.

Aunque el neuroblastoma es un cáncer poco común en general, con sólo 700 nuevos diagnósticos por año en Estados Unidos, es el segundo tumor sólido más común en los niños y aparece con más frecuencia en menores de seis años.

Menos de 50% de los niños con neuroblastoma de alto riesgo sobrevive cinco o más años después del diagnóstico.

El estudio en fase III presentado hoy en rueda de prensa previa a la sesión plenaria refleja que, a los tres años de tratamiento, el 61,4% de los pacientes que recibieron un trasplante doble estaban vivos y libres de cáncer, en comparación con el 48,4% de los que recibieron un trasplante simple.

El 88% de los niños, con una media de tres años, tenían enfermedad en estadio cuatro, avanzado, y el 38,2% tienen una anormalidad genética de alto riesgo de tumores denominada amplificación de MYCN.

Los efectos secundarios fueron similares entre el trasplante simple y doble. "Aún así, este es un enfoque más agresivo y tendrá que ser seguido de cerca para observar los efectos secundarios a largo plazo en estos niños", explicó Stephen P. Hunger, especialista en cánceres pediátricos.

Otro de los trabajos de la sesión plenaria se refiere a resultados iniciales de un estudio de fase III que mostró que el fármaco de inmunoterapia daratumumab (combinado con un inhibidor y quimioterapia) redujo el riesgo de progresión de cáncer en un 70% en mieloma múltiple refractario.

Daratumumab, el primer anticuerpo monoclonal aprobado para el mieloma múltiple, se dirige a una proteína en la superficie de las células cancerosas llamado CD-38.

El mieloma es un cáncer de las células plasmáticas, las que producen anticuerpos para combatir las infecciones. Es poco común y 114.250 personas fueron diagnosticadas en todo el mundo en 2012.

Respecto al glioblastoma, se trata de un tratamiento con quimiorradiación (dosis de temozolomida durante la radiación de corta duración) que redujo en un 33% el riesgo de muerte en los ancianos con este cáncer.

El glioblastoma es el tumor cerebral primario más común en los adultos y se encuentra entre las cinco primeras causas de muerte por cáncer. La edad media de diagnóstico es de 64 años.

El último de los trabajos destacados en ASCO se refiere a un ensayo clínico que refleja que la ampliación del tratamiento con letrozol de cinco a diez años para mujeres postmenopáusicas con cáncer de mama hormonodependiente temprano reduce un 34% el riesgo de recaída.

FUENTE: La Vanguardia

Un virus podría ayudar a los pacientes con tumores cerebrales

Los recientes resultados de un ensayo clínico llenan de esperanza a la comunidad médica y a los pacientes de cáncer cerebral.

Según publicó la revista Science Transitional Medicine, la primera prueba en humanos a la que se sometió el tratamiento conocido como Toca 511 and Toca FC tuvo éxito y no sólo mejoró el estado de salud de los pacientes con tumores cerebrales, sino que además alargó su expectativa de vida.

El tratamiento que sería una alternativa a la quimioterapia funciona en dos partes. La primera (Toca FC) es un profármaco (un medicamento poco activo) y la segunda (Toca 511) es un virus modificado que infecta el tumor y libera una enzima que activa la primera droga y mata directamente las células del tumor, explica la revista.

El ensayo clínico evaluó cómo funcionaba el tratamiento en 45 pacientes con este tipo de tumores. "El tratamiento fue bien tolerado y mejoró la tasa de supervivencia", señala la publicación. "Además, los autores identificaron un gen que está correlacionado con una mejor respuesta al tratamiento, lo que podría ayudar a identificar a los pacientes que se pueden beneficiar más de esta alternativa".

Se trata de un tratamiento novedoso pues no daña las demás células. Además, según pudieron comprobar los científicos, el tiempo que sobrevivieron los pacientes estudiados, quienes ya estaba en las etapas avanzadas del cáncer, fue de 13,6 meses, casi el 50% más del tiempo que tienen tras los tratamientos usuales.

Aún faltan dos partes del ensayo clínico para que el tratamiento pueda ser aprobado para el público.

FUENTE: CNN Español

miércoles, 1 de junio de 2016

Un paso más hacia una vacuna universal contra el cáncer

El cáncer no es una invasión de cuerpos extraños como las bacterias o los virus. Esta enfermedad es una especie de reverso tenebroso de nosotros mismos, nuestras propias células enloquecidas, que la convierte en un enemigo muy difícil de combatir. Durante décadas, la opción farmacológica más frecuente contra la enfermedad ha consistido en envenenar a todas las células del cuerpo con la esperanza de que las cancerosas sufran más que las sanas (la quimioterapia). En los últimos años, sin embargo, han aparecido nuevas opciones más efectivas y menos tóxicas.

Uno de estos métodos, cada vez más generalizado y menos experimental, consiste en ayudar al sistema inmune a identificar las células cancerosas para que las destruya. La más común de estas inmunoterapias consiste en desmontar las estratagemas moleculares que utiliza el cáncer para confundirse entre las células normales. De esa manera, los glóbulos blancos son capaces de detectarlas y atacarlas.

Durante muchos años, los científicos han tratado de emplear contra el cáncer el sistema de inmunoterapia más efectivo que conocemos: las vacunas. Estas sustancias introducen en el cuerpo algo que se asemeja al microbio que se quiere combatir. El sistema inmune se prepara así para reconocer a una amenaza contra la que en principio no estaba preparado. Sin embargo, las células tumorales se parecen demasiado a las sanas y los antígenos que suelen servir al sistema inmune para detectar los objetivos que se deben aniquilar se expresan en ambas de forma similar.

Esta semana, en un artículo que se publica en la revista Nature, un equipo de investigadores de la Universidad de Maguncia (Alemania) explica cómo han logrado desarrollar un sistema que podría ser un primer paso para crear una vacuna universal contra el cáncer. Los autores trataron de alcanzar las células dendríticas del sistema inmune, capaces de provocar una respuesta contra los tumores, y para lograrlo, empaquetaron ARN (las moléculas que le permiten al ADN producir proteínas) con lípidos y se lo inyectaron a ratones. El envoltorio de lípidos conservó el ARN, que normalmente habría sido descompuesto por el organismo, y le permitió llegar a las células dendríticas y los macrófagos (un tipo de glóbulos blancos) presentes en el bazo, los nódulos linfáticos o la médula ósea. Allí, el ARN se convirtió en un antígeno específico para el cáncer, dando la señal necesaria para desatar una respuesta inmune dirigida y potente contra la enfermedad.

Los investigadores probaron el sistema en varios modelos de tumores en ratones observando una intensa reacción de los glóbulos blancos ante el antígeno inyectado en los animales. Además, en un pequeño ensayo con tres enfermos de melanoma también observaron que el mecanismo tenía los efectos esperados y se producía una respuesta del sistema inmune. En opinión de los autores, el hecho de que casi cualquier antígeno se pueda codificar en ARN, este tipo de vacunas podría adaptarse a cualquier tipo de cáncer para provocar un efecto inmunitario contra el cáncer similar.

"El reto técnico es que cada tumor es diferente y tiene otros rasgos característicos, por lo que no puedes utilizar una vacuna idéntica para cada paciente", apunta Ugur Sahin, director de TRON, una organización de investigación biofarmacéutica de la Universidad de Maguncia dedicada a buscar nuevos fármacos contra el cáncer. Sin embargo, añade, "el enfoque de la vacuna es como un sobre en el que puedes introducir cualquier información vacunal". Y explica: "El sobre transporta esta información a las células dendríticas que extraen la información y la utilizan para entrenar a otras células inmunitarias. Eso significa que podemos personalizar e incluso individualizar la vacuna utilizando este concepto universal".

Marisol Soengas, jefa del Grupo de Melanoma del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), considera que, aunque la idea de partida no es nueva, el grupo de la Universidad de Maguncia “ha logrado su objetivo de una forma muy sencilla”, un concepto que “resulta interesante”. Sobre la universalidad de un tratamiento como este para atacar a los tumores, aunque considera que es posible, no cree que “los datos que tienen sean suficientes” para poder afirmar que se va a conseguir una vacuna universal contra el cáncer.

Los autores del trabajo que publica Nature están probando ahora su técnica con más pacientes y quieren ampliar el uso de su vacuna a otros tipos de cáncer. Según explica Sahin, están "preparando ensayos clínicos en melanoma, cáncer de mama triple negativo [los de peor pronóstico] y cáncer de cabeza y cuello en 2016, y en 2017 queremos realizar ensayos clínicos de mayor tamaño para varios tipos de cáncer".


FUENTE: El País

miércoles, 11 de mayo de 2016

Una terapia experimental detiene los tumores cerebrales resistentes al tratamiento

Un equipo de investigadores del Centro Médico del Hospital Infantl de Cincinnati, en Estados Unidos, informa este lunes en la revista 'Cancer Cell' sobre una terapia experimental que en pruebas de laboratorio sobre células humanas y modelos de ratón detiene agresivos cánceres cerebrales mortales llamados glioblastomas resistentes al tratamiento y gliomas de alto grado.

  Al probar una estrategia terapéutica de varios pasos, los científicos han encontrado una manera de utilizar una terapia génica para apagar un gen implicado en la formación de gliomas de alto grado llamado Olig2. La proteína codificada por Olig2 se expresa en la mayoría de los gliomas y la extracción del gen Olig2 detiene el crecimiento del tumor, mientras la elimina de las células productoras de Olig2 bloquea la formación de tumores.

  "Encontramos que la eliminación de la división de las células que expresan Olig2 bloquea el inicio y la progresión del glioma en modelos animales y muestran que Olig2 es el árbitro molecular de la adaptabilidad genética que hace de los gliomas de alto grado agresivos y resistentes al tratamiento", explica el doctor Qing Richard, investigador principal y director científico del Centro de Tumores Cerebrales en el Hospital Infantil de Cincinnati.

  "Al encontrar una manera de inhibir Olig2 en las células que forman tumores, hemos sido capaces de cambiar la formación de las células tumorales y sensibilizarlas al tratamiento molecular. Esto sugiere una prueba de principio para la terapia estratificada en distintos subtipos de gliomas malignos", añade.

  El estudio actual se puede aplicar a los gliomas cerebrales de alto grado y un tumor fatal del tronco cerebral llamado DIPG (glioma pontino intrínseco difuso), que expresa Olig2 y es inoperable debido a su ubicación en una región del cerebro que controla las funciones vitales. Incluso si estos tipos de cáncer responden inicialmente a un tratamiento específico, se adaptan mediante la búsqueda de soluciones genéticas/moleculares, evaden el tratamiento y continúan creciendo.

  Los investigadores advierten que el enfoque terapéutico experimental que describen requiere una amplia investigación adicional y sigue estando lejos de posibles pruebas clínicas, pero el doctor Lu dice que los datos son un avance importante en la investigación. El estudio actual ha detectado una potencial grieta en la armadura molecular de estos tipos de cáncer que --incluso después de una ronda inicial de un tratamiento exitoso-- casi siempre provocan recaída y matan a los pacientes que los reciben.

  Los cánceres se forman a partir de precursores de células de soporte del cerebro llamadas oligodendrocitos, que ayudan a generar el aislamiento de las conexiones neuronales. Olig2 aparece en las primeras etapas de desarrollo de las células del cerebro. A través de un extenso análisis de células cancerosas del cerebro humano y modelos de ratones, los científicos observaron la expresión Olig2 en la etapa inicial de la división y la reproducción de las células en los tumores.

  Olig2 contribuye a la transformación de las células precursoras normales en células malignas anormales que se dividen incontrolablemente. En el contexto de la formación de células de cáncer, los autores vieron procesos moleculares de accionamiento de Olig2 que permiten que la formación de células de glioma sea altamente adaptable y susceptible a los efectos promotores de tumor de cambios genéticos adicionales.

  Luego, los investigadores decidieron eliminar la división celular de células OLIG2-positivas durante la formación de tumores. Para utilizar un enfoque que se traduzca más rápido del laboratorio a la clínica, probaron con éxito una terapia génica que utiliza un virus del herpes simple (vector viral) diseñado para entregar un gen suicida en la replicación de las células cancerosas OLIG2 positivas. Lo administraron junto a un fármaco anti-herpes ya en uso clínico, ganciclovir (GCV). Los tumores en los que se eliminó OLIG2 no fueron capaces de crecer.

  Los investigadores también encontraron que después de la inhibición de Olig2, la formación de células cancerosas del cerebro cambió de dirección y composición molecular, desde células similares a los precursores de oligodendrocitos a asumir características de las células del cerebro similares a astrocitos. Continuaron formando tumores a pesar de que estas nuevas células de cáncer de cerebro como astrocitos producen el gen del receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR) a altos niveles.

  El EGFR es un objetivo común y eficaz para los medicamentos de quimioterapia usados clínicamente para el tratamiento de tumores como el cáncer de mama. En repetidas pruebas en modelos de ratón, la inhibición de Olig2 impulsó las células formadoras de glioma a transformarse en células de similares a astrocitos que expresan EGFR.

  Luego, en pruebas posteriores y repetidas en células de cáncer como astrocitos en modelo de ratón y humanas transformadas, los investigadores trataron las células con un fármaco de quimioterapia dirigido a EGFR llamado gefitinib. El tratamiento detuvo el crecimiento de nuevas células tumorales y la expansión tumoral.

  Según Lu, con pruebas adicionales, la verificación y el refinamiento de la terapia experimental podría ser especialmente útil en la prevención de la recurrencia de cáncer cerebral en pacientes que han sido sometidos a una ronda inicial de un tratamiento exitoso. Añade que el nuevo enfoque de tratamiento es probable que se emplee en combinación con otras terapias existentes, como la radiación, la cirugía, otras quimioterapias y tratamientos moleculares específicos.


FUENTE: canarias7.es

miércoles, 4 de mayo de 2016

Desarrollado un tejido de nanofibras para tratar las zonas operadas de cáncer

Investigadores del Hospital Sant Joan de Déu y de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), a través de la spin-off Cebiotex, han desarrollado un tejido de nanofibras biodegradable (reabsorbible por el organismo) para hacer tratamientos locales del cáncer.

El tejido, que se puede impregnar con fármacos antitumorales, sirve para que los cirujanos puedan recubrir, durante la intervención dirigida a extirpar el tumor, la zona operada para eliminar los restos tumorales que puedan haber quedado.

El producto ya está patentado por el Hospital Sant Joan de Déu y la UPC, y licenciado en Cebiotex, que tiene su sede en el Parque Científico de Barcelona (PCB).

Según ha explicado la UPC en un comunicado, este sistema de administración local del tratamiento antitumoral resulta menos tóxico y más efectivo que el habitual tratamiento de consolidación después de la cirugía, la radioterapia.

El objetivo final sería poder evitar los tratamientos de radioterapia y los efectos secundarios que conlleva.

El tratamiento consiste en la colocación de la membrana en el lecho quirúrgico después de la extracción del tumor, para que actúe directamente en la zona afectada y con altas concentraciones de fármaco.

Los investigadores han probado la eficacia de este nuevo sistema de administración del tratamiento antitumoral en animales y han iniciado los trámites para obtener la autorización de la Agencia Europa del Medicamento (EMA), y así poder iniciar las fases pre-clínica y clínica de su primer fármaco orientado al tratamiento de los Sarcomas de Tejidos Blandos (STS).

Para desarrollar el proyecto, en 2012 se constituyó Cebiotex, una empresa de base tecnológica surgida del InnotexCenter/INTEXTER de la UPC, participada por 58 inversores privados y el Hospital Sant Joan de Déu.

Uno de los cofundadores es Joan Bertran, un ingeniero textil que vivió muy de cerca la muerte de la hija de un amigo y propuso a los investigadores de la UPC y de Sant Joan de Déu trabajar en la creación de biomateriales que dieran una solución médica a los tumores.

El primer producto ha sido diseñado para tratar los sarcomas de tejidos blandos, pero en el futuro se desarrollarán nuevos biomateriales para tratar otros tumores infantiles y de adultos.

En los adultos se desarrollarán productos para el cáncer de colon, de mama, de ovario, de páncreas, y glioblastoma (tumor cerebral), y en niños las dianas serán cánceres como el neuroblastoma, glioblastoma, rabdomiosarcoma, osteosarcoma o el sarcoma de Ewing.

El cáncer es la enfermedad que causa más muertes infantiles en toda Europa: anualmente, mueren 300 menores de 14 años en España, y 3.000 en Europa.

Se estima que en todo el mundo se diagnostican 250.000 nuevos casos al año, 90.000 de los cuales no sobreviven.

Sin embargo, en los últimos 20 años, la Agencia de Alimentos y Medicamentos estadounidense sólo ha aprobado tres nuevos fármacos antitumorales para uso pediátrico, ya que por su baja frecuencia (en comparación con el cáncer en adultos) no suele recibir mucha atención por parte de la industria farmacéutica ni los fondos de inversión que aceleran el desarrollo de nuevos fármacos.

El pasado 15 de abril Cebiotex S.L. lanzó la segunda ronda de financiación puente de 300.000 euros orientada a inversores privados que quieran adquirir participaciones en la empresa, a través de la plataforma europea de crowdfunding en biotecnología CapitalCell (http://www.capitalcell.net/), que recientemente ha sido acreditada por la Generalitat como entidad de financiación alternativa.


FUENTE: El Periódico de Aragón

martes, 26 de abril de 2016

Identificada una nueva diana terapéutica para el tumor cerebral más común

El glioblastoma multiforme es uno de los tumores más prevalentes y mortales
del cerebro. De hecho, se trata de un tipo de cáncer que, resistente a la
quimioterapia y la radioterapia, resulta muy difícil de extirpar quirúrgicamente,
por lo que la supervivencia media de los pacientes que lo desarrollan no
supera, aun a día de hoy, los 15 meses. De ahí la importancia de un nuevo
estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Ottawa (Canadá), en
el que por primera vez se identifica una proteína –denominada ‘receptor de
oncostatina M’ (OSMR)– totalmente necesaria para la formación del tumor. Tal
es así que, como también muestra el estudio, el bloqueo de esta proteína
imposibilita el desarrollo del glioblastoma, lo que abre la puerta al desarrollo de
nuevos tratamientos farmacológicos específicamente dirigidos contra este tipo
de cáncer.
Como explica Arezu Jahani­Asl, directora de esta investigación publicada en
la revista «Nature Neurosciences», «resulta descorazonador que la mayoría
de los pacientes que desarrollan este tumor sobrevivan solo 16 meses. Y es
que aún en la actualidad no existe ningún tratamiento eficaz para este
tipo de cáncer, siendo esta la razón que nos empujó a investigar esta
enfermedad».
Por lo general, las células tumorales de cualquier tipo de cáncer tienen la
capacidad de formar por sí solas un nuevo tumor. Pero esto no sucede así en
el caso del glioblastoma multiforme, en el que solo un limitado tipo de células
madre tienen esta capacidad cancerígena. El problema es que el tumor, dada
su localización, es muy difícil de extirpar completamente. Y con que solo se
deje una de estas células madre con capacidad proliferativa, el tumor volverá
a desarrollarse.
La buena noticia es que, como muestran los resultados del estudio, el bloqueo
de la actividad de la proteína OSMR previene la formación del tumor. O así se
ha visto, cuando menos, en modelos animales –ratones– en los que promovió
el desarrollo de un glioblastoma multiforme a través de la implantación de
células madre tumorales humanas.
Como destaca Michael Rudnicki, co­autor del estudio, «el que fuéramos
capaces de detener por completo la formación del tumor fue un resultado tan
espectacular como sorprendente. Así, los resultados demuestran que esta
proteína es una pieza clave en este puzle, por lo que se presenta como una
posible diana terapéutica para futuros tratamientos».
Es más; la proteína OSMR no solo posibilita la formación del tumor. También hace que el glioblastoma resulte, si cabe más mortal. Y es como se comprobó a partir del análisis de las muestras tumorales de 339 adultos con glioblastoma
multiforme, cuanto mayor es la expresión del OSMR, más prematura es la muerte del paciente.
Un hecho que se observó asimismo en los modelos animales: aquellos a los que se les implantaron células madre tumorales humanas con una baja
expresión del OSMR vivieron hasta un 30% más que aquellos en los que las
células tenían una expresión normal de la proteína.
Más allá del glioblastoma

Distintas investigaciones previas han mostrado que la mutación del factor de
crecimiento epidérmico (EGFR) conocida como ‘EGFRvIII’ promueve la
formación del glioblastoma multiforme. Sin embargo, los estudios llevados a
cabo para desarrollar un fármaco eficaz frente a esta mutación han resultado
totalmente infructuosos. Y ahora, el nuevo estudio ha demostrado que el
efecto cancerígeno del EGFRvIII solo se lleva a cabo una vez se ha unido a la
proteína OSMR. Un hecho que, como resaltan los autores, «podría facilitar el
desarrollo de tratamientos efectivos no solo frente a los glioblastomas, sino
también para otros tipos de cáncer en los que la expresión del EGFR se
encuentra amplificada, caso de los cánceres de mama, de pulmón y de
cérvix».
Como concluye Azad Bonni, co­autor del estudio, «nuestros resultados
plantean una perspectiva emocionante sobre nuevas dianas potenciales para
una enfermedad letal. El próximo paso será encontrar anticuerpos o pequeñas
moléculas que puedan desactivar la proteína OSMR o detener su interacción
con el EGFR. Pero aún habrá que esperar varios años para que un
tratamiento dirigido frente a esta proteína sea una realidad».

FUENTE: ABC